CHÁVEZ EN ARGENTINA

 

EN EL MARCO DEL ANTIIMPERIALISMO

UNIDAD DE LOS PUEBLOS


Por Patricio Echegaray
Secretario general del
Partido Comunista

Bajo las grandes banderas del antimperialismo debe darse un debate superador a los planteos "integracionistas" promovidos en el auge del neoliberalismo

Cuando quedan atrás las pretenciosas afirmaciones del fin de la historia, de las ideologías y de las revoluciones con las que los ideólogos del imperio entronizaban la contrarrevolución de comienzos de los años 90, podemos referirnos ya a la contundente manifestación que dio por enterrado y terminó sepultando definitivamente al Alca en Mar del Plata, a las brillantes jornadas de Córdoba en 2006, cuando Fidel y Chávez en conjunto se referían al comienzo de la crisis del imperio y a una nueva etapa de cambio para la humanidad. Y si algo nos faltaba para ver más plenamente y actuar en consecuencia con la nueva etapa histórica que se vive, tenemos a partir del viernes pasado la referencia del enorme y multitudinario acto cuyo profundo contenido antimperialista, revolucionario y socialista, manifestado mediante la conjunción de presencias, de consignas y del discurso que pronunció en ese momento el jefe de la Revolución Bolivariana, Comandante Hugo Chávez Frías.
Creer o reventar, los que participamos de Mar del Plata, considerábamos ambición excesiva pensar que íbamos a repetir la posibilidad de otra jornada similar, sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos de América Latina, y el modo particular en que Argentina se va insertando en ellos, en gran medida, por la voluntad estratégica de Fidel y de Chávez, nos deja con la boca abierta y nos ha hecho protagonistas, no ya de uno, sino de dos grandes acontecimientos, que junto con el primero constituyen lo más alto de la expresión contra el imperialismo que ha tenido lugar en nuestro país.
La jornada de Ferro deberá ser evaluada con serenidad y por todo un período, pero sin duda podemos afirmar que tendrá en el mensaje fundamental de Chávez, calificando a Bush como un cadáver político, una influencia fundamental en todos los temas de la relación de América Latina con el imperio, de la situación interna del imperio, y, por supuesto, agravará su crisis en cada una de las tres guerras que libra EE.UU. y será una contribución a la derrota que se prevé tanto en Afganistán, como en Irak , como en Líbano y Palestina.
Sin duda el acto ha sido un verdadero impacto desestructurante para las comodidades de la derecha argentina, que ha tenido que definirse claramente con opiniones tales como las referidas al gran espacio que se le otorga a Chávez, por parte de Macri, las que Lavagna dijo en un sentido parecido y las más agresivas que resultaron salir de la boca de Carrió que acusó a Chávez de fascista, cometiendo un verdadero dislate, pero dando un salto de calidad en el camino de desbarranque hacia la derecha que viene siguiendo en el último período.
Por supuesto, no podríamos terminar esta brevísima enumeración sin citar a los ideólogos de La Nación, Grondona y Morales Solá que de manera fundamentada ponen el dedo en la llaga, debiéndoseles reconocer que le dan al tema un tratamiento más profundo, apuntando a ubicar que la Argentina tiene contradicciones históricas con el imperio, que se han verificado en otros momentos de la historia mundial y que podrían empezar a verificarse ahora de la mano de la sabia política de Chávez, que ellos pretenden vulgarizar reduciéndola al simple atractivo de la poderosa billetera chavista llena de petrodólares, según sus propias palabras. Ponen, además, el grito en el cielo ante la comodidad con que Chávez se mueve en el país, a la que definen como un verdadero préstamo del territorio nacional que le hace el gobierno de Kirchner para utilizarlo como una plataforma antinorteamericana y anti Bush.
No conviene olvidar en esta descripción las angustias del paleo progresismo vergonzante de los admiradores de la Tercera Vía, que rehuyendo todo análisis en relación con el contundente significado antimperialista del acto, del discurso, de las consignas, se dedican, como siempre, a criticar a la izquierda y a bailar un minué de posibles recetas económicas a seguir por Argentina, con tal de eludir un posicionamiento antiyanqui, que seguramente ofendería a sus patrocinadores. Además de la directa y desafiante definición de Bush como cadáver político, el discurso de Chávez está lleno de afirmaciones de enorme importancia, entre ellas la descalificación absoluta de la "Opep del etanol" que ha sido denunciada como una aberración en tanto pretende utilizar alimentos como combustible en un mundo con millones de hambrientos, cosa que la invalida no sólo económicamente sino desde el punto de vista ético y moral.
