Documento
político aprobado por el Comité Central del Partido Comunista en sus sesiones
del 24 y 25 de mayo de 2004
Es urgente construir un frente opositor al neoliberalismo
y el imperialismo.
Los acontecimientos vinculados a la guerra en Irak tiñen toda la situación internacional y condicionan también la nacional. En estos meses, el aparato mediático del imperialismo construyó dos relatos triunfalistas y mentirosos: un supuesto triunfo militar en Irak y la superación de la crisis económica. La caída de las dos maniobras propagandísticas imperialistas está golpeando fuerte la "legitimidad imperial" de los EE.UU. y potenciando todos los elementos de crisis en las metrópolis y la periferia. Mentían cuando afirmaban que obtendrían una rápida victoria militar en Irak, que la invasión desataría el fervor popular de los irakies e impondría disciplina entre los aliados, atemorizaría a los pueblos oprimidos de la periferia, legitimaría a Bush cual un nuevo Emperador Mundial y que todo ello, como segunda mentira, relanzaría la economía yankee gracias al gasto militar y el acceso a un petróleo barato y abundante. Ha ocurrido todo lo contrario. EE.UU. está empantanado en un Irak que se parece cada vez más a Vietnam, la resistencia irakí transita una dinamica que puede evolucionar hacia una guerra de liberación nacional, las repercusiones económicas son de más crisis económica y no de menos, las consecuencias políticas son de debilitamiento interno de Bush, de disenso entre las potencias capitalistas centrales y lo más importante, que crece una enorme oleada mundial de repudio. De esta convicción generalizada de la profundidad de la crisis global capitalista y del nuevo tono de la resistencia antimperialista es que se marca la situación mundial y nacional confirmando el pronostico realizado en octubre por nuestro comité central de un horizonte de turbulencias para el mundo, la región y el país. La derrota de Aznar y el desprestigio de Blair, son puntas de un iceberg alimentado por la masividad de un movimiento antiglobalización neoliberal a escala universal que, al enfrentarse a las guerras de dominación, gana en definición antimperialista. Las repercusiones de la crisis del capitalismo global sobre nuestra América y la Argentina son numerosas: más sufrimiento para los pueblos, más dificultades para los administradores de la crisis capitalista que azota la región, más presión hostil y militar sobre Cuba, pero también sobre Venezuela y la lucha del pueblo colombiano. El envío de tropas argentinas a Haití no solo es un claro acto de intervención en los asuntos internos de un país, también es la convalidación de la estrategia yanqui de reprimir a los pueblos América con latinoamericanos y "liberar" tropas propias para enviarlas a Irak. La resistencia a dicho envío, que viola la tradición diplomática y los propios acuerdos de la O.E.A. de no convalidar ningún golpe de estado, debe ser incorporada a la agenda de la lucha permanente contra la estrategia imperialista para la región.
Creemos que se debe pensar la crisis del capitalismo argentino, el balance del primer año del gobierno nacional, la ofensiva de la "derecha fundamentalista" y de los grupos económicos más concentrados y dueños de las empresas privatizadas y los recursos del suelo y el subsuelo (soja y petróleo) en que hoy se basa la "economía de penurias", en los marcos de esta situación internacional de crisis. Pero así como examinaremos las consecuencias negativas de la crisis mundial sobre nuestro pueblo, deberemos hacer lo mismo sobre aquellos datos factibles de ser aprovechados como oportunidad: la relegitimación de la causa revolucionaria en el debate pos neoliberal y pos capitalista que recorre el mundo. Es en el marco de estos debates, y actuando al interior del movimiento de resistencia global, en que será posible la relegitimación del socialismo como causa y del comunismo como una identidad política del siglo XXI. El fracaso de los proyectos políticos de Tercera Vía en Europa (Blair) y los serios problemas que demuestran para superar la crisis del capitalismo neoliberal las experiencias condicionadas por dichos enfoques en América Latina (Lagos y Lula), vuelve a colocar en el debate de los movimientos populares las características de una alternativa verdadera y los caminos de su construcción. La estrategia de construcción de poder popular, los esfuerzos por renovar la cultura revolucionaria superarando las incrustaciones "posibilistas" y "dogmáticas", el valor de la lucha reivindicativa y la preeminencia de la política en el camino de construcción de alternativa, la necesidad de existencia de fuerzas políticas revolucionarias y de la unidad entre ellas y con la izquierda reformista para articular un nuevo bloque histórico en la Argentina, son todos elementos centrales de nuestro proyecto político que creemos mantienen su vigencia en la nueva situación.
Tanto a nivel mundial como nacional, la principal fortaleza del enemigo imperialista es la ausencia de una alternativa política revolucionaria; contribuir a construirla -recorriendo todas las etapas progresivas que la experiencia histórica han mostrado como necesarias- sigue siendo la principal tarea de los comunistas argentinos. Es desde ese nivel de exigencia que debemos valorar lo conseguido en cuanto a construcción de alternativa política y deberá ser desde el rol que nos proponemos cumplir en esta etapa, que debemos balancear el estado de nuestro partido y luchar consecuentemente para fortalecerlo desde una idea básica: la preeminencia de la iniciativa política, el cumplimiento estricto de los acuerdos tomados, la capacidad de construir colectivos y de actuar como una fuerza única, con políticas únicas y una única dirección.
El
imperialismo yanqui enfrenta múltiples desafíos a su hegemonía
mundial: la crisis en su propia economía, la resistencia irakí
que tiende a transformarse en una guerra de liberación nacional y la
pérdida de "legitimidad imperial" que lo afecta políticamente
a él y sus aliados.
A partir del crecimiento de la resistencia del pueblo irakí, la guerra
de ocupación tiende a convertirse en una verdadera guerra de liberación
que impacta positivamente en todo el mundo árabe, el conjunto de los
pueblos que habitan en la periferia del mundo capitalista y aún más,
en los propios pueblos de Europa y EE.UU. que comienzan a "despertar"
de un largo periodo de pasividad social y apoyo activo a las políticas
neoliberales, aún las más perversas e inhumanas. La derrota de
Aznar, las dificultades crecientes de Bush para la reelección, el aislamiento
político de Blair y Berlusconi, dan cuenta de costos políticos
enormes para los adalides de la "guerra al terrorismo" concebida por
los "think tanks" yankees como un camino hacia una dictadura terrorista
de estado universal . Así también fracasó la política
económica basada en la baja de las tasas de interés, en reducciones
tributarias a los grandes grupos económicos y en gastos militares. Esta
tríada no relanzó la economía productiva sino que aumentó
el endeudamiento público, los déficits (tanto el de la balanza
comercial como el fiscal, ambos cercanos a los quinientos mil millones de dólares),
la especulación financiera y el avance de las redes mafiosas en el dominio
de la economía. La discusión ahora es solo sobre la velocidad
de la crisis y no sobre su advenimiento. En estas condiciones se da la derrota
de Aznar y el ascenso en las encuestas del candidato demócrata lo que
permitiría el retorno a escena de alguna forma, posiblemente maquillada
y renovada en su imagen, de lo que fue a finales de la década del '90
la Tercera Vía de Clinton, Blair y D´Alema. Igual que entonces,
no se trata de un cambio real sino de una apariencia de cambio para intentar
reconquistar "legitimidad social". A pesar de que los límites
para las maniobras diversionistas son cada vez menores, deberíamos prever
que esta maniobra impacte negativamente en el movimiento contra la guerra y
la globalización neoliberal,1 donde no son pocas las fuerzas políticas
y sociales "predispuestas" a dar una chance a los demócratas
de los EE.UU. y los partidos europeos de la Internacional Socialista que hace
más de dos décadas optaron por el neoliberalismo y abandonaron
sus "convicciones" sobre la conveniencia de un capitalismo distributivo.
