EDITORIAL

POR ELLOS

Memoria, Verdad y Justicia son tres palabras que renovarán su vigencia cuando el sábado volvamos a marchar hacia la Plaza de Mayo. Vamos a conmemorar un nuevo aniversario del golpe de Estado de 1976, el más cruel en la historia de nuestro país. Vamos a exigir la aparición con vida de Jorge Julio López, cuya desaparición pone en evidencia que el aparato represivo continúa intacto y que solo se desmantelará con la persistencia de la movilización y vigilia popular.
Vamos por nuestros compañeros caídos, contra la impunidad de ayer y hoy, por nuestros compañeros represaliados y los millones de víctimas sociales que produce el modelo que instaló a sangre y fuego aquella dictadura.
Los sueños de nuestros compañeros caídos se ven reverdecer hoy en la maduración de procesos que tienen sus raíces en las luchas por las que ellos dieron sus vidas. Honrarlos es continuar el camino que emprendieron y sumar a la Argentina a los nuevos vientos que recorren Nuestra América, también rescatar el espíritu rebelde de esa generación y avanzar en la construcción de lo que ellos soñaron, aquello que les fue arrancado por la voracidad asesina de un enemigo que es el mismo de hoy.
Con la muerte quisieron terminar con todo lo que lucha, pretendieron apagar y disciplinar a las generaciones futuras, las que hoy nos levantamos para decir que la lucha de ellos es la nuestra, que somos los que tenemos la maravillosa tarea de asumirla como propia, lo hacemos para reafirmar que esa lucha sigue siendo la nuestra.
Por eso vamos a ir a la Plaza con nuestro héroes y mártires, con los que nunca nos dejaron, marcharemos para volver a ponerle vida a lo que nos quisieron matar, tal como lo hacemos cotidianamente, empeñados en la tarea militante de aportar a la construcción de una sociedad que es por la que ellos lucharon. Nos movilizaremos porque somos ellos.
Desde el Partido Comunista reafirmamos una vez más el compromiso que tenemos con nuestros compañeros caídos, asumimos la responsabilidad de no darle tregua a los autores materiales e intelectuales de la masacre que cegó sus vidas. Pero también la de hacernos cargo de persistir en la construcción de las herramientas necesarias para producir el cambio por el que lucharon.
Hoy también nos convoca la formidable tarea de aportar a la construcción de una alternativa política liberadora, para la que necesariamente debemos fortalecernos como Partido. Una alternativa capaz de generar masa crítica que interpele a todo el sujeto social agredido por el neoliberalismo, que cuestione y avance desde abajo, desde la creación misma de poder popular hacia la gestación de una fuerza que esté en condiciones de dar la disputa por el gobierno y el poder. Se trata de soñar y ser audaces, pero también de ser consecuentes con esos paradigmas que son los mismos que tuvieron ellos, una sociedad liberada de las lacras del capitalismo, una sociedad que no tiene otro nombre que socialismo.

Volver