PROPUESTA AGRARIA Y PROYECTO DE NACION

Recuperar nuestra tierra para un proyecto de liberación

La continuidad del modelo neoliberal traerá mayor dependencia, pobreza, concentración, extranjerización y degradación de la tierra. El presente trabajo aborda algunas cuestiones referentes a la propiedad, uso y tenencia de la tierra. Especialmente, las implicancias del reciente Congreso Argentino y Latinoamericano convocado por la FA., nuestra propuesta, luchas e iniciativas en marcha.

En los marcos del modelo de entrega y sometimiento del modelo neoliberal vigente, que lleva adelante una política agraria a favor del gran capital, que está concentrando, extranjerizando, degradando la tierra y expulsando productores, trabajadores y pobladores del interior y del campo; la F.A.A. una organización agraria nacida de la lucha en la defensa de los chacareros contra la explotación de los terratenientes, se ha pronunciado de manera contundente en defensa de los productores familiares y el patrimonio nacional, contra el neoliberalismo y por un proyecto de país mejor.
Pero dicho pronunciamiento no solo fue a través de sus reclamos, declaraciones y proyectos; sino como lo hicieron los fundadores de la propia F.A.A. en 1912 cuando realizaron el Grito de Alcorta, convocando al debate, pronunciamiento y movilización a los auténticos productores y sectores populares. Convocando a quienes deberán ser protagonistas si se quiere enfrentar en serio a los depredadores y saqueadores, para derrotarlos y construir un país distinto.
El Congreso, además de convocar a diversos sectores populares, estuvo precedido de foros regionales donde éstos también participaron, y cuyas resoluciones aportaron a las definiciones del Congreso.
El Congreso trabajó en comisiones temáticas que a su vez se dividieron en talleres, todo lo cual permitió una gran participación y enriquecimiento del debate. Allí, se escucharon denuncias y propuestas concretas, hechas por quienes sufren, donde viven y trabajan, las consecuencias del neoliberalismo.
Se realizó a través de este evento un verdadero aporte a la cultura democrática nacional, lo que debe ser debidamente valorado en un país donde se gobierna por decreto y se pretende perpetuar un parlamento de adorno, donde organizaciones políticas, sindicales y sociales funcionales al modelo niegan a sus bases la posibilidad de expresarse en forma soberana a través de asambleas y congresos, y todo lo resuelven por medio de sus referentes, gurúes, escribas o por vía de los grandes medios de comunicación masiva.
El Congreso fue nacional y federal, con delegados de las más diversas provincias y regiones del país, que llegaron hasta la Capital, aquí donde se concentran las redes centrales de los grandes grupos económicos, y donde se adoptan las principales medidas y resoluciones del gobierno. Aquí, vinieron a hacerse escuchar más de 2.500 delegados de las más apartadas regiones, mostrando claramente que el país no termina en la Región Pampeana.
Fue latinoamericano porque convocó a diferentes organizaciones agrarias de países hermanos como Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú, Colombia, Bolivia, México y Chile, porque se pronunció en defensa de la tierra para todos los productores de América Latina; porque lo hizo contra el Alca y por la búsqueda de caminos de integración latinoamericana.