Se trata entonces de participar activamente en todas las instancias y momentos
de la articulación mundial de fuerzas dispuestas a confrontar con el
neoliberalismo y las políticas belicistas del Imperialismo prestando
atención a todos los ejes de su política imperialista: no solo
Irak, también Palestina; no solo Cuba, también Venezuela; no solo
el Alca puro, también el Alca light y los acuerdos del Mercosur con la
Unión Europea, con mucha fuerza y entrega pero sin ingenuidad. Preservando
nuestra estrategia de articulación de las fuerzas revolucionarias que
siguen actuando aisladas al interior del Foro Mundial Social y todo el movimiento
contra la globalización neoliberal y la guerra imperialista. Nuestra
desarticulación facilita las maniobras de los partidarios de la Tercera
Vía, que sigue siendo nuestro principal competidor ideológico/político
al interior del movimiento de resistencia global y en cada proceso nacional
propiamente dicho. Nuestra "táctica" para esta disputa debe
ser potenciar el antimperialismo en el convencimiento de que ello redundará
en niveles de mayor confrontación y en el desarrollo de aquello que Rodolfo
Ghioldi denominaba "la ideología de la revolución latinoamericana"
. El antimperialismo es uno de los elementos constitutivos de nuestra identidad
comunista que se ha relegitimado a nivel popular, y es por ello que debemos
pensar en como lograr que nuestra identidad política sea una de las beneficiarias,
tanto de la relegitimación de la causa socialista que trae la crisis
global del capitalismo, como de la larga tradición de lucha por la paz,
contra el imperialismo, que han tenido históricamente los comunistas.
Más aún cuando la lucha antimperialista y por la paz, desde el
XVI Congreso del Partido Comunista (1986) la hacemos esforzándonos para
que sea desde posiciones de clase y con la mira puesta en la acumulación
política: más lucha contra el Alca, contra la guerra en Irak,
en solidaridad con Cuba, Irak, Palestina, Venezuela y todos los pueblos que
luchan contra el imperialismo, debería ser (y es nuestro rol de comunistas
impulsar que así sea) terreno propicio para la construcción de
alternativa política.
El
predominio del ideario de Tercera Vía llevaría a la frustración
de las conquistas del movimiento popular latinoamericano
Al amparo del triunfo de Lula en Brasil, del crecimiento del Frente Amplio uruguayo
en las encuestas electorales (donde muchos prevén su triunfo), del propio
proceso argentino y aún del paraguayo, ha crecido una variante latinoamericana
muy activa y perversa de la Tercera Vía, retomando en parte aquel esfuerzo
de articulación de una estrategia única para el "progresismo"
que fue el "Consenso de Buenos Aires" de finales de 1997. Son intentos
por encontrar un inexistente lugar entre el neoliberalismo fundamentalista (Menem
fue su máxima expresión) y el capitalismo distributivo de los
'50 y '60 que prohijó al peronismo en Argentina, a Joau Goulart en Brasil,
a la revolución boliviana del ´52 y el largo "reinado"
del P.R.I. en México. La diferencia sustancial, y definitiva, entre aquellas
experiencias populistas (que produjeron reales procesos de industrializacion
y redistribución de la riqueza en el bloque de poder, pero también
a favor de los sectores populares) y estos intentos de instalar liderazgos populares
a largo plazo en nuestros países -y estamos hablando concretamente de
Lula y de Kirchner, básicamente- estriba en el hecho de que sus discursos
de condena al neoliberalismo fundamentalista no se corresponden con una acción
de gobierno coherente con dicho discurso. Y es que el capitalismo de nuestros
días no admite reformas parciales que afecten la reproducción
ampliada del capital, ya de por sí complicada por la crisis global que
comenzó en 1997 con aquella -hoy lejana- crisis de los Tigres de Asia
y que hoy ha llegado al corazón mismo del sistema mundial: la economía
de los EE.UU. La batalla ideológica cultural con los partidarios de la
Tercera Vía en su variante latinoamericana, expresada en los Consensos
de Buenos Aires I y II , sigue siendo la central al interior del movimiento
popular de cada país, al menos lo sentimos como central en el nuestro,
y al interior del proceso de luchas populares latinoamericanas, visto como un
proceso único. Una batalla que debe buscar atraer a sectores de este
espacio hacia la política de unidad con la izquierda como el único
camino verdadero para lograr los objetivos de un mundo mejor y reformas en beneficio
del pueblo argentino.
Una de las características actuales del movimiento popularargentino es
el peso que en él tienen este conjunto de temas: la guerra y el imperialismo,
el Alca y el Mercosur, Venezuela y Cuba, las relaciones con Europa y con los
gobiernos de Tercera Vía, etc.; por ello, la "cuestión internacional"
debe ser parte del plan de acción política del conjunto de nuesras
organizaciones, de nuestros cuadros y militantes, y uno de los elementos concretos
en que se materializa la disputa de proyectos políticos al interior del
movmiento popular. Una vez más reafirmamos la convicción de que
no es este una tarea para "especialistas", sino del conjunto del partido
como fuerza política que se reconoce internacionalista y revolucionaria.
Es desde esta perspectiva que se revaloriza la defensa del proceso bolivariano
venezolano y de la Revolución Socialista Cubana como "el otro camino"
para los procesos liberadores, un camino de antimperialismo consecuente que
conlleva la democracia plena y la redistribución de la riqueza a favor
de las mayorías que en estas horas recibe la agresión brutal de
la Administración Bush. Son estas horas de prueba para la Revolución
Cubana y el proceso venezolano, y por eso, son horas en que se pone a prueba
la coherencia de nosotros mismos: seremos como el Che defendiendo la Revolución
Cubana en el terreno que el imperialismo imponga; seremos Bolivarianos de verdad
defendiendo el proceso venezolano que hoy juega su legitimidad en un plesbicito,
impulsado por la contra pero que puede transformarse, con la iniciativa política
del gobierno de Chavez y la movliización popular, en un gran triunfo
de la Revolución Bolivariana Venezolana. Su triunfo será un aporte
sustancial al proceso liberador latinoamericano y a la disputa entre los partidarios
de la Tercera Vía y los antimperialistas consecuentes.
Hay
una ofensiva de la "derecha fundamentalista" en la situación
nacional, que hace más perentorio la construcción de un frente
opositor y potencia las posibilidades para ello.
A un año de la asunción del gobierno K., la situación se
ha acomplejado peligrosamente: crisis de la seguridad y de la energía,
dificultades para mantener un dólar alto, imprescindible para el superávit
de la balanza de pagos y de las cuentas públicas, cambio en las condiciones
económicas internacionales que dejan de estimular el "modelo Lavagna",
deterioro del impulso y de la iniciativa política del gobierno. En ausencia
de alternativa popular verdadera y ofensiva de la "derecha fundamentalista",
todo el cuadro de situación gira más a la derecha.
Al contrario de lo que proclama el discurso oficial y el "oficioso",
no hemos avanzado en un proceso de "autonomía del Imperialismo"
(siquiera relativa), tampoco se ha cortado con el modelo neoliberal y mucho
menos se han achicado las injusticias sociales que se potencian con los nuevos
modos de existencia del capitalismo argentino (la renta agraria diferencial
es apropiada por los grandes grupos económicos y la banca, que continúan
obteniendo super ganancias de monopolio en numerosos rubros a costa de la pobreza
de media Argentina). La firma del acuerdo con el FMI, el compromiso de lograr
un 3% del P.B.I. como superávit primario del presupuesto 2004 y destinarlo
al pago de la deuda externa, los compromisos renovados de participar en el ALCA
y otras formas de incorporación subordinada del país a acuerdos
globales (Mercosur/Unión Europea, por mero ejemplo), el dólar
alto y los salarios en peso por el piso, el mantenimiento de la estructura de
recaudación y gasto, etc. son todos datos del continuismo de una política
neoliberal ortodoxa, aunque ahora sea con un dólar alto y no sobre la
base del uno a uno.
El respeto a la "continuidad jurídica" de las privatizadas
y el mantenimiento de la injusta distribución de la riqueza actúa
como una señal que activa "bombas de profundidad" sembradas,
profusa y profundamente, por el neoliberalismo fundamentalista: la deuda externa,
la crisis energética, la crisis de seguridad, el aumento de la pobreza
y la exclusión social, etc.
Lejos de improvisar, el programa económico del gobierno está explicitado
integralmente en los acuerdos con el F.M.I. que se auditan, reformulan y repotencian
cada trimestre buscando garantizar y aún más, aumentar si es posible,
los fondos derivados a las metrópolis a través de la triple vía:
el pago de la deuda externa, la remesa de las super utilidades de los monopolios
a sus casas matrices o la fuga (legal o ilegal) de los capitales acumulados.
