181º ANIVERSARIO
CONSTRUYAMOS EL AYACUCHO DE LA SEGUNDA INDEPENDENCIA

A 181 años de la primera independencia de Nuestra América, continúa pendiente lograr la verdadera integración de nuestros pueblos. El impulso está dado por la Revolución Bolivariana. Llegó el momento de ganar la batalla final contra el capitalismo, ganando nuestro Ayacucho para abrirle las puertas al socialismo del siglo 21.

Ayacucho, que en lengua quechua quiere decir Rincón de los muertos, fue bautizado así porque fue el lugar donde un 16 de noviembre de 1532 el conquistador Francisco Pizarro degolló al Inca Atahualpa y a seis mil indígenas más, apoderándose del Perú. Tres siglos después el sentido del nombre se reafirmaba con los más de dos mil herederos de Pizarro muertos por las armas de la revolución, en la batalla final por la primera independencia de Nuestra América.

La revolución por la emancipación llevaba quince años desplegándose por toda la geografía de Hispanoamérica. Marcos Domich -con cierta inspiración poética- llama a esta ola revolucionaria continental "una especie de fuego santo común que inflama y contagia a las huestes del continente. La misma euforia, la misma esperanza e idéntica bravura despiertan las acciones revolucionarias de Charcas, La Paz, Quito, Caracas, Buenos Aires, Santiago, Arequipa, Montevideo o Cochabamba" (Marcos Domich Ruiz. La fascinación del poder).

En esos gloriosos quince años, desde los primeros estallidos contra la institucionalidad colonial (Chuquisaca, el 25 de mayo de 1809; Caracas, abril de 1810; Buenos Aires, 25 de mayo de 1810), las fuerzas patriotas de Sudamérica, con sus dos grandes ejércitos de liberación: el de San Martín desde el sur y el de Bolívar desde el norte, van confluyendo hacia el Perú -entre victorias y derrotas, independizando virreynatos y capitanías- para enfrentar al mayor poderío militar español asentado en América.

Los argentinos por el sur llevaron las banderas de la revolución, y sus sueños con ellas, hacia Paraguay, el Alto Perú (hoy Bolivia), y junto con los chilenos hacia el otro lado de las montañas más altas de América, irradiando la luz de la nueva época en los campos y ciudades de Chile, Perú y Ecuador. Los venezolanos y colombianos por el norte portaron las suyas -que eran las mismas- desde el Caribe al Pacífico y hasta el altiplano peruano, trepando también, como sus hermanos abajeños, las altas cumbres de la columna vertebral de piedra, para caerles a los godos, liberando Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia.


LA BATALLA "CUMBRE DE LA GLORIA AMERICANA"

Así la definió Bolívar a la protagonizada en Ayacucho.
Luego del triunfo de Bolívar sobre Canterac, el 6 de agosto de 1824, en la batalla de Junín, el Libertador entregó a Antonio José de Sucre el mando del ejército y dio la vuelta a Lima para reunir nuevos contingentes de tropas. Sucre persiguió a los españoles que estaban al mando del virrey La Serna, hasta enfrentarlos en los llanos de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.
Tenían los realistas 9.320 hombres disponibles de todas armas y once piezas de artillería. Sucre sólo contaba con seis mil hombres y una sola pieza de artillería. En apenas una hora de combate, el triunfo fue total para las fuerzas patriotas.
Lo más simbólico de esta batalla, más allá de haber sido el momento en que se le quebró el espinazo definitivamente al colonialismo español, es que en las filas revolucionarias, tanto entre los oficiales, como entre suboficiales y soldados, combatieron y dieron su vida por la independencia, patriotas peruanos, argentinos, colombianos, ecuatorianos, panameños, bolivianos, mexicanos y chilenos. De manera que en Ayacucho corrió sangre de las más diversas regiones del continente, en aras de la libertad, la independencia y el objetivo de la Patria Grande, ya que todos los patriotas se sentían hijos y ciudadanos de toda Hispanoamérica. Esta concepción se refleja claramente en el ideario de los libertadores: Bolívar le escribía a San Martín: "La guerra en Colombia ha terminado y su ejército está pronto a marchar donde quiera que sus hermanos lo llamen, muy particularmente a la patria de nuestros vecinos del sur". Sucre, al ingresar al territorio de la Audiencia de Charcas escribía a Bolívar, sin dejar lugar a dudas: "En abril se habrá acabado esta fiesta y veré de qué nos ocupamos por la Patria. Tal vez La Habana es un buen objetivo". Conocida es la frase de San Martín: "Jamás desenvainaré mi espada si no es por la libertad de toda América".

SUCRE


De manera que todos ellos luchaban por la libertad de la Patria Grande y no solamente por sus patrias chicas.
El triunfo de Ayacucho habilitó la posibilidad de convocar al Congreso Anfictiónico, en el cual Bolívar cifraba las expectativas de poder fundar una institucionalidad, tipo federación, que hiciera realidad la unidad de toda nuestra América. Lamentablemente, los intereses de las oligarquías que se iban apoderando del poder en cada joven república, sumados a la coerción diplomática de los Estados Unidos y de Inglaterra, impidieron que tal objetivo se concretase, a pesar de que el Congreso funcionó en Panamá en 1826
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HACIA LA NUEVA AYACUCHO

La verdadera integración de nuestros pueblos sigue siendo un tema pendiente. Gran impulso le está dando a este postergado objetivo, en este principio de siglo, la Revolución Bolivariana en Venezuela y su líder, Hugo Chávez Frías. Podemos decir, haciendo una analogía, que la reciente Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata fue una nueva batalla de Junín, ganada a los que intentan aplicarnos el Alca. Pero como dijera el comandante Chávez en el acto en el estadio, ahora tenemos que ganar la batalla final, diciéndole ¡al carajo! al capitalismo. Esa será la batalla de Ayacucho del siglo 21, en la que todos los pueblos de Nuestra América derrotaremos definitivamente al neocolonialismo, abriendo así las puertas para el nuevo socialismo.

Horacio A. López

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