Los pueblos originarios
Fue un Congreso de nuestra América, porque aportó a la lucha de los pueblos originarios, no sólo porque recogió en sus resoluciones los problemas que los aquejan, sino porque tuvieron el lugar que les corresponde, y porque el análisis arrancó de donde debía hacerlo: del momento en que estas tierras fueron usurpadas por los conquistadores, por los colonialistas.
Por ello, no sólo se denuncia a los actuales depredadores de la tierra y se defiende a los actuales productores, sino también porque se reivindica a los pueblos originarios y a su larga lucha.
Fue emocionante, y resonaron con fuerza sus palabras, a través de una mujer aborigen, cuando pidió al Congreso ponerse de pie, como un gesto, para mostrar que luego de más de 500 años de lucha contra los depredadores de ayer, hoy seguimos en pie en la lucha por la tierra, tierra de la que no se consideran propietarios con derecho a explotarla y degradarla, sino, como allí dijeron: “los pueblos originarios somos hijos de la tierra que, para nosotros es sagrada, por eso afirmamos que no somos dueños de la tierra, sino para convivir con ella, que no la queremos para explotarla, sino para convivir con ella, para trabajar cuidando la naturaleza con un desarrollo equilibrado para el bienestar común de la humanidad, bajo el principio de trabajo, producción y equidad”.
Estas fueron las palabras de quienes en muchos libros fueron descriptos y tratados como indios salvajes e ignorantes, frente a ella, están las de los “civilizadores” modernos del capitalismo globalizado, de las grandes empresas transnacionales, para quienes la tierra no es madre ni recurso natural para el bien común, sino mercancía que se compra y vende y, esencialmente, debe dar renta y ganancia, aun a costa de envenenarla, explotando irracionalmente para destruirla. Pero tampoco la gente, para estos “civilizadores”, son seres humanos, sino “recursos humanos”, costos laborales que deben bajar para que ellos puedan obtener más ganancias.
El Congreso fue, fundamentalmente, un aporte al inicio del gran debate sobre el tema de la tierra, como base de un proyecto de país distinto; pues como señalara el presidente de la F.A.A. Eduardo Buzzi: “hemos tocado fondo y ahora es el momento de romper con lo peor que nos toca vivir en el campo argentino. Hace 40 años que se dejó de discutir sobre la tierra, su uso y tenencia, hay que retomar el camino, democratizarla como una de las acciones pendientes para terminar con la inmoralidad de que en este país haya hambre”.
Luego, agregó: “no hay que pagar la deuda externa y el superávit debe destinarse a recuperar el mercado interno, mediante políticas que promuevan la equidad distributiva”.
Puso énfasis en señalar que, la actual etapa institucional “constituye una oportunidad”, diciendo que : “o se gira hacia un nuevo proyecto nacional o se consolida un esquema neoliberal excluyente”. Al cierre planteó la necesidad de organizar una fuerza que sea capaz de avanzar para hacer realidad los objetivos planteados, articulando diversos sectores populares”.
Las palabras de Buzzi están sobradamente fundamentadas en los datos y denuncias realizadas en los foros, el Congreso y otros ámbitos. Por ejemplo, los datos censales que muestran el proceso de concentración de la tierra a partir de mediados de los 70.
Si comparamos los censos 1.988 con el de 2002, surge que con 317.816 explotaciones censadas en el último de los casos, con una superficie de 131.331.163 has y con 3.871.038 habitantes en el medio rural, hay algo más de 100 mil establecimientos menos que en 1988 y 650 pueblos en extinción.
Al tiempo que creció la producción de manera excepcional y la exportaciones de productos agropecuarios sin transformaciones, fundamentalmente las oleaginosas que pasaron de 15.700.000 tn a 25.060.000 tn, se dejaron de sembrar 483.636 de cultivos industriales (algodón, azúcar, tabaco, etc) y 3.543.172 has de otros cultivos alternativos y en el país que tiene una producción de 5 Kg. de alimentos por día y habitante, el 50% quedó por debajo del nivel de pobreza y mueren niños por hambre y desnutrición. Mientras, la distribución del ingreso se hace cada vez más regresiva, así en 1998 el 10% más rico de la población concentraba el 34% del ingreso y el 30% más pobre accedía solo al 8% del mismo, en 2003 el 20% de la población más rica se llevó el 53% del ingreso nacional, y el 20% de la más pobre sólo participó del 4,2%. A su vez, en la agricultura familiar, un agricultor para obtener el mismo ingreso que en 1983 con 38 ha diez años después necesitaba 344 has.
Mientras los grandes inversores extranjeros tenían enormes ganancias y seguían comprando tierras, Cresud 500 mil has y 200 mil vacunos, Nottis Impianti 418.000 has en La Rioja con un pueblo adentro, la australiana Liag 68.000 has en Salta y Formosa, el grupo italiano Radicci 40.000 has en San Luis, el conde alemán Zichy Thyssen 80.000 ha en la misma provincia, el grupo Benetton 1.000.000 de ha en la Patagonia, equivalente a 40 veces la superficie de la Capital Federal, grupo que en 2004, en un lugar de la Patagonia donde tiene 183.000 has, expulsó a una familia mapuche que ocupaba 300 has en Telequé, lugar que sus ancestros ya habitaban; los mapuches fueron acusados de usurpación, daños y perjuicios. En conclusión, millones de hectáreas de las mejores tierras se encuentran en manos de capitales extranjeros y esto va en aumento, ya que se dan todas las garantías a los grandes inversores extranjeros; el mercado de tierras en Argentina es altamente favorable para quienes se manejan con dólares o euros.
Por ejemplo, el precio promedio de la hectárea para siembra en EE.UU. es de u$s 7.500, en España u$s 15.000, Nueva Zelanda u$s 19.000, Alemania u$s 23.750 y, en Argentina, antes de la devaluación de 2002, era de u$s 2.500.
Pero la concentración no sólo se da en manos de capitales extranjeros, sino también locales. Por ejemplo, Amalia de Fortabat tiene 220.000 has, así se da que, de los más de 170 millones de ha agropecuarias que hay en todo el país, 74,3 millones están en poder de tan sólo 4000 dueños. Son las propiedades que van de 500 has hacia arriba.
De 297.425 explotaciones agropecuarias en todo el país, 246.947 tienen menos de 500 has, 60 mil son minifundios, los que están por encima de las 500 has son 50.478 y poseen 151.596.357 has pero, además, dos mil grandes empresas controlan 20 millones de hectáreas, o sea, el 80% de la producción. Según el CNA-2002, hay 25 millones de hectáreas bajo contrato accidental, arrendamiento o aparcería, quiere decir que el 77% de la tierra cultivable en la zona núcleo pampeana está alquilada, produce una renta que se deriva del ciclo productivo.
Según algunas estimaciones, la renta agraria en la región Pampeana anda en los 8-9000 millones de pesos anuales En cuanto a la exportación en 2002, apenas tres empresas manejaron casi la mitad de los embarques de granos, aceite y harina.
Cargill (EE.UU.) 21% de la exportaciones totales.
Bunge 13%
Dreyfuss 11%

Pronunciamientos y definiciones del congreso
En conclusión, a través de reuniones previas, foros y el propio congreso, con la participación de cerca de tres mil personas de diversas organizaciones, se pronunciaron y definieron en líneas generales.
Por:
- El principio de función social de la tierra.
- Democratización del uso y propiedad de la tierra. Por la realización de censos de productores sin tierras y de tierras fiscales y privadas que no cumplen con la debida función social.
- Su utilización racional.
- La diversidad productiva.
- El cuidado de la ecología y el medio ambiente. Promoción de modelos agro-ecológicos.
- El derecho de los pueblos originarios.
- La defensa de las economías regionales.
- El desarrollo cooperativo.
- La Reforma Agraria.
- Una agricultura con agricultores.
- Por un millón de chacras en el país.
- Por la titularización de ocupantes precarios.
- Por tierra para juventud.
- Por la regulación de arrendamientos, con topes de superficie, rotación obligatoria y tiempos más largos.
-Por una verdadera integración de los pueblos latinoamericanos.
Contra:
-La concentración y extranjerización de la tierra, los inversores oportunistas y los artilugios legales para vender tierras a extranjeros atropellando la posesión veinteañal y ancestral de los nativos.
-Los esquemas especulativos, el monocultivo y la deforestación irracional.
-La explotación rentística.
-Contra el Alca, el pago de la deuda externa y por la utilización del superávit fiscal para ampliar el mercado interno.
-Contra la judicialización de la protesta social y por el pleno respeto a los derechos humanos.