Y es este programa el que "requiere" que la mitad de los argentinos
estén en la pobreza y una cuarta parte en la indigencia, arruinando a
la pequeña burguesía urbana y deteriorando cada vez más
los salarios reales .
Para colmo, en las últimas semanas se cerró un ciclo de excepcionales
condiciones para el modelo gestionado por Lavagna en que coincidieron altos
precios para los commodities y bajas tasas de interés internas en los
EE.UU. La crisis en el propio centro imperialista impulsa un alza en las tasas
de interés y en el precio del petróleo y una baja en los precios
de las materias primas que exporta la Argentina. Y todo se agrava por el comienzo
de lo que puede ser una crisis profunda de la economía brasileña,
donde se va generando un escenario cada vez más peligroso.
En cuanto al desarrollo democrático, se puede sostener que prosigue la
tendencia a una democracia "restingida" o "mínima"
resultante de la reconversión capitalista de tipo neoliberal, y que se
expresa en reducirla o acotarla a la práctica de procedimientos de selección
de quienes administran la crisis del capitalismo en la Argentina. O sea, se
restringe el significado de la democracia a la formalidad de gobiernos elegidos
de acuerdo a los procedimientos constitucionales.
Datos de la tendencia señalada son: la judicialización del conflicto
social, el gatillo fácil, la reaparición de grupos que amenazan
y atacan a militantes del campo popular, el nuevo Plan de Seguridad con el retorno
de los militares a la escena. No olvidamos aquella advertencia de Monseñor
Hesayne: los desocupados son los desaparecidos de hoy.
El
presidente Kirchner comienza a agotar la etapa de construcción exitosa
de consenso. Lo lograba con discursos y gestos que no se correspondieron con
sus conductas en el gobierno, esencialmente continuistas del modelo neoliberal,
el rumbo de restricción a la democracia y la subordinación a la
estrategia global imperialista.
El gobierno comienza a agotar la etapa de construcción exitosa de consenso
social (en el sentido de aceptación y apoyo hacia sus políticas
y cosmovisión presentadas en el discurso y la gestualidad presidencial)
en general y particularmente hacia la parte de la sociedad que se movilizó
en diciembre de 2001 exigiendo la ruptura con el neoliberalismo. Como se dice,
asistimos al fin del comienzo de una etapa -de la que todos los gobiernos electos
desde el ´83 para aquí, han gozado- en que reciben fuerte apoyo
y adhesión popular por descalificar al que se fue prometiendo ser distinto.
Así hizo Alfonsín con la dictadura, "democracia o caos"
era su divisa; así hizo Menem con Alfonsín, primero prometió
"salariazo y revolución productiva" y luego el "neoliberalismo
o hiperinflación" con que impuso el fundamentalismo que lo caracterizó
en la aplicaciión del modelo; así el propio De la Rúa tuvo
sus días de reconocimiento popular presentándose como "el
único instrumento para terminar con el menemismo" bajo la forma
del "frente único contra el menemismo". El "gesto"
de cada uno de ellos estaba condicionado por lo que prometía dejar atrás.
Como Kirchner vino a suturar la crisis de gobernabilidad de Diciembre 2001 utilizó,
acaso más que ninguno de ellos, el remanido recurso de actuar como el
tero: gritar en un lado y poner el huevo en otro. Hacer una política
de gestos de "mejora institucional" y reconocimiento de la lucha contra
la impunidad del genocidio histórico (mientras consiente el actual, social,
que se potencia con la "economía de penurias") que tenían
un doble sentido: desplazar la línea estatal de cuadros (jefes militares,
miembros de la Corte Suprema, jefes policiales, etc.) que respondían
al menemismo, por una línea de cuadros propia (muchos de los cuales antes
lo fueron del propio Menem: Beliz por mero ejemplo) y construir una imagen "progresista"
afín al sentir popular latinoamericano y los cambios producidos en la
región. El recurso de producir gestos y discursos que no se correspondían
con los actos de gobierno, ha chocado con la realidad de una sociedad que mayoritariamente
sigue sumergida en condiciones de pobreza, desocupación y exclusión
social y de una Nación que sigue subordinada a los designios imperialistas,
aunque ahora se lo haga "a disgusto" tal como insinúan los
discursos oficiales que descalifican la deuda y la prepotencia imperialista
mientras siguen pagando y aceptando las condiciones que los EE.UU. exigen en
casi todos los terrenos.
Desde este enfoque crítico, queremos destacar dos actos de gobierno:
la asignación de la ESMA a un proposito de recuperación de la
memoria histórica (cuyo sentido está hoy en disputa) contradiciendo
a la derecha fascista y poniendo de relieve la responsabilidad de Alfonsín
y Menem en la impunidad que gozan los genocidas y el voto de abstención
(tal como lo había hecho Duhalde el año pasado) en la Comisión
de DD.HH. de la O.N.U. donde se "condenó" a Cuba a instancias
del imperialismo yanqui que ejerció sobre el gobierno una presión
imperial en regla, que este resistió en parte, pues lo que hubiera correspondido
era el rechazo terminante a la ofensa a l sentido común de que sean los
EE.UU. (en el momento mismo que practican el terrorismo de estado en Irak, Guantanamo
y Afganistán) quienes propongan "sanciones" a Cuba.. Visualizamos
los límites de ambas acciones pero no dejamos de valorarlas como corresponde,
ellas demuestran que existen otras políticas que las que dictan el F.M.I.
y el Pentágono y que emprender un rumbo contrario es básicamente
un problema de voluntad política. Por lo que , el continuismo oficial
revela, más que cualquier discusión teórica, la ausencia
de ella.
El
punto de viraje en este proceso de construcción exitosa de hegemonía
hacia el "empantanamiento" del kirchenerismo y la ofensiva de la "derecha
fundamentalista", fue alrededor del 24 de marzo fecha que Kirchner pretendió
transformar en un momento clave de su estrategia de construcción de hegemonía
política en la sociedad, y no lo consiguió.
No solo buscaba afirmar una imagen "democrática", también
se proponía dar un golpe importante a las fuerzas del campo popular que
buscan resistir, subsumiéndolas totalmente en "su" acto de
la Esma, y no lo logró. Se desató entonces un doble proceso: de
pérdida de liderazgo hacia el interior del Pejota, que derivó
en el escándalo del Congreso partidario y hacia el campo popular que
sostuvo su accionar propio y protagonizó una gran movilización.
Esta, indica un camino probable de acumulación de fuerzas: la acción
multisectorial y multipartidaria por consignas sentidas, justas y que confrontan
con los planes de dominación. El éxito alcanzado debe ser correctamente
valorado, aunque no ignoremos ni disimulemos sus insuficiencias, como un camino
que permitiría al movimiento popular conquistar algunas victorias, muy
necesarias hoy. para reanimar la lucha. Posiblemente, Kirchner creía
que el apoyo dado por el Pejota, impuesto por Duhalde (que antes de catapultarlo
a la presidencia intentó candidatear a Reutemann y a De la Sota) era
incondicional y absoluto.
Al interior del bloque de poder se han generado disputas y tensiones, por razones
del lugar de cada quien en la conducción del proceso, por cuestiones
de interés económico (quién se queda con la parte del león
en el nuevo esquema de valorización del capital) y por preferencias de
alineamiento internacional (de nuevo la pelea entre "los amigos" de
los demócratas y de los republicanos, como aquella patética disputa
entre Menem y la Meijide).
Ante el descalabro sufrido por la Unión Cívica Radical, en ausencia
de alternativa política verdadera, el Partido Justicialista tiende a
transformarse en Partido de Estado, en un partido único que contenga
a la izquierda, el centro y la derecha; en estas condiciones, la disputa por
su hegemonía se transforma en una cuestión de lucha por la hegemonía
estatal. Kirchner tiene de su lado el descrédito del menemismo y la construcción
de una imagen de ruptura con el pasado menemista, pero no se puede subestimar
al que acaso sea el aparato político más importante del país:
la estructura justicialista de la provincia de Buenos Aires, verdadera clave
para el desenlace de la disputa en marcha.
