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Por
Hernán Randi
TRATADOS CON LOS CRIMINALES (TLC) O UNIÓN SUDAMERICANA
El gobierno de los EE.UU. considera que nuestra vida
misma sigue siendo un problema de alto riesgo para su seguridad nacional, el
pan y la leche de nuestros hijos son los elementos con los que el terrorismo
mundial engrosa sus filas. El trabajo, el salario digno, la salud y la educación
armas de destrucción masiva que podrían poner en vilo el estilo de vida norteamericano.
Es por ello que se hace necesaria la unidad política de nuestros pueblos para
defender los intereses de una nueva patria grande, de una Nación de Repúblicas
como soñó Simón Bolívar. Y no es más que esto lo que se promueve desde Venezuela.
La República Bolivariana de Venezuela, en la voz de su presidente Hugo Chávez,
anunció su salida de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) ¿A quién sorprendió
esta resolución? A nadie. Amigos y enemigos del socialismo del siglo 21 saben
muy bien de qué se trata.
La CAN, que existía formalmente desde 1969, actuaba como asociación comercial
de las burguesías exportadoras de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela.
Toda la circulación de trabajo humano, bienes y servicios era utilizada por
el imperialismo, hegemónicamente yanqui, para desarrollar su economía y para
garantizar la supervivencia política de estas burguesías cipayas. Así era, y
así sería siempre. ¿Quién podría discutir esta afirmación con la unipolaridad
del mundo post caída de la Urss? La Revolución Bolivariana.
Con la irrupción del proceso venezolano y su acción humanista de apoyo a la
Revolución Cubana en medio de una de sus crisis económicas más profundas, sobrevino
un cambio radical para el desarrollo de los movimientos populares y sociales
de nuestro continente. Como no podía ser de otra manera, también sus acciones
impactaron sobre procesos institucionalizados y normados internacionalmente,
como la CAN y sus estados consignatarios.
Las relaciones signadas por la dependencia de nuestra cultura, de nuestras economías,
de las formas jurídicas de organización de nuestros estados, comienzan a ponerse
profundamente en cuestión por parte de los pueblos Nuestroamericanos. De allí
que el anuncio venezolano de retirarse de los marcos estructuralmente dependientes
de la CAN vaya acompañado de una profunda acción política de unidad.
La propuesta venezolana de construcción del Alba no sólo busca solucionar nuestros
problemas en términos económico-sociales, culturales, financieros, comunicacionales,
etcétera, sino que entiende que la única herramienta para transformar definitivamente
la realidad latinoamericana es la política.
Unión Sudamericana, Nación de Repúblicas, multilateralidad versus unilateralidad
de los tratados de libre comercio (TLC) entre yanquis y norteamericanizados
locales, fin de las relaciones asimétricas, construcción de una alternativa
basada en la solidaridad, la cooperación, la reciprocidad y la ayuda mutua:
esto, señores, se llama política.
El problema energético existente a nivel mundial no es el tema a tratar en este
artículo, pero está claro que quien lo tiene resuelto en nuestro continente
es Venezuela, principal exportador de petróleo, que cuenta a su vez con las
mayores reservas gasíferas luego de Bolivia. Venezuela ofrece su combustible
sin establecer relaciones de asimetría a todos los pueblos de nuestro continente.
¿Quién puede discutir hasta aquí que no es revolucionaria la construcción de
la unidad americana propuesta por los bolivarianos? ¿Quién puede negar que los
procesos cubano y venezolano siguen siendo el ejemplo moral en el marco de una
cultura devastada por tantos años de entrega? Ahora bien, los EE.UU. también
construyen sus intereses por sobre los nuestros haciendo política. ¿Qué cosa
es, sino, desarrollar los TLC con algunos gobiernos latinoamericanos a sabiendas
de que nada beneficioso serán para la vida de esos pueblos? Quizá no sería alocado
pensar que se quiere construir un dique de contención a los ejemplos que emanan
de Cuba y Venezuela. Si un pilar de esta política de combatir la propuesta de
unidad latinoamericana es la implementación de los TLC, no podemos pensar que
sea el único. Es por ello que el análisis no debe olvidar tanto la militarización
constante de nuestro continente que, sumada a la instalación de bases militares
norteamericanas, son el reaseguro del dominio geopolítico de América Latina.
En términos político concretos la gran jugada en primera instancia de los norteamericanos
se da en los procesos electorales. En este sentido, las elecciones de octubre
en Brasil aparecen como uno de los objetivos fundamentales de la política norteamericana.
Frente a esta situación, la única alternativa para dejar de ser el patio trasero
de Estados Unidos es acumular esfuerzos para seguir construyendo la propuesta
bolivariana de unidad sudamericana. Para ello, es necesario entender a esta
unidad no sólo como la ruptura de las relaciones asimétricas de nuestros países
con los EE.UU, sino también como ruptura de relaciones asimétricas que se producen
entre los propios países latinoamericanos. Ejemplo de esta asimetría es la historia
de las relaciones entre los estados brasileño y argentino para con el Uruguay.
Para establecer una relación de igualdad entre nuestros pueblos, Venezuela hace
una apuesta fuerte en su intento de ingresar con todos los derechos y garantías
en el Mercosur a fin de convertir este enclave, hasta aquí sólo comercial, en
una unidad política de nuevo tipo.