Tierra y proyecto de país
El congreso dejó establecidas bases para el debate, la movilización y articulación. Bases que si son tomadas por los distintos sectores populares pueden dar lugar a la creación de un gran movimiento nacional por la tierra, que sea parte de un movimiento político social y cultural que actúe para la construcción de un proyecto de liberación nacional y social en el país, basado en el poder popular.
Está claro que no se puede llevar adelante un proyecto con nuestra tierra en manos de los saqueadores y depredadores nacionales y extranjeros, no sólo por lo que hacen con nuestros recursos naturales, sino por el proyecto de país que encarnan, protagonizan y defienden.
Defensores del modelo neoliberal, inmediatamente después del congreso y posteriormente ante la presentación del proyecto de ley de F.A.A. sobre “restricciones y límites a la adquisición de inmuebles rurales” por parte de capitales extranjeros, salieron a rechazar los pronunciamientos y resoluciones del Congreso y el proyecto de Ley, con argumentos y acusaciones de todo tipo, entre otras de xenofobia.
El Sr. Ricardo Grether, en Confederaciones Rurales Argentinas, por ejemplo, señaló que a su juicio la aplicación de esta ley indicaría un “rechazo a nuestros ancestros, ya que casi todos los argentinos descendemos de extranjeros que han comprado tierras”, dijo, pretendiendo desconocer que tanto el Congreso sobre uso, tenencia, como las ideas de FAA que promovieron el proyecto de Ley, parten de la defensa de los productores familiares existentes, de la denuncia de los 103.000 productores desaparecidos en los últimos años, de la amenaza que pende sobre miles de productores nativos y extranjeros con el avance de las E.T.N. los fondos de inversión, frente a lo cual se plantea la lucha por la Argentina con un millón de chacras en manos de auténticos productores nativos y extranjeros.
Y que todo esto no sólo no significa rechazo a nuestros ancestros, sino continuidad de la lucha de quienes hicieron el Grito de Alcorta, de quienes reclamaron la tierra para quienes la trabajan.
Por su parte, el Secretario de Agricultura Miguel Campos, haciéndose eco de los pronunciamientos ruralistas, salió a defender la concentración y extranjerización de la tierra en manos de grandes capitales diciendo que: “necesitamos inversiones extranjeras, que somos un país joven hecho sobre la base de inmigrantes”; que: “el uso racional de la tierra no pasa por si el propietario es extranjero o no”. Cabe preguntarle al señor Campos si se trata de inversiones como las de la empresa norteamericana en Catamarca, 116000 has de donde se pretende desalojar a trescientas familias, las de Benetton o tantas otras que siguen el camino de La Forestal que arrasó con todo y dejó pueblos fantasmas.
Por otra parte, cabe recordarle al secretario que, en todo caso los inmigrantes que hicieron el país, como él dice, eran obreros, chacareros laboriosos que tuvieron que luchar juntos contra los terratenientes y monopolios para que no les roben el fruto de su trabajo, poder sobrevivir y permanecer en la tierra, que los que hicieron el país son los que hicieron la Patagonia rebelde y el Grito de Alcorta. Y, finalmente, que es cierto que el uso racional de la tierra no pasa por si el propietario es extranjero o no, pasa por un modelo y sistema que pone en el centro la ganancia para el gran capital, por ello se facilitan los contratos de arriendo por cosecha y el monopolio sin importar la conservación del suelo.

Reclamo social, delincuencia
Por su parte, el presidente de la SRA. Luciano Miguenz, en la inauguración de la exposición rural de Palermo, optó por mezclar el reclamo social con la delincuencia diciendo: “desterremos para siempre la violencia como método, el pasamontañas y la toma de rehenes como recurso, ante la pasividad y complacencia de quienes deben ser nuestros garantes”, agregando: “debe quedar claro que el enemigo es la delincuencia, no la policía”...“el enemigo no es el pasado, sino la incapacidad de construir futuro”.
Sin embargo, debemos recordar que no se puede trabajar por el presente y futuro sin ver de donde venimos, por qué hemos llegado a la situación actual, cuál es la responsabilidad de cada uno, en qué radica la capacidad para construir futuro y en qué la incapacidad.
Hay que comenzar, recordando que la aplicación de las políticas neoliberales que nos llevaron a la actual situación, no son sólo responsabilidad de los gobiernos de los países centrales y organismos multinacionales y las multinacionales, sino que, además, contaron y cuentan con la labor de gobiernos y sectores cómplices o socios menores en los países saqueados y sometidos.
Sólo basta mirar nuestra historia, donde se puede apreciar claramente cómo las metrópolis eligieron y eligen los países, regiones que por sus condiciones se adecuaban o adecuan mejor a la producción de materias primas y o alimentos para un desarrollo industrial.
De allí, la prioridad que se dio históricamente en nuestro país a la región Pampeana, donde podemos observar cómo el campo es crecientemente sometido a las condiciones generales que impone la hegemonía monopólica de nuestro capitalismo dependiente, que afectan el desarrollo agrario integral, sustentable e influyen en una configuración como país dependiente y desarrollo deformado.
De alguna manera, podríamos decir que nos encontramos ante una tercera ola de extranjerización de la tierra en Argentina, vinculada a una mayor concentración de la misma en cuanto a propiedad, uso y tenencia por parte de grandes capitales.