Chávez ha demolido y no ha dejado piedra sobre piedra de la caricatura de Alianza para el Progreso, con la que Bush pretende reemplazar el ya fallecido y enterrado Alca y, aunque quizá no es una de las partes más atendidas del discurso, es importantísimo que Chávez haya puesto en circulación el debate de unión o integración que, por supuesto, es un debate muy superador y pertinente en relación con las integraciones que están planteadas con el auge del neoliberalismo, a la medida de la necesidad de agrandar el mercado que tenían las trasnacionales, después han tomado el rumbo a la medida de los estados que se consideran líderes en la región. El planteo de Chávez, de unidad latinoamericana, establece un desafío para lograr una verdadera y profunda integración al servicio de los pueblos y sus intereses.
Como conclusión el acto ha puesto en cuestión la estrategia norteamericana de que Brasil y Argentina se encarguen de controlar a Chávez. Se han quemado los papeles redactados por Shanon y sus colaboradores durante el último viaje a la Argentina y se ha puesto en evidencia que hay otra estrategia, que lo que se invierte en acuerdos económicos con la Argentina por parte de Venezuela va mucho más allá de los beneficios que algunos sectores del capital nacional y extranjero en el país podrían tener, sino que están apuntados en la dirección de enlazar profundamente en lo económico, para que esto pueda tener repercusiones en lo político. Y nadie puede discutir después del acto que esas consecuencias en lo político se están verificando y que por el momento tienen un sentido antimperialista que nos favorece plenamente.
Un comentario en particular merece la movilización de la izquierda. El PC, su dirección y su militancia han actuado de manera absolutamente coherente y organizadamente en la aplicación de la alianza de lo que hemos llamado modelo Mar del Plata, considerando que se pueden organizar los espacios antimperialistas de dentro y fuera del gobierno en grandes manifestaciones como las tres a las que estamos haciendo referencia. El PC y la FJC hicieron una gran movilización absolutamente colorida, disciplinada, organizada y muy importante desde el punto de vista de su dimensión. Vemos con satisfacción la actitud del PCR y el MST, con los que no nos pudimos poner de acuerdo en Mar del Plata, pero con los que nos agrada haber podido coincidir en ésta situación. Creemos que una posición que debe ser criticada es la del Partido Obrero, de abrirse de esta movilización y pretender criticarla diciendo que no tiene carácter estratégico la confrontación con Bush. Ellos la ven como un respaldo al gobierno K, así como ven los procesos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador como actos de entrega al capitalismo trasnacional.
Algo para destacar ha sido el espíritu unitario de este acto, lo que se vio en su convocatoria, en las fraternales y consideradas palabras de Hebe de Bonafini para todos los participantes y en la armonía con que diferentes sectores del peronismo y variados partidos de izquierda compartieron la movilización. Se demuestra que es posible una unidad bajo las grandes banderas del antimperialismo, el latinoamericanismo y también el planteo del socialismo que al ser expresado por Chávez mereció una de las ovaciones más importantes de la noche.
Sin duda, coincidimos plenamente y es nuestro argumento desde hace mucho tiempo, con la referencia que ahora hizo Chávez respecto a que no había terminado de caer la Unión Soviética y surgía el Caracazo, donde empezaba a gestarse un nuevo proceso revolucionario.
Hoy se puede y se debe discutir cuál es el rumbo del proceso latinoamericano, pero indudablemente es verdad que la revolución está de nuevo presente en América Latina, y la insistencia de Chávez en ubicar nuestro ADN en la línea genética de Pancho Villa, Emiliano Zapata, Bolívar, San Martín, el Che, Fidel, Salvador Allende, de las tradiciones revolucionarias de nuestro continente, nos está planteando que nuestro compromiso ya no es con la resistencia a la derrota de los 90, ya que esa misión está cumplida, ahora se trata de comprometerse con la ofensiva revolucionaria que está transitando América Latina y abordar los desafíos de la sociedad socialista que debemos construir en este siglo.

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