Existe una tendencia a transformar al Partido Justicialista en Partido de Estado,
virtualmente único y con capacidad de jugar el rol de oficialismo y oposición
al mismo tiempo. La "transversalidad" no es una maniobra de resistencia
a dicha tendencia, sino de complementación. Vistas las dificultades para
constituir un partido transversal, Kirchner apuesta a un sistema de alianzas
con referentes del progresismo (la reunión con Ibarra, Juez, Binner y
Lifschitz del 29/04 va por ese lado) que fortalezcan su batalla en la interna
peronista. Tales tensiones y estremecimientos del poder deberíamos verlos
como momentos de dificultad en la estabilización de la dominación
y por ende como oportunidades de construir nuestro proyecto político
de Frente Opositor, Alternativa Política verdadera, con raigambre popular
y definiciones antisístemicas y un fuerte Partido Comunista capaz de
aportar al agrupamiento de la izquierda y la hegemonía de un proyecto
político de unidad contra el continuismo neoliberal y antimperialista
en condiciones de confrontar exitosamente con el discurso "posibilista"
que intentará mostrar la situación como un "peligro para
la democracia" y una razón más para apoyar a Kirchner "a
pesar de todo".
No compartimos la idea de que los gobiernos son como "boyas" en el
mar que van hacia donde sopla el viento; tenemos una visión histórica,
de clase y marxista del carácter del Estado, del gobierno y del mismo
equipo que rodea al Presidente. Ellos son parte, una de ellas, de las políticas
que construye el bloque de dominación; se trata para nosotros de construir
la independencia del movimiento popular construyendo nuestro propio bloque histórico,
resultante de múltiples procesos de articulación, convergencia
y unidad que tienen un punto de partida claro en la confrontación con
las políticas continuistas concretas: el pago de la deuda, el envío
de tropas a Haití, el congelamiento salarial, la exclusión educativa,
la desocupación y la precarización laboral, etc.
La
derecha fundamentalista busca recuperar posiciones e imponer en todo sus puntos
de vista. Hay que cerrarle el paso con la acción popular de resistencia
al continuismo.
La derecha fundamentalista, afectada por el desplazamiento de los jefes militares,
miembros de la Corte Suprema, jefes policiales federales y provinciales, funcionarios
de jerarquía de todos los ámbitos de gobierno, etc. producidos
en el marco de la campaña de los llamados "gestos de mejora institucional"
del primer periodo del gobierno de Kirchner, disgustada por el discurso de descalificación
de la etapa dictatorial y menemista que ella encabezó, alarmada por el
prestigio que adquieren en el país los procesos de Venezuela y Cuba (como
imágenes de un gobierno que rompe con el neoliberalismo y de revolución,
respectivamente) retomó la iniciativa política so pretexto del
tema delincuencia=seguridad=represión y actúa de un modo nuevo,
al modo de la contra venezolana : fuerte protagonismo de los medios, capacidad
de movilizar masas de capas medias altas e incluso sectores populares, baja
presencia de los políticos tradicionales (retoma el Que se vayan todos
a su modo) e impone una agenda que empalma con tendencias profundas del capitalismo
argentino.
El gobierno intentó salir de la situación difícil que le
trajo la pérdida de iniciativa política, en la que sigue sumergido,
con el anuncio del plan integral de seguridad, la concesión de aumentos
tarifarios (sin revisión de los contratos, como estuvo amenazando hasta
ayer mismo) y el replanteo de la cancelación de la deuda a los bonistas
(antes denostados como "fondos buitres". Ambas crisis: la energética
y la de seguridad, y las tres iniciativas analizadas, empalman de un modo más
que directo con las dos patas fundacionales del modelo: el terrorismo de estado
y la integración subordinada del capitalismo argentino al "capitalismo
global". Impunidad para los genocidas de ayer y de hoy, acuerdo con el
Fondo y pago de la deuda externa.
A la Cruzada Blumberg, sostenida de un modo casi pornográfico por los
multimedios comunicacionales, el gobierno consiente con un ampuloso Plan de
Seguridad inspirado en los valores culturales del neoliberalismo: a más
delito más represión, menos derechos humanos y más atributos
al aparato represivo. Desde esa lógica se proponen remodelar el sistema
represivo dándole roles más activos a las Fuerzas Armadas. Lo
que no pudieron imponer durante el menemismo se va a lograr, paradójicamente,
con un gobierno que pretendía mostrarse como distinto, aunque el acuerdo
con el F.M.I y este plan lo desmienten de un modo contundente. Es muy grave
la "relegitimación" de las Fuerzas Armadas para actuar en los
temas de seguridad nacional, completando el largo proceso de refuncionalización,
comenzado por la desmalvinización de Alfonsín y la abolición
del servicio militar obligatorio de Menem. La habilitación de cárceles
militares para presos civiles es una aberración para cualquier democracia,
así sea burguesa y formal, que las revelaciones sobre las torturas yanquis
en Irak ponen más de relieve. Más aún, si se considera
la ley que reglamenta los operativos militares conjuntos con el Pentágono
y la creación de una super Fuerza Especial de lucha contra los secuestros
(viejo anhelo de contar con una unidad muy profesional de lucha contra posibles
desafíos populares). De esta manera el Ejército tendría
injerencia sobre todo el aparato represivo interno (función policial)
y participará (función militar) como fuerza de apoyo de los planes
imperialistas para cualquier "oscuro lugar" comenzando por el apoyo
a la ocupación militar de Haití, consecuencia del golpe de estado
perpetrado allí por la CIA y a la propia guerra de Irak.
Las medidas que se proponen, desvinculadas de un plan integral social basado
en la redistribución de la riqueza y el no pago de la deuda, difícilmente
incrementen la seguridad aunque seguramente pondrán en sintonía
el aparato represivo del Estado con la necesidad de controlar el conflicto social.
El objetivo de las fuerzas populares debería ser frenar la ofensiva de
las derechas, tanto de la que actúa de un modo fundamentalista como la
"nueva" que lo hace hoy desde el gobierno de Kirchner. Una vez más
se comprueba el aserto de la imposibilidad de escindir el capitalismo en un
modelo económico (bueno) y un sistema político corrupto (malo).
Los sectores que componen o apoyan al gobierno y aspiran (o al menos proclaman
voluntad de ello) a conquistar cambios en una perspectiva anti neoliberal, antimperialistas
y contra la impunidad, son prisioneros de la continuidad económica del
modelo la cual "exige" represión y autoritarismo como las plantas
requieren del aire.
Superar
el bloqueo cultural de la izquierda, sigue siendo la tarea de la hora para lograr
la unidad tras un proyecto de construcción de frente opositor y alternativa
política.
Lamentablemente, se cumplió la advertencia hecha en el acto del 85º
aniversario del Partido Comunista por parte de Patricio Echegaray (enero del
2003) : "si no hay unidad de las izquierdas con las fuerzas de centroizquierda
y se conforma así un bloque político capaz de agrupar fuerzas
populares partidarias del cambio, anti neoliberales consecuentes y antiimperialistas
(y estas definiciones tienen contenido concreto hoy: redistribución de
la riqueza, aumento de salarios, la anulación de las privatizaciones,
el control del sistema financiero y del comercio exterior, No pago de la deuda,
No al Alca, No a la impunidad, etc.), la derecha se recompondrá, recuperará
terreno y no solo eso, volverán en la izquierda recaídas de viejos
males: posibilismo, autismo sectario, etc."
Conceptualmente, el apoyo a Kirchner desde el centrismo o desde algunos sectores
de la izquierda, tiene dos raíces: una es la vieja ilusión de
un supuesto capitalismo nacional, con relativos niveles de autonomía
del Imperialismo, módicas dosis de democracia y de justicia social. Es
la concepción que intentamos dejar atrás con el viraje partidario
iniciado en el XVI Congreso; la otra se apoya en un supuesto "internacionalismo"
que supone que todo lo que sea posible de aprovechar por los estados dirigidos
por fuerzas revolucionarias, es bueno para todo el proceso revolucionario latinoamericano
y un deber internacionalista defenderlo. Lo quieran o no, tienden a razonar
cada vez en más sintonía con el pensamiento de Tercera Vía
y el Consenso de Buenos Aires tal como lo muestra los intentos por disimular
el apoyo argentino a un Alca Light, que ahora lo presentan casi un logro y no,
como es, una claudicación de la soberanía nacional.