La primera
Fue a través de los colonizadores (colonialistas) que diezmando, exterminando a los pueblos originarios se apoderaron de enormes extensiones de tierra, dando lugar a la conformación de enormes latifundios y un poderoso sector terrateniente que, “asociado” al capital extranjero tuvo enorme gravitación en el devenir histórico argentino como país diferente y en la conformación del capitalismo.
Así, en los comienzos los colonialistas crearon latifundios, luego, desde los latifundios los terratenientes impusieron los gobiernos en complicidad con las metrópolis, generando una economía dependiente penetrada en todos los niveles por el capital monopólico.

La segunda ola
Podríamos decir, que se origina por la necesidad de la metrópolis inglesa de comerciar con el Río de la Plata, porque su desarrollo industrial demandaba materias primas, y la pérdida de mercados europeos por el dominio napoleónico tornaba imprescindible hallar nuevos compradores.
Podríamos decir, entonces, que esta segunda ola de inmigración y extranjerización del uso y tenencia de la tierra, se originó básicamente por las necesidades de las metrópolis de alimentos y por lo tanto de desarrollar la agricultura.
Para lo cual se impulsa la inmigración de trabajadores y chacareros de Europa, imprescindible entonces para desarrollar la agricultura, abastecer la población local y las metrópolis.
Es allí, donde se conjugan nuevamente los intereses de las metrópolis y los terratenientes para impedir la entrega de la tierra en propiedad a los auténticos productores venidos de Europa.
Es claro que se trataba de otro tipo de “extranjerización”, lo cual revela que el capital colonial, comercial y luego industrial, no hizo cuestión de nacionalidad sino de clases, de explotación y obtención de ganancia y privilegios.
Por ello, el capital extranjero no tuvo problemas en asociarse y favorecer a terratenientes nativos en detrimento de productores laboriosos extranjeros. A su vez, los terratenientes nativos, levantando en ocasiones falsos nacionalismos, demostraron que su mentado nacionalismo tenía como objeto fundamental la defensa de sus intereses, que no eran los de la nación, ni lo son hoy. Distinta era y es la situación de los sectores populares que, sintiéndose nacionalistas, abrazan el nacionalismo popular con un claro contenido antiimperialista de defensa de nuestras riquezas y soberanía.
Así, la hegemonía de los terratenientes impedía que millares de inmigrantes laboriosos llegados de Europa se establecieran en forma definitiva en nuestro país para labrar la tierra, ya que sólo una pequeña parte de todos los que llegaron logró con la lucha y el tiempo ser propietarios de la tierra que trabajaban. Muchos regresaron a Europa, otros fueron sometidos a una gran explotación como arrendatarios y aparceros y otras formas que permitieron a los terratenientes, a través de la renta agraria, acumular riquezas, poder y privilegios.
Esto tuvo gran repercusión en la conformación de nuestro país, que hoy podría tener una población mucho mayor, armónicamente distribuida, de haberse impuesto el concepto de propiedad de la tierra en función social, y no como ocurrió, con la imposición y mantenimiento de la propiedad absoluta de los terratenientes sobre una de las mejores tierras del mundo.
Su existencia y poder fueron claves en las expulsiones anteriores y actuales de pequeños productores y productores familiares y en la entrega anterior y actual de nuestro país al capital extranjero, y en la conformación del país dependiente.

La tercera ola
Así, entramos a la tercera ola de extranje-rización, la actual, donde el capital financiero y las empresas transnacionales y otros grupos económicos incluidos los vinculados a grandes negocios, avanzan en el apoderamiento de las tierras en propiedad u arriendo y o controlando su producción, comercialización, a través de la provisión de insumos (agroquímicos, semillas, etc) del almacenamiento, puertos, transporte, exportación, etc, desplazando a campesinos, pequeños productores, productores familiares, trabajadores habitantes del interior, imponiendo nuevas formas de producción y explotación degradantes para los trabajadores, los productores y la tierra.
Por todo ello, planteamos que la continuidad del modelo neoliberal traerá mayor dependencia, pobreza y concentración, extranjerización y degradación de la tierra.
También, decimos que es necesario apostar a un proyecto de liberación, a recuperar nuestra tierra para ese proyecto y eso implica desde las luchas, crear un gran movimiento nacional por la tierra que de cabida a todos los agredidos por el modelo y el sistema, que sea parte importante de un movimiento político social y cultural que asuma el proyecto de liberación.
Lo cual plantea entre otras cuestiones, la necesidad de dar vida y continuidad al Congreso sobre el uso, tenencia de la tierra, a través de los foros regionales creados y los nuevos foros que se puedan crear, y desde allí, con la participación de los sectores populares, transformar los pronunciamientos y resoluciones en iniciativas movilizadoras, jornadas de lucha y hechos concretos.

Con movilización y la lucha dar continuidad al Congreso
En los marcos de la batalla por la recuperación de nuestra tierra deben entrar las luchas por:
- Restitución de las tierras a los pueblos originarios.
- Contra los desalojos, remates y ejecuciones de productores endeudados.
- La entrega de títulos a los ocupantes de hecho.
- La entrega de tierras a la juventud.
- Soluciones y apoyo a los minifundistas para emprendimientos asociativos y cooperativos.
- La regularización de los arriendos.
- Medidas contra la concentración y extranjerización de las tierras (proyectos de ley y las más diversas iniciativas).
- Apoyo a emprendimientos cooperativos de trabajadores y productores familiares.
- Recuperación de tierras para la producción.
- Recuperación de tierras para los sin techo para una vivienda digna.
- Por planes y medidas contra la erosión, contaminación e inundaciones, por el cuidado de la ecología y el medio ambiente.
- Por la reforma agraria integral.

