ROMPIENDO LOS LÍMITES DE LO POSIBLE

La lucha contra las dictaduras, contra las leyes que nos intentaron proscribir. La lucha a favor del incremento de los salarios, ser parte de las grandes huelgas y las grandes movilizaciones. La pelea cotidiana por los derechos humanos, por la salud, la vivienda, la educación, contra la represión y la discriminación. La solidaridad internacional con todos los pueblos en lucha, con Vietnam, con Cuba, con Venezuela.. La tenacidad de unir a todos los oprimidos, de coordinar todas las luchas, de construir una alternativa política. La batalla por la revitalización de las utopías, gritar una y mil veces que la historia no se terminó. La convicción de que lo posible no es ninguna realidad presentada como inmodificable. Esto son 85 años rompiendo los límites de lo posible. Levantar nuestras banderas, flamearlas con el orgullo. Acordarnos de los que siempre lucharon y van a seguir luchando. Sentir cualquier injusticia en el cuerpo. Potenciar la bronca y la rebeldía en conciencia y organización. Saber de nuestros errores pero también de nuestros aciertos. Querer ser nosotros mismos los protagonistas de la historia. Vivir por la revolución y el socialismo. Esto son 85 años rompiendo los límites de lo posible.
Pensar la historia de la Fede implica, al menos dos miradas. Podemos mirar para atrás y recorrer el camino de los que nos precedieron. También podemos mirarnos a nosotros mismos, como sujetos y como generación, y pensarnos productores en esta historia. Es indiscutible que la Fede ha sido parte de las principales luchas de nuestro pueblo y que ha aportado a las luchas de otros pueblos del mundo. También es verdad que cada generación se incorpora a la lucha desde lugares propios, influida por las coyunturas nacionales e internacionales. A 85 años de la fundación de nuestra organización, nosotros, jóvenes comunistas en este nuevo siglo, tenemos por delante el legado histórico de construir el socialismo en la Argentina.
Y si el socialismo no es calco y copia, seguramente será continuidad de esas luchas de las que nuestros compañeros fueron parte y contendrá a las identidades con las que compartimos un camino, pero fundamentalmente será las formas y las maneras que nuestro pueblo encuentre para liberarse de la opresión, la dominación, la explotación. Porque, al menos para lo que a los comunistas nos respecta, el socialismo no es solo una forma diferente de distribución de la riqueza sino una nueva manera de organizar la vida, toda la vida, lo que se dice una nueva civilización que permita la realización plena de los varones y las mujeres. Y la Fede tiene un papel protagónico para jugar en ese escenario, si podemos romper más límites.
Los límites que culturalmente nos plantea la dominación capitalista. ¿Por qué vamos a sostener que la historia terminó si nosotros todavía no dijimos nuestra última palabra? ¿Por qué vamos a pensar que la política no es nuestra herramienta de transformación efectiva de la realidad? ¿Por qué vamos a dejar que otros digan / hagan sin nosotros tomar partido?
Los límites que nos imponen las condiciones de vida. ¿Por qué pensar que nuestra generación está condenada a no poder pensar el futuro? ¿O acaso no podemos tener acceso a la educación, la salud, la vivienda, el trabajo, a tener la posibilidad de elegir como vivir nuestro presente y proyectar nuestro futuro?
Los límites de aquellos que plantean que la rebeldía es una cuestión generacional. ¿O acaso este sistema no nos mata -con hambre o con balas- tanto a los 17, como a los 35 o los 50 o los 70?
Los límites de quedarnos con lo que tenemos, de conformarnos con lo que hay, en todos los planos de nuestra existencia.
Y aportar a la lucha por la revolución en la Argentina implica la necesidad de pasar a la ofensiva no solo como una posibilidad del momento sino también como un deber de los revolucionarios frente a la situación a la que estamos sometidos al igual que la mayor parte de nuestro pueblo. Y si cada generación se incorpora a la lucha con medios propios será nuestra tarea construir una nueva fuerza política que contenga y proyecte todas nuestras identidades y experiencias, que haga de la diferencia un factor de fuerza y no una causa para expulsión de nadie, que defienda la pluralidad como un principio y que asuma que hoy, acaso como nunca antes en nuestros 85 años, hay muchos más fuera de todo lo organizado que dentro y que por eso tenemos tanto futuro de construcción; sobre todo si lo que construimos se hace de un modo tal que pueda aportar a que nazca la alternativa real para disputarle a los que detentan el poder construyendo un poder distinto que, basado en organización popular de todos los sectores oprimidos, vaya ganando lugares en la historia. Porque empezar a ser nosotros mismos y las organizaciones que nos demos, algo parecido a lo que queremos construir en el futuro implica nuevas prácticas, nuevas relaciones, nuevas formas de intervención que cuestionen el estado de cosas actual y demuestre, prácticamente, que otra realidad es posible. A esto queremos aportar, y eso solamente lo haremos con una Federación Juvenil Comunista que sea creativa, rebelde, innovadora, transgresora en lo que no se banca. Que pueda ser el lugar desde donde miles de jóvenes puedan hacer más enriquecedoras sus luchas, un lugar de análisis crítico profundo que vaya de la mano de intervenciones efectivas sobre la realidad. Una Fede que piense y repiense sus contenidos y sus formas las veces que sea necesario para enfrentar de mejor manera la lucha por la revolución en nuestro país. Una Fede que haga de la tradición y la memoria un insumo para recrearse y no un culto ordenado del pasado. Una Fede que se piense y que consecuentemente actúe, como un actor imprescindible de la historia, porque para que el futuro sea nuestro se lo tendremos que sacar en la pelea, al imperialismo, a sus personeros nacionales, para que el sueño de la revolución lo empecemos a conjugar en presente.

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