Por el lado de la izquierda, siguen pesando las miradas sobre el Diciembre de
2001. El modo de percibir aquellas jornadas condicionan en mucho sus estrategias
y conductas políticas. Buena parte de ella no puede superar la ilusión,
por ella misma generada, de que vivimos una situación revolucionaria
o casi, prescindiendo del factor subjetivo o mejor dicho sin asumir la debilidad
histórica del movimiento popular argentino que es el retraso del factor
subjetivo (objeto de reflexión de la sexta hipótesis); o de que
existe un protagonismo central y casi excluyente de la clase obrera en la resistencia
desde su componente desocupado, que supuestamente difunde el método de
lucha piquetero al conjunto social y de ese modo ejerce hegemonía, sin
poder asumir que la Argentina del siglo XXI, resultante de genocidios y ajustes
perpetuos durante 20 o 30 años (según que consideremos como punto
de partida el "Rodrigazo" del ´75, el plan Martínez de
Hoz del ´76, el ajuste Austral de Sorrouille del ´85 o la convertibilidad
de Cavallo del ´91) tiene un sujeto social, agredido, agraviado y humillado
por las políticas neoliberales, desencantado de las fuerzas políticas
y sociales tradicionales pero con una persistente hegemonía cultural
sobre la conciencia social, que llamamos PUEBLO y que es potencialmente capaz
de resistir, organizarse y asumir un proyecto de renovación radical de
la sociedad.
Ese sujeto PUEBLO tiene un componente de trabajadores ocupados, más concentrado
y con más tradición organizativa que el resto, al cual aspiramos
a impulsar, junto con otras fuerzas de izquierda y centroizquierda, a un rol
central, protagónico, dentro del sujeto pueblo, impulsando su consecuencia
y radicalización. Como pensaba Agustín Tosco, "el rol de
vanguardia de la clase se expresa en la construcción del frente de liberación
nacional y social".
No es una cuestión de automatismo social, como se creía en casi
todo el movimiento revolucionario del siglo XX, ni tampoco de deseos como le
ocurre a buena parte de la tradición troskysta argentina: hace falta
un trabajo consecuente, concentrado, riguroso, para desarrollar subjetividad
en el núcleo obrero y de trabajadores ocupados del sujeto para que lo
conquiste de verdad; sin ese papel de vanguardia, la heterogeneidad deriva en
dispersión y no en pluralidad de matices. En los últimos años
de lucha contra el neoliberalismo de la Alianza y del tandem Lavagna/Duhalde,
la clase obrera no conquistó este rol de vanguardia, y en algunos periodos
(los días de diciembre de 2001) la misma participación en el conflicto
fue más que escasa; esta situación de retraso se viene superando
en estas semanas donde los trabajadores ocuados parecen ocupar un espacio mayor
en la confrontación, razón de más para persistir en nuestra
batalla por afirmar el proyecto comunista en la clase, cuestión que tiene
nombre para nosotros:: construir un nuevo sindicalismo, de liberación,
clasista y frentista, reinvidicativo y polizado, autonomo y protagonista de
la construcción de alternativa política, razón por la cual
participamos en la fundación de l a Central de Trabajadores Argentinos,
ámbito que consideramos el más apto para la pelea por construir
este sindicalismo, obviamente que en unidad y disputa con otros enfoques, transitoriamente
mayoritarios a nivel nacional, pero con enormes dificultades políticas
que abren espacios mayores para la disputa al interior de la C:T:A: Disputa
que queremos en unidad con otros sectores de la izquierda, y que muchas veces
se dificulta por la persistencia de enfoques dogmáticos sobre la llamada
cuestión de la "unidad organica de la clase en una central única",
concepto superado por nosotros desde el viraje partidario.
La confusión sobre el sujeto es una de las raíces teóricas
de la negativa a constituir un frente social y político capaz de bregar
por asumir la representación del vasto, amplio y plural sujeto pueblo
que sufre el continuismo neoliberal y las imposiciones imperiales de las que
somos objeto como nación. La otra raíz, posiblemente, sea la persistente
ilusión de "la inminente toma del poder transitoriamente bloqueada
por una "maniobra" que rápidamente caerá por el acecho
de las luchas populares encabezados por los piqueteros, encabezados por el Bloque
Piquetero, hegemonizado por el Polo Obrero" , visión de la realidad
tan irreal que los impulsa al autismo político para mantenerse en la
supuesta posición de vanguardia revolucionaria alcanzada para la cual,
cualquier agrupamiento amplio, digamos un frente de oposición que aspire
a representar políticamente al sujeto Pueblo real, es un obstáculo
a la función de vanguardia auto-proclamada.
De este modo, desde espacios teóricos aparentemente antagonicos se genera
la justificación para un sectarismo que tiene dos caras: de izquierda
sectaria y de centroizquierda posibilista, pero el mismo efecto paralizador
de la iniciativa política de unidad que procaramos impulsar los comunistas,
quines por nuestro lado nos tenemos que empeñar mucho más en que
nuestros debates con todos los sectores no caigan en el ideologismo sino que
tengan un claro sentido político: unir a la izquierdaa revolucionaria
entre sí y con la reformista, y a todos con l a centroizquierda a fin
de sentar las bases de una alternataiva política. Claro está que
la lucha política es dinamica por lo que no se puede esperar un proceso
ideal de unir uno a uno cada sector de la izquierda revolucionaria, para luego
emprender la batallla por la unidad más amplia y luego volver a ampliar;
presos de este esquema más de una vez hemos quedado prisisoneros de maniobras
sectarias o de chantaje; sectarismo y chantaje que procuraremos superar con
la iniciativa polítca y la consolidación de nuestra fuerza, lo
que permitirá sumar a todos, o aislar a los que persistan en reproducir
una y otra vez la limitación histórica de no valorar la unidad
como el camino de construcción de alternativa.
El
gran límite a la subjetividad popular es la ausencia de alternativa política
verdadera
El desarrollo de una subjetividad popular antimperialista, patriota y partidaria
de cambios revolucionarios en dirección a la liberación nacional
y la superación del capitalismo está afectada, limitada, por la
ausencia de una alternativa política popular verdadera en el doble sentido
de ser verdaderamente alternativa, y por ello lejos de cualquier variante de
continuismo "gattopardista" al estilo de los partidarios de la Tercera
Vía y el programa del Consenso de Buenos Aires I y/o II, pero además
en el sentido de ser realmente popular, afincada en el sujeto pueblo y reconocida
como tal por , al menos, una parte del sujeto social pueblo.
La subjetividad popular de cada momento es uno de los resultados de la lucha
de clases, es en algún sentido, el condensado histórico de la
misma.
Nos reafirmamos en la visión, que elaboramos en los mismos días
de diciembre de 2001 y colectivizamos en la reunión partidaria de enero
de 2002 de que se produjo entonces una ruptura cultural, una brecha en el sólido
dominio ideológico cultural construido sobre los efectos físicos
y psíquicos del genocidio, del posibilismo alfonsinista y el triunfalismo
menemista.
Y reivindicamos con orgullo la parte que nos toca, así sea modesta, del
aporte hecho a erosionar la cultura dominante. En diciembre 2001 fructificó
el esfuerzo hecho durante más de una década por defender el pensamiento
crítico al capitalismo real y la existencia de un partido que resistió
el alfonsinismo, el menemismo, el chachismo e hizo bastante para que no se apague
la "llamita" de la rebeldía que fue creciendo hasta romper
ese cerrado "candado cultural" del menemismo triunfalista y el chachismo
posibilista.
Esa brecha es real, y es la que explica el cambio en el discurso y la gestualidad
de un Kirchner que busca expresarlo y representarlo; pero es solo eso: una brecha,
una fisura en un dominio cultural que se asienta en profundas incrustaciones
de la ideología dominante en el sentido común, naturalizadas por
el largo periodo de hegemonía y alimentadas continuamente por medio del
más colosal mecanismo de manipulación ideológica que jamás
se haya imaginado: el sistema de medios argentino, monopolizado, centralizado
, componente y funcional del Poder.