A la vez, recuperar nuestra tierra para un proyecto de liberación significa que cada lucha por la tierra, como, por ejemplo, las que libran actualmente en Chaco donde los campesinos Poriahú han recuperado tierras abandonadas para ponerlas en producción mediante una cooperativa integral, o los mapuches en defensa de sus tierras en Chubut, Río Negro y Neuquén, o los aborígenes en Salta donde el gobierno de Romero entrega importantes reservas al mejor postor para que arrasen con los bosques y produzcan soja, o en Misiones donde los sin tierra ocupan tierras para trabajar o en Santiago del Estero donde los campesinos defienden las tierras en las que viven y trabajan desde hace años, frente a los topadoras de los empresarios favorecidos por el juarismo o las batallas que se libran por la tierra y el arraigo de la juventud en la tierra o por leyes que pongan límites a la concentración y extranjerización de la tierra.
Todas estas y otras iniciativas, que se desarrollan, deben ser rodeadas y apoyadas como parte de una lucha que nos compromete a todos, la lucha contra el neoliberalismo y por la liberación.
La recuperación de nuestra tierra significa, por otra parte, que la lucha en cada lugar no termina con la obtención de una ley, de un título o la ocupación y puesta en producción de algunas tierras o muchas tierras, sino que a través de esos logros se debe ir creando bases de poder popular, articulando fuerzas a nivel zonal, nacional, latinoamericano, para enfrentar al enemigo común y hacer avanzar el proyecto de liberación nacional y social en nuestra América.


NUESTRA PROPUESTA

Recuperar nuestra tierra para un proyecto de liberación nacional y social e integración latinoamericana basado en el poder del pueblo

La continuidad del modelo neoliberal traerá mayor dependencia, pobreza, concentración, extranjerización y degradación de la tierra.
Argentina es parte de un conjunto de países del hemisferio sur, que desde su conformación sufre las consecuencias de la dependencia al capitalismo comercial y colonial, que exterminó poblaciones originarias para apoderarse luego de sus recursos y riquezas naturales; como también de los productos agrícolas y ganaderos.
La historia de las regiones colonizadas es la de la dominación ejercida por los centros metropolitanos, y las diversas etapas del desarrollo de éstos, conlleva consecuentes instancias de dependencia en aquellas.
Así, a nivel mundial, el proceso del capitalismo, tiene por característica que el desarrollo de unos pocos países supone simultáneamente el subdesarrollo de todos los demás, y la expropiación de las regiones marginales representa un aporte sustancial a la acumulación de riqueza de los países capitalistas centrales. Esta característica se puede verificar hoy en el pago de la deuda externa y otros mecanismos de saqueo.
Durante el período del capitalismo industrial, la lógica de acumulación y la necesidad del capital de reproducirse, impuso nuevos cambios en la forma de producir y explotar el trabajo de la agricultura.
Se destacan, entonces, como reglas generales de dominación del capital industrial sobre la agricultura:
- La subordinación de la agricultura a la industria.
- La agricultura pasó a ser organizada por la lógica del lucro, la producción ya no eran alimentos sino mercancías. Se produce para el mercado interno y la exportación, pero sólo lo que brinda ganancias.
El capital impone a la tierra la lógica de la propiedad privada, que con anterioridad era tratada por la antiguas civilizaciones como un bien común, se transforma en mercancía.
Una mercancía especial, pues a pesar de no ser fruto del trabajo humano, el capital impone un precio que representa la promesa de renta o un potencial lucro al privatizar el acceso a la tierra.
La situación se agrava bajo el capitalismo globalizado, al que le interesa la tierra de los pobres, pero no los pobres de la tierra; esto es, le interesan sólo en la medida en que se convierten en trabajadores o mano de obra barata y de reserva; o bien, cuando se adjudican sus tierras a las fincas de sus empresarios, un claro ejemplo de ello es lo que pasa en la Patagonia con la tierra de los Mapuches y Benetton. Este mecanismo opera también cuando se los considera como componentes cuantitativos del mercado interno.
Este proceso de urbanización donde la mayor parte de la población pasó a vivir en ciudades, produjo la más grande migración vivida por la humanidad en tiempos modernos y generó la necesidad de abastecimiento de alimentos, lo que desarrolló su elaboración industrializada, conservación, desarrollo del transporte y estrategias de almacenamiento. Así surgió y creció la agroindustria, el sector servicios, por lo que agricultores dejaron de producir alimentos para producir materias primas destinadas a la agroindustria. En este marco nacieron grandes empresas agrarias modernas con mucho capital y poca ocupación de mano de obra.

