EDITORIAL

 

NATURALEZA Y POLÍTICA

Más allá de las disquisiciones que puedan hacerse sobre las causas que llevan a que en una determinada región del planeta caiga medio metro de lluvia en menos de 72 horas, no caben dudas de que debe catalogarse como un fenómeno natural a un episodio de estas características.
Pero lo que resulta inadmisible es que quienes tienen la responsabilidad de prever este tipo de situaciones persistan en endilgarle a la naturaleza toda la responsabilidad por las graves consecuencias que un fenómeno natural como este le provoca a la población, en especial a aquella más pobre.
Ahí está, entonces, el punto de la cuestión. Para los que realizan ese tipo de aventuradas formulaciones, la pobreza es poco menos que un fenómeno natural. Siguiendo esa pueril línea de razonamiento, que los sectores más pobres de la sociedad estén condenados a padecer cíclicamente las consecuencias de cualquier fenómeno natural, no es otra cosa que parte de las reglas que rigen el devenir de la propia naturaleza. Sin ingenuidad, quienes poseen esta cosmovisión pretenden de esta manera homologar las reglas de la naturaleza con aquellas que rigen las relaciones humanas. Así las cosas, hay que buscar en la perversión intrínseca de la corriente de pensamiento que postula la naturalización de la pobreza la génesis de una tragedia que, con un verdadero origen natural, empaña en los días que corren la vida de medio millón de santafesinos y entrerrianos.
La cuestión es para algunos naturalizar lo que se pretende justificar. Y nadie se presenta más cínico que el capitalismo y su formidable aparato propagandístico a la hora de justificar la pobreza, el dolor de muchos en beneficio de pocos y la destrucción. Se trata de un recurso discursivo que los pueblos conocemos muy bien, aquel que posee la misma lógica del siniestro algo habrán hecho que se propaló infamemente durante la dictadura y que todavía hoy encuentra adeptos, aun en algunas esferas del poder del Estado. Un discurso construido desde lo cultural a través de siglos de dominación, por lo que para refutarlo se hace necesaria una formulación que, en la teoría y la práctica, plantee una alternativa que avance desde una propuesta contracultural que encuentre su fuerza motora en la generación de poder popular.
Una propuesta que necesariamente debe contener enunciados vinculados con la construcción de alternativa política como herramienta que, en movimientos simultáneos, una lo social y lo político, el arriba y el abajo, que contribuya a generar masa crítica que posea la suficiente contundencia para enfrentar la cultura de la dominación. Nada de lo que pasó durante las últimas jornadas en Santa Fe fue azaroso, la imprevisión de una gestión gubernamental basada en una ideología que postula el lucro como último fin tiene consecuencias sumamente previsibles. Apenas hace tres años la ciudad de Santa Fe padeció una inundación, cuyas consecuencias parecían imposibles de superar, pero eso pasó.
El hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra, afirman aquellos que pretenden poner en la esfera de lo natural a las conductas humanas. Nosotros afirmamos que como sujetos desde la cultura podemos construir el cambio y también la revolución.

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