DEMANDAS EN JUJUY

MORIR POR AIRE, POR TIERRA Y POR AGUA


Ledesma, importante empresa papelera de la provincia del norte argentino, también productora de azúcar, es la verdadera dueña de la vida y la muerte de miles de personas. Los trabajadores despedidos reclaman la jubilación por insalubridad

Somos un grupo de alrededor de mil personas, que estamos afectados en esta lucha", cuenta Eduardo Martínez, trabajador despedido de Ledesma en la década de los noventa.
Al igual que varios millones de argentinos, a Martínez la llamada reconversión industrial lo privó del que había su medio de vida: el trabajo.
Ledema llegó a contar con quince mil empleados. Hoy, automatización de las actividades mediante, no superan los dos mil.
La principal demanda de los ex trabajadores se vincula fundamentalmente al pedido de jubilación por insalubridad. "Hemos trabajado en la empresa, aportado y no podemos jubilarnos por insalubridad. Muchos de nuestro grupo están enfermos, no tienen cobertura médica y la situación económica es terrible", cuenta Martínez, que trabajó veinticinco años en Ledesma, en la división fábrica de papel. "Las consecuencias para la salud de los trabajadores son terribles para quienes estuvimos tanto tiempo en la fábrica: problemas de respiración, en el sistema nervioso, sobre todo los que trabajaron en las celdas de mercurio, en las plantas electrolíticas", asegura Martínez, quien junto a un importante grupo de trabajadores despedidos por Ledesma protagonizan desde hace varios meses la lucha por el derecho a una vida digna. Casi todos fueron dejados cesantes por Ledesma, en condiciones muy irregulares, con indemnizaciones fijadas arbitrariamente por la empresa, que contó con la vista al costado del estado y la complicidad de los sindicatos burocráticos y patronales.
El tema de la contaminación ambiental surge, obviamente, en la charla con Martínez, durante la entrevista con Nuestra Propuesta en Libertador General San Martín, en la provincia de Jujuy. Este lugar del norte argentino, mal llamado Ledesma por la preponderancia de una empresa tremendamente explotadora, es también un gran foco de contaminación. La referencia aparece en relación con Botnia y Ence, las plantas de producción de pulpa para celulosa, que se construyen en la ciudad uruguaya de Fray Bentos. "Aquí hace más de cuarenta años que se utiliza cloro para la fabricación del papel. Es un método muy económico y la calidad de la pulpa blanqueada es muy superior a los otros sistemas. A la vez es muy contaminante y muy insalubre", relata Martínez y agrega que la contaminación se produce por aire "por la emanación de gases que despide el proceso químico de la papelera, del azúcar, del alcohol y del jugo concentrado del citrus. El agua, por los enormes concentrados que hay en la represa receptora, que después se derivan al río San Francisco. Y el suelo, por las napas freáticas".
Las enormes pilas de bagazo, de miles de toneladas, que están en las inmediaciones de la planta son una de las principales muestras del desprecio de Ledesma por el medio ambiente. Están a apenas metros de los barrios donde viven algunos trabajadores de la empresa y, relata Martínez, "está comprobado que produce bagazosis". Una enfermedad cancerígena que costó la vida de Olga Márquez de Aredes (ver aparte). El bagazo es la principal materia prima de la fabricación del papel y residuo de la de azúcar. "Nosotros empezamos a pelear por tanta gente que murió y está enferma, por la situación económica en la que se vive. Como estamos peleando por el tema de la jubilación por insalubridad, viene a relucir el tema de la contaminación del medio ambiente", finaliza Eduardo Martínez.


¿FEUDALISMO MODERNO O CAPITALISMO NACIONAL?

Mucho se habla acerca de las prácticas supuestamente feudalistas de la empresa Ledesma. Pero en verdad, las relaciones que este emporio económico estableció con el poder político, con las fuerzas militares y de seguridad, con la Justicia y con los trabajadores, poco tiene que ver con las que se establecían hace más de cuatrocientos años, en la etapa anterior al capitalismo.
Realizar una acción como la de la Noche del Apagón, ocurrida en julio de 1976, para hacer desaparecer a molestos opositores políticos, a delegados sindicales que respetaban su compromiso de clase, o a un intendente destituido que se atrevió a cobrarle impuestos a la empresa, como el conocido caso de Luis Aredez, no son más que expresiones de un moderno y muy nacional capitalismo. Un sistema que comete genocidios permanentes sin perder su condición señorial. Por ahora, ya que se sabe que en la historia no hay nada definitivo.

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