El dominio del capital financiero
En las últimas décadas entró en crisis el modelo del capital industrial, apareció la hegemonía del capital financiero como forma predominante del capital para acumular, explotar y reproducirse en todo el mundo.
La unión del capital financiero con nuevas tecnologías que revolucionaron el mundo del trabajo, trajo como consecuencia dos procesos complementarios:
-La reproducción del capital a través de la aplicación del dinero en préstamos para obtener altos intereses y la compra de acciones de empresas lucrativas que tuvieron que dividir sus lucros con el capital bancario.
Por otro lado la forma volátil del capital del hemisferio norte controlado por grandes empresas, bancos y monopolios, comenzó a circular muy rápidamente en todos los países del mundo.
Las consecuencias de la lógica del funcionamiento del capital financiero fueron:
-Aumento de la concentración del capital en las grandes empresas multinacionales, convertidas en verdaderos oligopolios que controlan importantes sectores de la producción, el comercio, los servicios y las finanzas.
Actualmente, las 500 mayores empresas multinacionales con sus centros en EE.UU, Europa y Japón, controlan el 58% del PBI mundial, pero sólo emplean 1,8% de la población económicamente activa y poseen una gran riqueza superior a la suma del PBI de los 133 países más pobres.
La globalización del capital hace que una misma empresa, sea industrial o de servicios, pueda actuar en casi todos los países del mundo, buscar y realizar sus lucros, aprovechando las diferencias entre los estados y la libertad total para actuar en el comercio, servicios e inversiones.
Esa lógica de las grandes empresas multinacionales controlando diferentes sectores de actividades vinculados con el capital financiero internacional, llegó también a la agricultura en todo el mundo.
Empresas como Monsanto, Cargill, Dupont, Sygenta, Norvartis, Nestlé, Danone, Bunge, Wall Mart, Carrefour y Macro, entre otras, están presentes en la mayoría de los países de todos los continentes.
Estas empresas pasaron a dominar el comercio agrícola mundial, en especial el de los granos, manejan los mercados nacionales donde imponen precios internacionales independientes de los costos de producción locales, impidiendo que los estados nacionales practiquen políticas públicas de interés social.
Así, provocaron un acelerado proceso de concentración y desnacionalización de las empresas agroindustriales en todos los países. Produjeron cambios como la uniformidad de la comida y su mala calidad, dentro de una política que busca uniformar los alimentos en todo el mundo, colocando en riesgo nuestras culturas, hábitos y la propia biodiversidad.
Esto trajo aparejado la exclusión del estado y de políticas nacionales protectoras de la agricultura y los agricultores, eliminando funciones reguladoras y otras del sector público en lo agrario, para dar lugar a lo que llaman “leyes del mercado o mercado libre”; eufemismo tras el que se esconden los intereses del gran capital para obtener el control total de nuevas técnicas que serán aplicadas en la agricultura, tal como ocurre con la biotecnología.
Asimismo, se imponen nuevas variedades de transgénicas como la Soja RR, sobre la que imponen la propiedad privada intelectual para luego cobrar royalties. Para ello necesitan tener acceso a la propiedad privada de la biodiversidad existente en el planeta.
Por último, el capital internacional intenta controlar también a través de sus empresas la propiedad del agua potable en todo el mundo. Como el agua potable parece haberse transformado en un bien infinito, los capitalistas sueñan con lograr interminables lucros en esa situación.
Para seguir adelante con este proceso de acumulación y dominación del capital hegemonizado por el capital financiero y sus empresas multinacionales, ellos necesitan libertad total de funcionamiento. El modelo neoliberal representa eso para ellos.
Necesitan libertad total para hacer lo que quieran con la tierra, la producción, el comercio, los servicios, los precios y las inversiones. Sin limitaciones ni regulaciones por parte de políticas estatales nacionales, y mucho menos, del movimiento campesino, productores y trabajadores.
Para su proyecto de dominación quieren más protección jurídica y acuerdos internacionales que les garanticen libertad de acción en todos los países y sectores. Estas garantías están siendo propuestas a través de organismos y mecanismos que están al servicio del gran capital como la OMC, el ALCA, el FMI y el Banco Mundial; todos bajo la supervisión del Grupo de los Siete, en el que están los países más ricos del mundo liderados por EE.UU. (1)
Con respecto al ALCA, tratado que EE.UU pretende imponer a partir de 2005, hay que afirmar que no es otra cosa que es más neoliberalismo, más poder para las empresas transnacionales (ETN), menos protección a la industria, el agro y los intereses nacionales, más desempleo y problemas sociales, ya que lo que EE.UU. pretende con el ALCA, es en definitiva, la creación de un espacio de libre circulación de capitales y mercancías de ese país desde Canadá a Tierra del Fuego en condiciones de preferencia frente a la Unión Europea y Japón, y en función de ello, paralizar y destruir toda integración latinoamericana.
De aplicarse, el ALCA va a causar la quiebra de millones de campesinos y productores familiares en América Latina, el aumento de la dependencia de los productos agrícolas de EE.UU., y pondrá en peligro la propia seguridad alimentaria de los pueblos del continente, reduciendo reservas de emergencia y eliminando otras medidas de protección a la agricultura.
Cuando los acuerdos jurídicos no son suficientes para garantizar la voluntad del capital multinacional, se recurre a la represión, militarización y la guerra como ocurre en Irak por el petróleo o en América Latina por medio del Plan Colombia e intentos golpistas en Venezuela o el bloqueo, etc.
El proceso en curso representa la voluntad del capital globalizado concentrado, pero frente a éste crece la resistencia de pueblos y países sometidos a imposiciones, saqueos y depredaciones que arrojan al hambre a millones de seres humanos y ponen al borde del abismo la vida misma en el planeta, si la movilización de los pueblos no impide que continúen con la política irracional que le imponen al mundo.

