EDITORIAL
ESTRATEGIAS REGIONALES Y REALIDADES NACIONALES
La dimensión y amplitud del triunfo del SI en el plebiscito
ecuatoriano sobre la Asamblea constituyente escribe con todas las letras una
nueva página en la historia de las expresiones populares de América Latina.
El resultado de más de ochenta por ciento a favor de la propuesta de un nuevo
esatuto que promueva y facilite los cambios en ese país tiene sus lógicas dos
caras: de un lado el fortalecimiento de la gestión del presidente Rafael Correa
y de las fuerzas políticas y movimientos sociales que respaldan su gestión,
que va unido al reforzamiento de las posiciones antimperialistas en América
Latina. Del otro, una nueva derrota de las derechas y de las políticas de los
EE.UU. para la región.
El pronunciamiento ecuatoriano se manifestó fuertemente en la Cumbre Sudamericana
de Naciones realizada en Isla Margarita, Venezuela, donde la llegada de un Correa
consolidado y fortalecido reforzó las posiciones más avanzadas a favor de una
verdadera unión e integración regional.
La creación de la Organización de Países Productores y Exportadores de Gas de
Sudamérica favorece las soluciones comunes a los problemas energéticos de nuestros
países y sin duda se tranformará en una actora colectiva de primera línea en
los asuntos políticos y económicos de un continente que busca, desde lo profundo
de los pueblos, una plena soberanía en la toma de decisiones o, dicho de otro
modo, una verdadera independencia de los dictados de los EE.UU.
Resulta importante el consenso pleno encontrado entre todos los gobernantes
asistentes para impulsar esta nueva entidad multilateral protagonista de la
integración regional, que tiene las condiciones para dar empuje a planes como
el gasoducto del Nordeste y al Megaducto sudamericano.
Ello tiene valor si se tiene en cuenta, por ejemplo, que el gran conglomerado
industrial que da fuerza a la burguesía de Sao Paulo, no puede sino alimentarse
del gas de Bolivia, país que con la presidencia de Evo Morales está en vías
de recuperar el control sobre ese recurso estratégico.
No tanto consenso se ha colectado en la cuestión del Banco del Sur. Este proyecto
venezolano-argentino asentado en una inversión inicial surgida del superávit
fiscal de ambas naciones y de otras que pudieran adherir, no tuvo el respaldo
de Brasil que ha desestimado de plano la idea en la persona de Marco Aurelio
García, de indiscutible cercanía con Lula, con un argumento difícil de aceptar:
que Brasilia no ha sido parte de su elaboración.
En verdad, la estrategia regional brasileña es distinta a la de Caracas, Quito,
La Paz y Buenos Aires, que impulsan la novedosa entidad financiera común, cada
una con sus propias razones, que podría resolver el crédito para los países
del área sin los condicionamientos que imponen organismos como el FMI, el Banco
Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la banca privada multinacional.
La reciente firma del Memorando de Entendimiento para la Producción de Etanol
en base a la caña de azúcar entre Lula y Bush -que implica utilizar las tierras
cultivables para alimentos para destinarlas el combustible de los automóviles
de EE.UU. y los países desarrollados- en la visita de George W. a Brasil y posterior
recepción del otrora líder obrero en Camp David, sede de los grandes sucesos
norteamericanos de política exterior, marcan una inclinación brasileña a buscar
una hegemonía regional sobre la base de una alianza con Washington.
Habrá que ver qué alcances adquiere la Unión Sudamericana de Naciones surgida
también del Encuentro Cumbre de la Isla Margarita, pero sin duda ello debe estar
preocupando a los señores de la OEA, que en su momento fuera declarada por Fidel
Castro como el Ministerio de Colonias de los EE.UU.
No se puede hacer un traslado mecánico y dogmático de este fenómeno internacional
a la realidad interna de cada uno de los países y puntualmente de la Argentina,
pero tampoco se puede hacer una negación mecánica y dogmática de la influencia
provechosa que estos datos pueden tener en las políticas nacionales y las nuevas
contradicciones que pueden desatarse en nuestros países, inclusive en la Argentina.