PARTIDOS, FRENTES, MOVIMIENTOS

Por Ariel Bignami

La discusión actual en torno a la propuesta de fundar, en Venezuela, un partido único de la revolución socialista, replantea una vez más el debate a partir de los instrumentos políticos de un proceso revolucionario, que no se limite a la visión tradicional predominante en la izquierda de inspiración leninista- partidos, comunistas o surgidos de esa matriz, originariamente monolíticos y sumamente verticalistas, centralizados, lo cual era pensado por muchos como características irrenunciables . En realidad, esas características tendían a obstaculizar el desarrollo no solo teórico de muchos de esos partidos.
El surgimiento de diversas corrientes- con distinto grado de legitimidad- dentro del movimiento revolucionario mundial y en sus márgenes, y sobre todo en el movimiento revolucionario continental latinoamericano, incluyendo sus expresiones insurreccionales y armadas- y la crítica más o menos justa a las falencias históricas de los partidos comunistas, maoístas, trotskistas, etc., pero sobre todo el surgimiento de procesos revolucionarios socialistas o socializantes como los de China, Vietnam o Cuba, o como Nicaragua ayer y Venezuela hoy, obligan a cuestionarse los esquemas como tales y a replantearse el tema de la vanguardia revolucionaria. Vanguardia autodesignada no, está claro, pero ¿se puede sin ninguna vanguardia? Y si no , ¿cómo construirla, legitimarla, establecerla? ¿Esta vanguardia tal vez indispensable, es necesariamente un partido? En tal caso, ¿es necesariamente un partido como los históricamente construidos en la izquierda marxista (o nacionalista popular, etc.)? ¿Son partidos de este tipo los que han encabezado los procesos revolucionarios contemporàneos? Procesos de los que solo quedan en pie sólidamente los que condujeron a regímenes socialistas vigentes en Cuba y Vietnam (considerar socialistas a las actuales China o Corea del Norte plantea muchos interrogantes, y Rusia ya ha transitado hasta el final el sendero de la restauración capitalista por donde parece andar hoy China).


LOS ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El inicio de la ruta de la construcción de una vanguardia revolucionaria está documentado en el Manifiesto Comunista, que recordémoslo, fue escrito por Max y Engels como declaración de principios de la Asociación Internacional de Trabajadores., que fue un verdadero partido revolucionario internacional o supranacional; allí se dice que "los comunistas son el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su visión de las condiciones de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario". ¿Se logró construir entonces partidos con estas características? Una o dos generaciones más tarde lo intentaron Lenin, Gramsci, Luxemburg, Mariátegui en sus respectivos países, y si lo consiguieron fue durante períodos históricamente breves: el stalinismo frustró ese intento. La primera revolución socialista, en 1871, la Comuna de París, no fue encabezada por un partido revolucionario de rigurosa estructura ni programa minucioso, ,sino por un conjunto abigarrado de tendencias - marxistas, bakuninistas, blanquistas, anarquistas- y por un sujeto social donde el viejo artesanado y el nuevo proletariado estaban todavía indiferenciados en el conglomerado de "pobres urbanos" muy similar a varias ciudades y países latinoamericanos o tercermundistas actuales. Por cierto , el nuevo poder revolucionario de la Comuna, con su democracia directa, fue derrotado y destruido, pero no por su indudable endeblez teórica y organizacional, sino por el peso de la intervención militar de las burguesías europeas.
Con la Revolución Rusa de 1917, surge la propuesta comunista de una Internacional que remite a la Comuna de París y al Manifiesto, también con nuevos criterios organizativos que, sin embargo, no alcanzaron para evitar derrotas y fracasos, hasta el inglorioso derrumbe del bloque soviético y de las experiencias afines.