El informe de la ONU
Un reciente informe de la ONU sobre recursos humanos y medio ambiente (Clarín 4/4/2004), señala, que en los últimos 30 años el planeta y la salud de sus habitantes se degradaron trágicamente. La caída en picada se registró en la década del 90, y ciertamente no es ajena a esa catástrofe la adopción de la economía de mercados no regulados en gran parte del mundo. El dogma neoliberal, al privilegiar el desarrollo económico por sobre cualquier costo social o ambiental, y al propiciar el retiro del estado, dejó en manos privadas áreas sensibles y de gran trascendencia que eran obligaciones estratégicas de los gobiernos.
El resultado es obvio, porque las compañías privadas están centradas en su propio beneficio, mientras los estados deben velar por el bien común. Por ello, con los cambios de los 90 “ganaron las empresas, pero perdió la naturaleza y la población”.
El informe revela que con el cambio de modelo económico, aumentó la pobreza y la inseguridad, creció la deuda externa y la degradación ambiental, y empeoró la vida tanto en las ciudades como en el campo.
En los 90 creció la pobreza. Hoy el 44% de los latinoamericanos, o sea, 225 millones de personas, son pobres y la mitad de ellos son niños o jóvenes. La región se convirtió en la más injusta del mundo por una desigual distribución de los ingresos: el 10% más rico de la población gana 30 veces más que el 10% más pobre. La urbanización creció de manera caótica con serias consecuencias para la salud humana y el medio ambiente.
En nuestra región, que tiene la mayor reservas de tierra cultivable del planeta, 576 millones de hectáreas que es el 30% del total mundial, la desertización es muy preocupante, ya que si no se detiene su avance puede provocar un problema en la reserva de alimentos. La tierra está siendo dañada por el uso de agroquímicos, salinización y erosión. La desertificación hoy afecta a 313 millones de hectáreas causando enormes pérdidas. En cuanto a los bosques, América Latina perdió 47 millones de hectáreas en la última década.
La situación no es mejor en lo inherente a la biodiversidad. En nuestra región hay 178 ecorregiones que albergan el 40% de las especies de flora y fauna del planeta, muchas de ellas están en peligro de extinción.
Asimismo, indo América es la región más rica en recursos hídricos, un elemento vital que hoy también está amenazado por la contaminación y el mal uso.
Al mismo tiempo que saquean y ponen en riesgo nuestra riqueza y recursos naturales, la región sufre la brutal transferencia de dinero al norte como pago de la deuda externa.
El saldo de la deuda se incrementó 21 veces en los últimos 30 años, por lo que pasó de u$s 46.300 millones en 1971 a 982.000 en 1999. América Latina tiene el 38% de la deuda mundial y el 45% de los ingresos en concepto de exportaciones se van como pago de intereses.

Gobiernos y sectores al servicio de la dependencia
La aplicación de políticas neoliberales que llevaron a los resultados señalados, no son sólo responsabilidad de los gobiernos de los países centrales y organismos multilaterales, sino que además cuentan y contaron con gobiernos y sectores cómplices o socios menores en los países saqueados y sometidos.
La historia de nuestro país nos permite afirmar, que el capitalismo en la Argentina no marcha contra el latifundio, sino que operó desde dentro de la gran propiedad territorial en estrecho entrelazamiento con el capital extranjero.
Podríamos decir que en los comienzos los colonialistas crearon latifundios, luego, desde éstos, los terratenientes impusieron los gobiernos en complicidad con las metrópolis. Así se generó una economía dependiente de los grandes centros metropolitanos y penetrada en todos los niveles por el capital monopólico. Esta historia tiene entre sus principales ingredientes al contrabando de ideas y mercancías.
La existencia y el poder de los terratenientes fueron claves en la expulsión de los chacareros laboriosos y en la apertura de las puertas de nuestro país al capital extranjero, que, desde un principio, se instaló como terrateniente, propietario de frigoríficos y molinos harineros; al tiempo que manejó las exportaciones acumulando enormes ganancias que sacó del país.
Por ello corresponde reivindicar y revalorizar en esta historia las luchas de los trabajadores, campesinos, obreros de los frigoríficos, ferroviarios, petroleros, trabajadores rurales, hacheros de la forestal, los de la Patagonia Rebelde, los campesinos de la gran huelga agraria conocida como el Grito de Alcorta; luchas que corresponde inscribir como grandes batallas en defensa de nuestra tierra y país, hoy castigado por saqueadores y depredadores. Los mismos que hicieron que un país en el que hace 30 años había 600 mil productores, hoy queden 320 mil cuando podría haber un millón, y donde casi el 80% de la población vive en centros urbanos, mientras que más de 500 pueblos del interior se extinguen. A algunos de ellos ni siquiera llega el ferrocarril y los caminos están abandonados por lo que la vida se va apagando, incluso hay pueblos rurales como Los Amores, donde flamea la bandera de remate. Mientras tanto crece el hacinamiento en los grandes centros urbanos y los cinturones de pobreza y exclusión donde hay miles de habitantes con cultura agraria que integran el ejército de desocupados.

EL GRANERO DEL MUNDO CIEN AÑOS DESPUES
Hoy, cien años después, implantado el modelo neoliberal capitalista como panacea para resolver los problemas del país a través de la llamada economía de mercado, las desrregularizaciones y privatizaciones, los problemas no se resolvieron, sino que se agravaron totalmente; se desindustrializó el país, se entregaron las mejores tierras, petróleo, energía, rutas, puertos y ferrocarriles, creció y crece la deuda externa, las riquezas se concentran en pocas manos.
El granero del mundo se fue llenando de pobres, hoy son 22 millones, el 18% está desocupado, hay 10 millones de indigentes muchos hambrientos y niños que mueren por hambre y desnutrición.
Así, entramos a la actual etapa de dominación donde el capital financiero y sus empresas transnacionales y otros grupos económicos vinculados, avanzan en el apoderamiento de las tierras; las adquieren en propiedad, arriendo y controlan su explotación, producción, comercialización, provisión de insumos como agroquímicos y semillas, almacenamiento, puertos, transporte y exportación. Se desplaza a campesinos y pequeños productores, productores familiares, a través de nuevas formas de producción, lo que implica un paquete de inversiones que está fuera del alcance de muchos de ellos, que se transforman en “rentistas” como paso previo a su desaparición como productores. Formas que requieren cada vez menos mano de obra, que incrementan la desocupación y expulsión de obreros rurales y trabajadores del medio rural: la adquisición o arrendamiento de la tierra por parte de Fondos de Inversión, ETN y capitales golondrina tiene consecuencias negativas por varias razones:
- Porque o son adquiridas para negocios especulativos, manteniéndolos improductivos, o para explotarlas irracionalmente, o son arrendadas por cosecha, para explotarlas sin ningún cuidado por su conservación.
En todos los casos, se atenta contra una producción sustentable en sus tres aspectos esenciales: el productivo, el social y el económico; ya que, actualmente, lo que se impulsa casi de manera absoluta es el monocultivo sojero, sin rotación y con el desplazamiento de producciones regionales de gran interés social, para además imponer ese cultivo en tierras frágiles que en poco tiempo van a ser destruidas.
Este avance sojero empresarial y transnacional, se realiza expulsando pequeños productores y pobladores para desarrollar la producción a escala.
Según sus defensores, el boom sojero puede durar 20 años más. Lo que se puede asegurar es que la tierra, el agua y el medio ambiente no van a aguantar, y sobre todo, los que no van a permitir tanto saqueo e injusticia son los trabajadores, campesinos y productores medios, los expulsados y excluidos que crecerán en número y van a multiplicar sus luchas.

