EDITORIAL

 

CRECIMIENTO PARA QUÉ

Es indudable que durante los últimos años, a la hora de generar riqueza, los esfuerzos que realizamos los argentinos son muchos, pero paradójicamente se diluyen cada vez más los beneficios para la sociedad y sobre todo para aquellos que menos tienen. En este camino en una década el país va a deber aproximadamente la mitad de la riqueza que produce cada año. Así, producir para pagar sigue siendo parte medular de la estrategia de la gestión kirchnerista, lo que lleva a que el tan promocionado crecimiento de la economía diste mucho de ser virtuoso.
En este contexto, el gobierno nacional vuelve a elegir a sus interlocutores predilectos a la hora de debatir condiciones salariales. Desde la Casa Rosada ya se deslizó que durante 2007 en la negociación paritaria el techo no debe exceder el 15 por ciento, mientras que los gordos de la CGT con Armando Cavalieri y Hugo Moyano a la cabeza, salieron a plantear porcentajes que suben hasta el 20. En un año electoral y con la manifiesta funcionalidad de la burocracia sindical hacia la gestión K, es prudente dudar sobre la honestidad de este tipo de reclamos, y no puede esperarse otra cosa que una negociación a espaldas de los trabajadores, que más que paritaria tendrá las características de una mesa de poker a la que están sentados viejos socios.
Lejos de la lógica de quienes ocupan la Rosada, la CTA planteó que no se puede hablar de una canasta familiar básica inferior a los 1800 pesos, algo que, de ser atendido por el gobierno, cambiaría significativamente cualquier escenario de negociación salarial. Mientras tanto, más allá del crecimiento y el superávit, la carestía continúa siendo una palpable realidad que padecen día a día los trabajadores.
La discusión sigue siendo entonces no sólo cómo, sino para qué generar riqueza, lo que ineludiblemente conduce a plantear o no, la redistribución de los recursos que ésta produce. Ese es el debate de fondo, el mismo que el kirchnerismo elude y pretende disimular, aquel que compromete a un numero creciente de sectores que, aun en forma desarticulada, lo ponen sobre la mesa y sacan el conflicto a la calle.
Sobre esto habla con singular elocuencia la movilización que durante los últimos días tuvo como protagonista a la FAA, que planteó aspectos tácticos pero también profundizó en un mensaje de tipo estratégico que es preciso escuchar.
Contribuir a la articulación de los distintos actores de un sujeto popular que sigue siendo agredido por la continuidad de la aplicación de las políticas neoliberales, es una tarea que nos demanda la hora. Para hacerlo es necesario no olvidar que ese estadío del Estado capitalista fue posible gracias a la aplicación del terrorismo de Estado, que tuvo a la Triple A como una de sus expresiones inmanentes, en los albores de su etapa de mayor crueldad en la región.
De ahí que se haga necesario avanzar en una agenda concreta que conduzca a la cárcel a los asesinos de ayer, que también debe incluir una inclaudicable exigencia de que se garantice hoy la vigencia de los derechos humanos en cada una de sus expresiones. El reto es aportar a que se generen condiciones para articular el encuentro de quienes componemos el campo popular. La batalla electoral que nos espera este año va a ser un peldaño importante en tal dirección. Los comunistas logramos que nuestra fuerza y voluntad militante aporten a ricas experiencias que ya están desarrollándose; Entre Ríos, Santa Fe y Salta, entre otras, se presentan hoy como alentadoras búsquedas de la construcción de alternativa política. Los caminos se van trazando, la tarea es ardua y la construcción de una fuerza que articule lo social y lo político con vocación de disputar gobierno y poder es un formidable desafío que tenemos que afrontar.

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