EDITORIAL

 

"NUEVA ÉPOCA DE CAMBIOS"

Hemos iniciado un año que tendrá contornos coyunturales muy particulares y además estarán insertos en una nueva realidad político-social latinoamericana que, como dijera Correa, el nuevo presidente ecuatoriano, no se trata de "cambios en la época", sino de una "nueva época de cambios".
En nuestro país, como es sabido, habrá elecciones nacionales, provinciales y municipales, las cuales se realizarán en momentos en que el gobierno intensifica su discurso tratando de mostrar el crecimiento económico como parte de sus aciertos (hoy disputados por Lavagna que se autoasume como el verdadero mentor) y levantando una falsa estadística del costo de vida, pergeñada por la dupla Miceli-Moreno, según la cual, la baja inflación, nada más que del 9,8 por ciento, no ha afectado la capacidad de consumo de los trabajadores y sectores medios.
También la línea discursiva del kirchnerismo seguirá batiendo el parche acerca de su política de "derechos humanos", a pesar de que el aparato represivo de la dictadura sigue intacto, los esbirros del proceso gozan de pleno empleo y, con mucha bronca y tristeza lo decimos, sigue sin aparecer el compañero Julio López. Para peor, el caso Gerez, no solo continúa sumido en una maraña de complicaciones sino que comienza a dar lugar a distintas versiones que, si resultaran ciertas, el gobierno y su principal sustento político, el PJ, seguramente pagarán un alto costo político.
Y ya que hablamos del PJ, la investigación judicial abierta acerca de los crímenes, las bombas y las torturas llevados a cabo por las Tres A, no sólo está poniendo en la picota a Isabel Perón, sino también a lo más connotado de la dirigencia peronista de aquella época nefasta, algunos de los cuales aún transitan por la vida política argentina. En ese proceso judicial, el Partido Comunista también es querellante.
La distribución de la riqueza de manera equitativa brilla por su ausencia. La diferencia entre los que más y los que menos tienen se profundiza, a pesar de haber crecido la ocupación, por eso sigue habiendo millones de pobres e indigentes.
El transporte en general adolece de fallas mientras se incrementan los subsidios estatales, se entregan los recursos naturales y encima se les paga a las multinacionales para que se apropien de rentas multimillonarias. Se engordan las reservas, pero se mueren niños de hambre. Se habla de una nueva ley de educación progresista, pero continúan las escuelas ranchos, no se reconocen los derechos de los docentes y los jóvenes provenientes de los sectores populares carecen de futuro.
Todo esto es así porque estos gobiernos de Tercera Vía, cuyos pretendidos méritos son adornados por los medios de difusión a su servicio y que viven de la propaganda oficial, pueden momentáneamente engañar o cooptar inclusive a sectores del campo popular. En estos momentos es cuando más se aprecia la necesidad de que el campo popular y las izquierdas tengamos construida una alternativa política de gobierno y de poder.
De allí entonces, que la coyuntura electoral también debe servir para ir avanzando en esa construcción por medio de propuestas político-electorales que estén en correspondencia. Que sean de carácter amplio, tratando de involucrar a gran parte del sujeto social afectado expresado por un discurso renovado a tono con el clima de cambios que se registra en Latinoamérica, pero que esté cimentado en una programática profunda surgida del acuerdo entre fuerzas políticas que manteniendo su independencia se identifiquen con los intereses del campo popular.
Pero además, la propuesta electoral y la propia campaña que proponemos los comunistas debe ser una campaña de lucha por una verdadera distribución de la riqueza, por aumentos reales de salarios, por plena ocupación, por salud, vivienda y educación. Debe servir para afianzar y desarrollar una Central de Trabajadores alternativa y una Central de movimientos sociales que enfilen su acción hacia la construcción de un Centro que coordine todas las luchas que libre el pueblo en pos de justicia social y en marcha hacia una nueva sociedad (para nosotros socialismo del siglo 21). En suma, debe contribuir a desarrollar la conciencia antimperialista de nuestro pueblo y a acompañar cada vez más decididamente a los pueblos y gobiernos que, como Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua (y probablemente Ecuador en un futuro) han comenzado a dar vida real al Alba como una manera concreta de afianzar la independencia de los estados nacionales junto con la verdadera integración solidaria de carácter regional.

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