La necesidad de un amplio frente opositor alternativo, antineoliberal y antiimperialista
Frente a este panorama, surge la necesidad de un amplio frente de oposición a la continuidad del modelo neoliberal depredador que afecta a todos los sectores populares del país.
Por ello, en el sector agrario corresponderá a los sectores avanzados, a los movimientos y organizaciones del campo, extraer enseñanzas y buscar nuevas formas de lucha y articulación junto a los trabajadores, sectores medios, comunidades aborígenes, estudiantes, técnicos e intelectuales, en función de articular lo social y lo político, atendiendo los reclamos de cada sector y la resistencia al modelo, para con esto, generar otro proyecto de país antineoliberal y antiimperialista.
De la mano del actual modelo de sometimiento a los dictados del imperio, no habrá soluciones reales y duraderas, en especial para el agro, ya que es evidente, que desde el punto de vista del capitalismo depredador y concentrador, estamos ante un modelo agrario sumamente eficiente y productivo, que genera enormes beneficios a los grandes grupos económicos, las ETN y a un grupo de productores acomodados; al tiempo que esto es clave para que los países periféricos sigan pagando los intereses de la impagables deuda externa.
Pero, además, la globalización del capital que impone los mismos métodos de explotación en todos los países, obliga a los movimientos campesinos a tener también una articulación internacional, dejando atrás métodos corporativos o sectoriales.
En la actualidad, los enemigos fundamentales de los campesinos y los productores familiares son los mismos en todas partes. Las empresas multinacionales y los organismos internacionales que actúan en defensa de dichos intereses.
Si el capital se internacionalizó y usa métodos internacionales, los movimientos campesinos también necesitan internacionalizar su forma de lucha y encontrar nuevas e imaginativas formas de enfrentar al enemigo común, articulando sus fuerzas y organizaciones.
Es preciso desarrollar luchas y formas de lucha que permitan involucrar a otros sectores populares y ganar apoyo de amplios sectores, en particular los trabajadores, quienes, como clase, por su situación, lugar en la producción e intereses, y agrupados en organizaciones combativas, antiburocráticas, estarán en condiciones de encabezar y articular organizaciones populares del campo y la ciudad en lucha por un proyecto de liberación nacional y social que entre otros de solución al problema de la tierra: que recupere la tierra para los productores y el país.

La lucha por la tierra y la reforma agraria
Las luchas por la tierra y la reforma agraria no pueden ser aisladas ni separadas de un proyecto de país, tampoco pueden serlo de un solo sector o solamente por la distribución de la tierra.
Tienen que estar en manos de todos los sectores populares vinculados a la lucha por mayores ingresos de los trabajadores, ampliación del mercado interno, recuperación del petróleo, ferrocarriles, el control estatal del comercio exterior y por una banca nacional al servicio de los sectores populares. Cambios en el sistema productivo que hagan pagar a quienes más tienen y reduzcan impuestos al consumo y a los sectores populares, acompañado por fuertes inversiones públicas en energía, rutas y puertos.
Hoy, una reforma agraria implica legislaciones claras en defensa de los pueblos originarios, pequeños productores y productores familiares, la entrega de tierras especialmente a la juventud, instalación de agroindustrias bajo la forma cooperativa, defensa de la soberanía alimentaria de nuestro pueblo y del derecho a producir con nuestras propias semillas. También, desarrollar nuevas técnicas agrícolas adecuadas a la economía campesina y el equilibrio del medio ambiente, y hacer lo propio con nuevas formas sociales de producción y comercialización en la agricultura, con democratización de la educación, reforma hídrica y regulaciones.
Todo esto plantea claramente, que el problema no es sólo sectorial ni se puede resolver bajo el modelo neoliberal. Se trata de un problema de país y por eso la necesidad de otro proyecto de país que rompa con el modelo de las ETN, las imposiciones imperiales y del capital financiero.
Un proyecto democrático de liberación nacional y social basado en la construcción de poder popular, un poder popular latinoamericano que avance en la superación del capitalismo senil y coloque en el centro de sus preocupaciones a la resolución de los problemas del pueblo, sus derechos, libertades y calidad de vida; y no a dar garantías de ganancias a las multinacionales y los grandes grupos económicos.
Una sociedad que se base en la solidaridad, cooperación y libertad. Un proyecto en tal sentido exige la conjunción de fuerzas populares a nivel nacional y de nuestra América, así lo soñaron nuestros patriotas como San Martín y Bolívar cuando libraron batallas heroicas contra el colonialismo, el sometimiento y por la liberación de la patria grande.


Comisión Agraria del Partido Comunista

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Notas

(1) Ver folleto: “Para terminar con el hambre y la decadencia”.