El punto es que en estas condiciones, la posibilidad de erosionar el control
no es una cuestión técnica (solo de discurso o de lenguaje, solo
de posesión o acceso a uno u otro medio de comunicación, cuestiones
todas necesarias y aún imprescindibles, pero no suficientes) sino política:
sin una alternativa política popular verdadera difícilmente se
podrá ampliar la fisura lograda hasta hacer caer la hegemonía
cultural.
Es desde esta perspectiva que se debe valorar en todo su significado la continuidad
de Izquierda Unida; sus puntos fuertes, concentrados en la visibilidad de sus
bloques legislativos que vienen mostrando la utilidad política para el
pueblo de una alianza política de izquierda que busca aportar al agrupamiento
de más izquierda (especialmente desde el bloque de la diputación
nacional de Patricia Walsh); como sus puntos débiles, motivados principalmente
en los límites que nos imponen para una acción más enérgica
de promoción de la unidad desde Izquierda Unida en el plano electoral
y no solo en él, también en la construcción de un frente
opositor. Debemos insistir más en la necesaria relación armoniosa
entre los niveles de unidad conseguidos (y no solo en Izquierda Unida, también
en los acuerdos con el Partido Socialista, también en C.T.A y en la Asamblea
Nacional de los Trabajadores Ocupados y Desocupados, también en el Frente
Estudiantil 20 de Diciembre que operó en el Congreso de la F.U.A. y en
agrupamientos regionales de diverso tipo) y una política de agrupamiento
táctico para el combate contra el continuismo, que hoy podría
tener un centro de gravedad en la lucha contra la carestía de la vida
en todas sus formas (precios, tarifas, aumento de salarios, jubilaciones y prestaciones
a los desocupados en todas sus formas).
Lo logrado debe estar al servicio de más unidad puesto que lo opuesto,
transformar lo logrado en punto de llegada y no en plataforma de partida para
niveles más altos de unidad, generalmente terminan poniendo en peligro
lo conquistado, produciendo deterioros en su eficacia tal como nos ocurrió
electoralmente con Izquierda Unida.
Nuestra política es que en este proceso de búsqueda de más
unidad para la lucha, ir ampliando los acuerdos políticos de modo tal
que se pueda ir re fundando una y otra vez los instrumentos existentes hasta
alcanzar un nivel de construcción de alternativa que sea suficiente para
comenzar un proceso de acumulación de fuerzas que alcance la masa crítica
necesaria para poder aprovechar debidamente las turbulencias que la crisis nacional
e internacional están generando y seguirán generando con seguridad.
Desde esta visión de preeminencia de lo político, deberíamos
proceder a articular más armoniosamente nuestros propios instrumentos
de creación de subjetividad, junto con aquellos en los que compartimos
la dirección y aún con los que han creado otras fuerzas y el movimiento
popular, espacio ideológico, cultural y comunicacional donde se verifica
la dispersión general y aún más, los enfrentamientos que
caracterizan el campo popular en su conjunto.
Con el XVI Congreso recuperamos la voluntad de poder en el partido, se trata
ahora de cultivar esa voluntad en la práctica política construyendo
los elementos de nuestro proyecto político, modo concreto de construir
poder popular en nuestros días. Sin una poderosa voluntad de poder no
podremos quebrar este bloqueo cultural que limita al movimiento popular por
lo que el posibilismo en sus más variadas formas y el sectarismo autista,
seguirán hegemonizando el movimiento popular como dos caras de la misma
moneda: asumirse parte del poder por impotencia (el "progresismo posibilista")
o renunciar a una lucha en forma por el poder conformes con el lugar en el escenario
que el propio Poder nos asigna (la izquierda "sectaria y autista").
Solo la vocación de poder para el pueblo terminará con la dispersión
y aún el enfrentamiento del campo popular y permitirá forjar la
herramienta para la lucha revolucionaria.
La
construcción del frente opositor es una política que requiere
del cambio de correlación de fuerzas en el movimiento popular tanto como
la lucha por un nueva hegemonía política en el movimiento popular
se juega hoy en el tipo de oposición que se construye.
La propuesta de constituir un frente opositor al continuismo neoliberal y las
estrategias imperialistas se muestra como una propuesta apta para la etapa y
la correlación de fuerzas real, siempre y cuando que la comprendamos
e impulsemos como una política y no solo, o no tanto, como una institución
nacida de una vez, de carácter nacional y con todos los atributos construidos
desde el arranque.
En el comité central de octubre fundamentamos la propuesta desde el punto
de vista conceptual, ahora lo podríamos hacer desde el simple y aleccionador
análisis del modo en que se resistió en estos seis meses en que
no faltaron luchas obreras, movilizaciones piqueteras, reclamos contra los pasos
de involucramiento del gobierno nacional en la estrategia militar imperialista.
Sin embargo, no alcanzaron a configurar una oposición visible lo que
generó la paradoja de que la única oposición al gobierno
vino de la derecha fundamentalista que anticipa la agenda y aún el programa
de acción de un gobierno que primero reivindica los desaparecidos y luego
legitima una fuerza antiterrorista de alta preparación, o que pasa meses
denostando las privatizadas para ahora otorgarles los aumentos de tarifa pedidos
sin revisar los contratos, cuestión que la propia ley privatizadora establecía.
Una cuestión vital en la construcción del frente opositor, tal
como nosotros lo concebimos, radica en la lucha por cambiar la agenda de debates,
cuestión en que la derecha fundamentalista impone el dominio que tiene
sobre el sistema comunicacional en su conjunto. Más de una vez han mostrado
la capacidad que tienen de instalar temas y enfoques por sobre los problemas
reales del pueblo. Ya hemos dicho que la eficacia de la lucha contra ese dominio
comunicacional radica más en la construcción política que
en la labor "puramente" cultural. Y para esa construcción política
se requiere más esfuerzo de nuestra parte por aferrarnos con fuerza a
los temas que nosotros queremos instalar y concentrar esfuerzos en procura de
instalarlos en el debate público desde las acciones de lucha y movilización.
Para los multimedios es noticia la muerte o el secuestro de una persona, pero
no es noticia la muerte de los niños por falta de atención médica,
la exclusión educativa, o el aumento de los precios de los productos
de primera necesidad que empujan tras la línea de pobreza a miles de
argentinos por día.
Concentrarnos en la coyuntura no es simplemente contar con una agenda de actos
y marchas; sino programar, construir e instalar iniciativas tendientes a que
se debatan los temas que hacen a la construcción del frente opositor:
la carestía de la vida en general, el aumento de las tarifas de los servicios
privatizados, la exclusión educativa, la subordinación creciente
a las iniciativas de los EE.UU. para la región, etc.
De hecho, lo estamos haciendo; se trata de darle un tratamiento más sistemático
y articulado a los temas que podrían constituir una agenda popular. Nuestra
propuesta de frente opositor se viene desplegando en múltiples iniciativas
de agrupamiento multisectorial programático a nivel local y regional.
Resaltan las iniciativas en defensa de la Salud en capital y el gran Buenos
Aires o la multisectorial en defensa de la educación pública convocada
por la A.M.P. de La Rioja.
A nivel nacional podemos, acaso, anotar dos momentos principales de concreción:
en el espacio de oposición al Alca que organizó la Consulta Popular
y en el que sostuvo el acto del 24 de marzo. Detengamosno en el análisis
de estos espacios: son realmente plurales, de la izquierda hasta sectores de
la centro izquierda que se niegan a dar un cheque en blanco al gobierno; son
multisectoriales desde el punto de vista social, con fuerte protagonismo de
los movimientos piqueteros, quienes conservan una significativa capacidad de
movilización, hasta sectores de las capas medias urbanas (Apyme y otras)
y rural (FAA y otras) pasando por los estudiantes universitarios, secundarios
y el amplio tramado de organizaciones con que cuenta el pueblo.
