EDITORIAL

 

DIFERENCIAS

Si hay algo que muestra en forma palmaria la realidad actual latinoamericana, es la diferencia que se profundiza entre una propuesta de cambios estructurales antimperialistas a favor de los pueblos como la que encaran Chávez y Evo (en línea con la Revolución Cubana) y la del kirchnerismo sustentada en el posibilismo tramposo de la Tercera Vía con la ambición irreal de instalar un capitalismo benefactor. Que se quede tranquilo el ministro Aníbal Fernández, no necesita valerse de sesudos argumentos para mostrar que lo de Venezuela difiere de lo que ocurre en Argentina. La recuperación de las riquezas naturales de la hermana Venezuela y la nacionalización de las principales empresas, no tienen nada que ver con la reciente Ley petrolera (aprobada por los disciplinados legisladores kirchneristas de diversos signos originarios) que no sólo entrega la plataforma submarina sino que otorga millonarias subvenciones a los monopolios para que nos sigan robando luego de haber succionado gran parte del mineral no renovable sin hacer loas inversiones necesarias, agotando las reservas encontradas en su momento por YPF y colocando finalmente al país frente a una ya cercana y visible crisis de carácter energético.
No hablemos de la extranjerización de las tierras denunciada fuertemente por la Federación Agraria. Tampoco de la renta minera que se embolsan las multinacionales mientras envenenan el medio ambiente, tal como lo evidenciaron los pobladores de diversas provincias y sus movimientos que procuran, mediante denuncias y movilizaciones, parar esta brutal política oficial.
Por supuesto, tampoco tiene nada que ver el curso actual seguido en la Argentina con la nacionalización de los hidrocarburos que produjo en Bolivia el gobierno encabezado por Evo Morales.
Y se perfilan posibilidades de que en Ecuador con el triunfo de Rafael Correa y en Nicaragua con la vuelta al gobierno del sandinismo (que ya ha acordado con Venezuela, Cuba y Bolivia la firma del Alba) se abran perspectivas alentadoras para la continuidad de un proceso liberador antimperialista, signado por la alcanzable utopia del socialismo del siglo 21.
No se trata de sueños irrealizables. Tampoco de teorías abstractas. Es la realidad de un subcontinente que ha comenzado a encarar un curso de liberación, que es posible por la incapacidad del capitalismo de dar solución a los reclamos de los pueblos, porque su crisis está poniendo en peligro a toda la humanidad y porque, en definitiva, el hambre es un crimen, y también porque ha madurado una conciencia y una voluntad política en amplias masas obreras y populares que van imponiendo, con luchas, con sacrificios y con sangre derramada, una alternativa alteradora del orden burgués existente. Es la hora del socialismo, renovado y patriota, hundido en las entrañas de la Patria Grande que desvelara los sueños de nuestros próceres libertarios.
Esa es la senda por donde transita hoy el proceso revolucionario latinoamericano y es con la que pretendemos contactar los comunistas con nuestra propuesta de construir un nuevo movimiento histórico, capaz de involucrar a las amplias mayorías hoy dispersas y erigirse en el centro de la lucha de clases, como alternativa política de gobierno y de poder.
Dispongámonos, con mayor dinámica y audacia, a apurar los ritmos de construcción. Para ello, debemos vitalizar la fuerza propia y poner más a los organismos básicos del Partido y de la FJC inmersos en los movimientos de masas obreros, estudiantiles, territoriales, de derechos humanos y populares en general, organizando la lucha reivindicativa y, en la medida de lo posible, enlazándolas con propuestas electorales amplias que contacten con esas acciones combativas y eviten en consecuencia, cualquier tipo de desacumulación.
Un camino que permita ir uniendo lo coyuntural con lo estratégico, una propuesta electoral amplia en su composición asentada en acuerdos políticos programáticos cuya profundidad esté a tono con la exigencia de cambios. Una verdadera Central alternativa de trabajadores y un centro coordinador de los movimientos populares, pueden convertirse seguramente en los pilares que sustenten la alternativa política imprescindible.

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