POLITICA NACIONAL

 

ESTADO O TRASNACIONALES

MERCOSUR ¿PARA QUIÉN?


Por Arturo M. Lozza

La de Hugo Chávez en la reunión sobre integración que se acaba de realizar días atrás en Brasil ha sido la intervención más importante que se haya hecho desde la creación del Mercosur porque el presidente de Venezuela puso el dedo en el lugar que corresponde, donde más duele a aquellos que abundan en palabras que suenan bien pero que no toman medidas de fondo a favor de la verdadera integración de los pueblos, con independencia y soberanía.
Lo que señaló Chávez ha sido simplemente la realidad: así como está, los principales beneficiarios del Mercosur son las trasnacionales, más del 80% del intercambio comercial está protagonizado por ellas, es decir, precisamente por los núcleos concentrados de la economía globalizada que son los mayores enemigos de una integración bolivariana y liberadora. Por eso -añadió el presidente-, lo que debemos hacer es una política antiimperialista, porque el imperialismo -agregó- no es una palabra hueca, existe, golpea, invade, domina, por lo tanto, nuestras naciones del Mercosur -aconsejó- deberán fortalecer el papel de cada Estado en el manejo de sus recursos estratégicos.
Buen consejo para Néstor Kirchner, cuya administración discursea contra el neoliberalismo, pero sigue extranjerizando la economía.
Según los propios datos del Indec -y publicados este lunes por Clarín- dos de cada tres grandes firmas no financieras que operan en el país son extranjeras. El pase de empresas de capitalistas argentinos a manos multinacionales ha proseguido, tan raudamente o más que en el menemato. Avanzó también la concentración porque el 10% de las empresas -cincuenta compañías- se llevó el 68 por ciento de los 38.000 millones de pesos de utilidades de todo el panel productivo que se realiza en Argentina. Mayor sería esa concentración si contabilizáramos a financieras y aseguradoras.
Como lo señalamos en nota anterior, las ganancias de las 500 empresas más importantes que operan en el país, casi todas extranjeras, prácticamente se duplicaron en solo tres años al pasar de 19.350 millones de pesos en el 2003 a casi 38.000 millones en 2006. El 92,1 por ciento de esas ganancias corresponden a empresas extranjeras y solo el 7,9 a nacionales. Por eso han crecido sideralmente las trasferencias de utilidades de las trasnacionales radicadas en la Argentina hacia sus casas matrices. Ni un céntimo han dejado aquí, toman ganancias y las mandan afuera. Se trata de un verdadero saqueo a la vista de un gobierno que sigue hablando de distribución justa de los ingresos, pero que pone techo a los aumentos de salarios y poco y nada hace por retomar los resortes claves de la economía argentina hoy en poder del capital extranjero, es decir, como lo dijo Chávez, en poder del imperialismo.
No solo no se fortalece el rol del Estado, sino que nada se hace para impedir el traspaso de empresas argentinas a manos de las empresas del imperio. ¿Adónde está la política anunciada por el presidente de favorecer el "capitalismo argentino"?
La realidad nos muestra que todo es un bluf, que ni el Estado bajo la administración Kirchner, ni el segmento cada vez más reducido de un enriquecido y corrupto gran empresariado argentino han mostrado hasta ahora su capacidad para impulsar un proyecto verdadero de desarrollo soberano.
Así las cosas, entonces, con esta política continuadamente neoliberal, donde el dios sigue siendo las intocables ganancias de las trasnacionales, el Mercosur no podrá cumplir sus metas de integración con soberanía, más bien continuará beneficiando al capital concentrado y no a los pueblos. Aunque en esta etapa de nuestra América -y esto es lo verdaderamente apasionante- los que más empujan son los vientos del cambio, el antiimperialismo. Y será cabalgando sobre este antiimperialismo que el Mercosur será lo que debe ser.

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