También habría que señalar el protagonismo de algunos legisladores,
con fuerte impulso de los bloques de Izquierda Unida pero no solo de ellos,
también de sectores socialistas, del ARI y aún de algunos legisladores
que llegaron bajo el impulso de la Ola K. Cualquiera de los dos agrupamientos
nacionales, tanto el de repudio al Alca como el de rechazo a la impunidad histórica,
estaría en condiciones de convertirse en un centro coordinador de las
luchas y germen de un frente opositor: ¿Por qué no lo hacen? Por
una larga lista de razones (disgregación del sujeto, dispersión
política, peso de tendencias que oscilan entre el apoyo al gobierno y
la defensa de los derechos populares, acción de las fuerzas autoproclamadas
vanguardia, economicismo en sus distintas variantes incluyendo la más
novedosa y perversa del "horizontalismo a lo Holloway", etc.) que
confluyen en la cuestión de la hegemonía política de cada
uno de los integrantes y de la hegemonía política del movimiento
en su conjunto.
Para constituir el frente opositor habrá que construir un sistema de
alianzas y acuerdos que constituyan una masa crítica de fuerza política
suficiente para imponer un rumbo de unidad, amplitud y confrontación
con las políticas continuistas. Y no es un problema de acuerdos programático
sino políticos. Si integramos el documento del 24 de marzo con el llamamiento
a la Convocatoria contra el Alca, tendríamos una buena base para un Programa
de transformaciones de emergencia.
Se trata de no poner en contradicción la construcción de un frente
opositor antiiimperialista con la unidad de la izquierda, y concretamente con
el grado de unidad construido que es la Izquierda Unida, los cuales no deberían
contraponerse sino potenciarse mutuamente. En principio, se trataría
de impulsar el frente antimperialista desde la unidad de las izquierdas y la
Izquierda Unida concretamente, aunque tampoco podemos aceptar vetos que terminan
siendo limitaciones a nuestra propuesta de frente antimperialista. La experiencia
nos enseña que la construcción de agrupamientos en el sentido
del frente opositor con una masa crítica, los sectores sectarios del
centro izquierda o de izquierda dogmática tienden a incorporarse. Queremos
insistir que la Urgencia de la emergencia social de nuesro pueblo nos exige
avanzar en el agrupamiento propuesto, convencidos que si lo logramos, es posible
incorporar a dichos ámbitos a sectores que no están dispuestos
a encabezar su construcción por diversos prejuicios.
Una vez más conviene resaltar que el verdadero Programa es el camino
de construcción de una fuerza capaz de imponer las medidas que se proponen,
y ese camino es la política. Sin una mirada desde la política,
se corre el peligro de poner el árbol por delante del bosque: buscando
respetar las particularidades podemos perder de vista lo esencial, que es transformar
cada ámbito de acción de nuestra fuerza en un espacio de construcción
de nuestro proyecto, y no porque sea nuestro sino porque la ausencia de alternativa
política es lo que limita la lucha popular y a cada organización
social que busca resolver problemas populares.
Debemos asumir que el proyecto de construcción de poder popular sigue
encorsetado por la doble presión política que representa la hegemonía
centrista con tendencia a la Tercera Vía que hoy actúa al frente
de la C.T.A. y otros espacios afines por un lado y la hegemonía sectario
autista que opera en el Bloque Piquetero y los partidos de izquierda.
El análisis mismo de las insuficiencias, límites y carencias de
tales eventos confirma una de las formulaciones estratégicas de nuestro
partido desde el XIX Congreso: hay un movimiento popular histórico, cuyas
características fundamentales se configuraron en la etapa del capitalismo
relativamente "inclusivo" y "distributivo", bajo la hegemonía
política de radicales y peronistas, que está agotado en sus roles
históricos de representación social y política del nuevo
sujeto pueblo. Aquellos vinculados a la Mesa de Pacto Social y de mediación
entre un sujeto social que luchaba por más y un gobierno que, con la
ayuda de las burocracias sindicales y estudiantiles, contenía los reclamos
dentro de los límites del sistema. Esta previsión estratégica
se cumplió: ni la C.G.T. histórica ni la F.U.A. de hoy juegan
el mismo rol que jugaban en los '60 y aún en los '70, confirmando la
necesidad impostergable de una nueva institucionalidad popular en condiciones
de representar al sujeto social tal como es hoy día; y de asumir un proyecto
político que sea verdaderamente alternativo al capitalismo en todas sus
variantes.
Desde diciembre de 2001 mucho es lo que se ha avanzado en esa dirección,
pero todavía no es suficiente lo construido y conviene recordar aquella
advertencia leninista de no confundir nunca lo que está "agotado
históricamente" con el accionar práctico cotidiano. Por ello,
ahora agregamos que "el sindicalismo burocrático" y el movimiento
estudiantil modelado por la Franja durante más de veinte años,
no desaparecerá por sí mismo, que sobrevivirá adaptándose
a los nuevos modos de dominación y explotación y que se reciclará
tantas veces pueda si no se lo enfrenta disputando la hegemonía del movimiento
popular histórico (sindicatos, centros de estudiantes, etc.) al tiempo
que se ponen los cimientos para una nueva institucionalidad popular capaz de
representar al nuevo sujeto y de dotarlo de una estrategia política de
unidad del sujeto social y confrontación con las políticas continuistas.
La divisa de UNIDAD Y DISPUTA o DISPUTA EN UNIDAD, condensa la tensión
entre las necesidades tácticas, unir todo lo que se pueda para resistir
el continuismo, y la labor estratégica de disputar la hegemonía
del movimiento real para un proyecto de unidad popular, definiciones anti neoliberales
y antiimperialista, y resistencia activa a la derecha fundamentalista y las
políticas gubernamentales que expresan el continuismo.
Y estamos hablando de la centroizquierda "posibilista" y con tendencia
a asumir planteos de Tercera Vía que opera en la C.T.A., en sectores
del movimiento de derechos humanos y de las capas medias urbanas y rurales,
por un lado, y las sectario/oportunistas que operan en el Bloque Piquetero y
pequeños sectores del movimiento obrero, por el otro. Dichas limitaciones
no facilitaron la continuidad de ese rumbo promisorio manteniéndolo más
como una perspectiva por la cual luchar, que una realidad existente consolidada.
Pero la cuestión se acompleja aún más si ampliamos el foco
de nuestra atención y tratamos de pensar en términos de clase:
sobre el sujeto pueblo se ejerce una hegemonía burguesa, a cuyo interior
hay una disputa entre la vieja y la nueva derecha , y no entre la izquierda
y la derecha. Así pues, nuestra batalla por una nueva institucionalidad
tiene por delante una serie de batallas muy complejas y simultaneas: contra
la hegemonía burguesa peronista o radical sobre la vieja institucionalidad
(la CGT y la FUA siguen siendo las organizaciones más extendidas, aunque
su funcionalidad y representatividad hayan sufrido cambios enormes); contra
la línea de Tercera Vía que hegemoniza los espacios que buscan
salirse de aquella institucionalidad tradicional, y aún más: una
batalla contra los sectores de izquierda que se auto-proclaman vanguardia y
dificultan la unidad de las izquierdas para dar la disputa con la Tercera Vía
y la unidad de todo el espacio opositor para dar la disputa con las burocracias
tradicionales del movimiento popular, fuertemente entrelazadas con el bloque
de poder real.
Los instrumentos político/sociales que hemos impulsado y/o participamos
en su dirección, deberían tener como rol materializar estos enfoques
de disputa de proyecto político y su autonomía organizativa (que
debería incluir, en un proceso, lo financiero) debe estar en función
de esta política. Autonomía entendida como distancia del Poder,
de los mecanismos de dominación. Autonomía entendida como protagonismo
en la lucha por el poder y por ende política. Autonomía que nunca
puede ser apoliticismo (que es uno de los nombres de la política burguesa)
sino respeto por las instancias y acuerdos que se tomen democráticamente
en los movimientos donde participamos.
El rol de los comunistas en estos instrumentos es impulsar nuestro proyecto
político para lo cual deben estar organizados en células integradas
al sistema organizativo partidario: comités locales, barriales, provinciales
o regionales, comité central y el deber de cada uno de ellos, igual que
el de todos los afiliados al partido, es construir con todos los compañeros
nuestra propuesta. O como decía el Manifiesto Comunista de 1848: defender
en el presente del movimiento real, la perspectiva de la revolución socialista.
Fortalecer
el partido para lograr un viraje en la práctica y la construcción
política.
