HOMENAJES

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

HERENCIA DE VIDA

Por Mariana Lettis

Falleció Alfredo Lettis, a los 74 años, de un paro cardio-respiratorio. Como diría mi madrina, "de un sueño pasó a otro". Y por causa de sus sueños en vida es que se merece que lo recordemos con el respeto y el cariño que se le debe a alguien que ha dado lo mejor de sí para la causa obrera.
Mi padre era un ser con el que compartía secretos, intimidades, consejos, como se hace con un amigo. Un ser que no se preocupaba si estaba lejos; se interesaba porque estuviera bien; no le importaba si no lo visitaba con frecuencia; se alegraba cuando me veía y así nos enseñó a mi hermano Pablo y a mí. Mi padre era una persona de la que me siento orgullosa. "Nunca voy a olvidarme de la mirada de ternura que les dirigía cuando los veía juntos" me confesaba mi cuñada. De niña, siempre que lo visitaba en su trabajo, recuerdo con el cariño con que las personas lo saludaban y a veces, confieso, me daba celos.
De adulta comprendí que ese cariño con que las personas lo trataban se debía a sus años de lucha y de coherencia junto a los trabajadores. Lucha por mejores condiciones de trabajo, lucha por la libertad de expresión, lo que le costó su libertad en la época del proceso militar. Sabía que había estudiado medicina, pero ignoraba que había renunciado a esa carrera por considerar que podía perjudicar a alguien con su daltonismo. Pero le trajo sus frutos entrar en Filosofía y Letras allá por los años 50. Allí se gestó el militante que crearía la Comisión Obrero-Estudiantil. En esa época ya estaba trabajando en la re-estatizada Empresa de Líneas Marítimas Argentinas.
De su actuación como secretario general de la Asociación Argentina de Empleados de la Marina Mercante, es importante destacar su honestidad, su pulcritud, su compromiso no sólo con los empleados navales, sino con toda la clase trabajadora. Participó de las asambleas en todo el país como vocal de la CGT de los Argentinos, al lado de figuras como Ongaro y, más tarde, en la Comisión Nacional Intersindical, codo a codo con Agustín Tosco. "Eramos como cuáqueros. Ni el viático tocábamos" -afirmó mi viejo en la entrevista publicada en La razón de las masas de Nicolás Doljanin, de la Editora Nuestra América.
Pablo y yo siempre fuimos militantes de izquierda. El en la zona sur de Buenos Aires, donde vive; yo en el Partido Humanista de Argentina y, ahora, en los movimientos sociales en Brasil, actuando también como militante humanista. Está en nuestra sangre esa herencia que tenemos de nuestro viejo, de querer un mundo mejor, mejores condiciones de trabajo, salud, educación y calidad de vida para todos. Libertad de ideas y de creencias, no-discriminación y no-violencia.
"Se ha muerto un compañero de luchas" -dijo Jorge López, su amigo. Pero ha dejado su contribución a la historia, sus sueños, sus ganas, su honestidad, que nos sirven de estímulo para nuevas batallas.

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