CUBA: UN SALTO CUALITATIVO

Hoy parece ser Latinoamérica el centro de la iniciativa en cuanto a la etapa de resistencia prolongada que tiene inicialmente como eje a la Revolución Cubana. Recordémoslo también: esta gran revolución, ajena a todos los esquemas previos, fue encabezada en su etapa de disputa del poder, no por el partido comunista llamado Socialista Popular, sino por el Movimiento 26 de Julio, sin duda una fuerza política, pero cuya designación movimientista no es caprichosa ni casual; las fuerzas revolucionarias (M-26-7, PSP y Directorio Estudiantil) constituyeron inicialmente una coordinadora, la ORI, que recién más tarde refunda al Partido Comunista . En El Salvador, tras una larga experiencia de lucha armada conjunta de varias organizaciones reunidas en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, estas no se disuelven al constituirse este frente en partido, sino que subsisten como tendencias internas con su identidad propia. En Nicaragua, el Partido Comunista, totalmente browderizado (1) y con el nombre de Partido Socialista, fue hostil a la revolución sandinista que fue encabezada por un frente de tres tendencias bastante diferenciadas en el plano táctico, hoy partido político que pilotea un proceso donde no faltan contradicciones inquietantes, , pero que expresa las aspiraciones populares. El Frente Amplio uruguayo es de izquierda-centroizquierda-centro con hegemonía socialdemocrática, aunque la izquierda tiene cierta facultad institucional de control y considerable apoyo en el movimiento obrero; allí, pese a la historia de varias décadas de acción conjunta , nadie plantea la cuestión del partido único, lo mismo que sucede en Chile donde la sangrienta derrota de la Unidad Popular y de la vía pacífica aún pesa, pero avanza la construcción frentista (el Podemos, con el PC, el MIR y el Partido Humanista). En definitiva, que un frente o movimiento puede trasformarse en partido, con o sin tendencias internas, un conjunto de partidos puede constituir un partido, puede haber grados variables de coordinación. Son las fuerzas revolucionarias de cada país las que pueden decidir; como dice el refrán, los de afuera son de palo.
Y la realidad sigue siendo más rica y multicolor que las teorías (lo cual no impide que la teoría sea imprescindible, en su necesaria ida y vuelta dialéctica con la realidad material). Sin embargo, y volviendo al inicio de esta nota, como latinoamericanos y como revolucionarios (imperfectos, pero revolucionarios) sentimos la Revolución Venezolana como propia , y en tal sentido podemos opinar que es acertado plantearse la cuestión de la herramienta política que oriente el proceso , y que para tal fin-pese a la elevada necesidad y urgencia de la cuestión- conviene que nuestros compañeros venezolanos se tomen el espacio y el tiempo que haga falta para discutirla, permitirse que pase agua bajo los puentes el tiempo que haga falta. Corresponde que legitimemos la complejidad del tema, allí, en otros países y también aquí. La originalidad de los procesos revolucionarios nacionales (siempre lo son) no permite atarse a esquemas, pero el no atarse a esquemas tampoco garantiza de por sí la justeza y el acierto. Difícil, ¿verdad? Sí, pero debido a una complejidad que también existe en la Argentina para la construcción de una alternativa política cuya concreción todavía no se avizora, grandemente dificultada , de un lado, por el fracaso del intento de unidad de la izquierda; del otro, por la evidencia de que el posibilismo prokirchneriano y "progre" es una vía muerta (llamada tercera vía). Hace algún tiempo, participando el PC argentino y otras fuerzas y agrupamientos de izquierda dentro del Frente Grande, el Chacho Alvarez pretendió imponer la disolución de los partidos integrantes dentro de una fuerza partidaria única. Lo hizo desde una perspectiva distinta (con hegemonía centrista, en función de paralizar a las fuerzas políticas de más definida izquierda), pero en esa oportunidad el intento fue rechazado.


(1) De browderismo. Earl Browder, secretario general del PC de Estados Unidos en las décadas del 40 y 50, planteó ,después de la Segunda Guerra Mundial, la posibilidad de una evolución pacífica, gradual e indolora hacia el socialismo y la consiguiente superfluidad de los partidos revolucionarios; esta posición determinó la autodisolución temporaria del PC-USA en un centro de estudios y también influyó en varios partidos comunistas latinoamericanos (en particular el de Argentina, el de Cuba y el de Nicaragua, ya mencionado).