El diagnóstico trazado en el comité central de octubre pasado
ha sido confirmado plenamente por las reuniones regionales, muchos de ellos
con presencia de dirigentes nacionales del partido, y el debate de una parte
considerable del partido que ha recibido con beneplácito la discusión
allí propuesta. Se verifica plenamente la distancia que hay entre las
exigencias que nuestro proyecto político nos demanda y las posibilidades
prácticas de llevarlo adelante por una fuerza que sufre de diversas y
complejas dificultades: de dispersión política y organizativa,
de debilidad en sus direcciones intermedias y de escasa organización
celular, de deterioro de los principios básicos de una fuerza revolucionaria:
actitud militante con los medios propagandísticos, disposición
al autofinanciamiento, política de reclutamiento, formación política
y organización permanente, etc.
Este conjunto de dificultades, en un partido que se esfuerza por actuar en la
coyuntura (valoración de lo hecho el 20/12, consulta contra el Alca,
24 de marzo, 1º de mayo, etc.) deriva en una insuficiente vida colectiva
de la militancia, cuestión vital para el despliegue de una línea
política que requiere de la autonomía y la iniciativa creadora
de la organización y los militantes, autonomía y creatividad que
solo es posible desde el funcionamiento colectivo y la discusión política.
El diagnóstico es duro pero necesitamos partir de la realidad para modificarla.
En situaciones como éstas, lo primero es construir un sólido acuerdo
entre los cuadros para que los problemas nos templen y no nos desgarren y dividan.
Proponemos como puntos básicos de este acuerdo político entre
los cuadros que deberán conducir la transformación del partido
en una fuerza apta para cumplir los roles que la situación nos exigen
los siguientes:
a) La iniciativa política debe presidir toda la labor de fortalecimiento
del partido,
b) Son momentos para potenciar el estudio, los debates, los procesos de formación
política de toda la militancia, incluyendo este mismo comité central
que se debe proponer auto superarse y asumir la responsabilidad de conducir
responsablemente el proceso que comenzamos y que solo podrá tener éxito
gracias a un esfuerzo perseverante,
c) Solo superando la dispersión política y concentrando todas
las fuerzas en los puntos vitales de nuestro proyecto podremos avanzar, la persistencia
de la dispersión política, el desarme ideológico y la feudalización
orgánica nos condenan a la impotencia política, en esta cuestión
el rol de los cuadros nacionales es decisiva.
d) Se trata de tener una mirada comprensiva, tolerante y fraternal ante los
problemas y al mismo tiempo de una actitud enérgica de compromiso verdadero
con la superación de los mismos; el comité central no puede ser
un "analista de lujo" de la situación política nacional
y regional, sino la conducción efectiva de una fuerza que pelee con todas
sus posibilidades y potencialidades su propuesta política,
e) La construcción de la Juventud Comunista como una organización
juvenil revolucionaria de carácter nacional, autonomía organizativa
y voluntad política de desplegar nuestro proyecto entre el sector más
agredido por el capitalismo en todas sus instancias, sigue siendo nuestra principal
orientación estrátegica en el proceso de fortalecimiento del partido.
Superar toda forma de paternalismo, tanto el que deriva en una limitación
de las responsabilidades políticas de la Fede como el que esquiva la
crítica constructiva y el balance permanente que las instancias de conducción
partidaria deben hacer de la actividad juvenil comunista, es un paso imprescindible
para comopletar el proceso abierto ya hace unos años, que ha dado pasos
importantes pero que no termina de alacanzar los objetivos definidos en común
por la dirección nacional del partido y de la Fede.
f) El tema de los trabajadores ocupados tiene que volver a ser central en todo
el partido, no se trata de subestimar ningún componente del sujeto social
pueblo pero sí de concentrarnos en aquel que pensamos central;
f) La construcción de atributos organizativos, ideológicos/culturales,
financieros, logísticos es un proceso que debemos transitar ahora; no
existen dos tiempos: uno para la política concreta y otro para la construcción
del partido ideal.
Plan de Acción:
Campaña
nacional contra la carestía de la vida
Consulta popular contra el ALCA
Elecciones de CTERA
Plan de lucha de la C.T.A y de la A.N.T.
Congreso Nacional del MTL
Campaña de solidaridad con Cuba e Irak
Encuentro Nacional de Mujeres
Encuentro de Solidaridad con Cuba. Santa Fe. 14/15 y 16 de agosto
Constitución del Movimiento Campesino de Liberació
Congreso Popular en defensa de la Educación Pública. La Rioja.
13 y 14 de agosto
Comité
Central del Partido Comunista,
Documento político aprobado en las sesiones del 24 y 25 de mayo de 2004
Referencias
1-se ha perdido más tiempo en discusiones semánticas
sobre el nuevo movimiento de movimientos que en tratar de comprenderlo. En los
últimos materiales europeos se menciona la tendencia de muchos a designar
el movimiento como "alter globalización" (Guía para
una globalización alternativa. Otro mundo es posible (Ediciones B, 2004),
del marxista español Francisco Fernández Buey.
2-por razones de economía en la redacción utilizaremos la convención
"derecha fundamentalista" al referirnos al sector de las derechas
más comprometido con una aplicación dogmática de los principios
neoliberales y la estrategia global imperialista, para distinguirla de una "nueva
derecha" que prefiere fingir disgusto al aplicar, en lo esencial aunque
no exactamente, la misma política. James Petras caracteriza a Kirchner
como "la nueva derecha argentina", quedando para Menem y sus complices:
Ruckauf y los que conducen la Cruzada Blumberg por ejemplo, como la "derecha
fundamentalista".
3-el desprecio por el derecho internacional, la subordinación de la ONU
a sus planes y el uso "preventivo" de la fuerza militar son algunos
de los datos en que se basa esta afirmación que no debe tomarse en forma
literal.
4-discurso de Rodofo en el acto de bienvenida de los primeros brigadistas de
la fede a Nicaragua
5-El Consenso de Buenos Aires II fue firmado por los gobiernos de Brasil y Argentina
en octubre de 2003 y es una actualización del I, firmado entonces por
Lagos, Lula, Castañeda, Chacho y muchos otros.
6-ver documento adjunto conteniendo una síntesis informativa sobre la
crisis económica
7-la forma organizativa multisectorial es la que adoptó el movimiento
popular de resistencia en Santiago del Estero, San Luis y la Rioja; la comparación
del rumbo de cada una de estos emprendimientos confirma de un modo tajante que
la cuestión pasa por quien logra la hegemonía política,
en función de la fuerza propia y de una adecuada política de alianzas
que permitan constituir un bloque de izquierda a su interior, que articule y
dispute con los sectores de cetnro y/o proclives a la conciliación con
el gobierno y confronte con la "derecha fundamentalista" que no renuncia
a participar de dichos ´ámbitos" por lo menos hasta que no
se consolide una hegemonía favorable a la confrontación con el
continuismo
8-la comparación no identifica a los agredidos, Chavez y Kirchner, sino
que resalta la "globalización" de los metodos de lucha política,
aprendisaje que muchas veces realiza más ràpido la derecha que
la izquierda. Para ampliar el analisis ver la intervención del Dr. Lerner
en la mesa redonda sobre seguirda publicada en Propuesta
9-la cita no es textual, pero si se consulta el editorial del periódico
del P.O. del 22/4/04 y el discurso inaugural de la Refrendación de la
IV Internacional se encontrarán señales de la línea argumental
que explicitamos.
10-nos parece adecuado recordar que para el Che Guevara: factor subjetivo es
conciencia de la necesidad de la revolución y de la posibilidad de triunfar
en la lucha. Definición que lejos está de considerar "factor
subjetivo revolucionario" al simple repudio de las formas de dominación
y explotación que sufre el pueblo
11-Cuadernos Marxistas dedicó un número especial con los documentos
partidarios de entonces y los materiales de la Conferencia Nacional de Partido
que realizamos en enero de 2002. Allí se pueden consultar estos enfoques
12-el sistema es tan sólido que se da el lujo de tener su propia ala
izquierda, ahora convertida en el más furioso medio oficialista: Pagina
12 y su sistema comunicacional.
Comité Central del Partido Comunista,
Documento político aprobado en las sesiones
del 24 y 25 de mayo de 2004