POLITICA
ECONOMICA
PAPEL DEL FMI Y NUEVAS POLITICAS ECONOMICAS
LA ORTODOXIA FRENTE A NUEVOS PARADIGMAS
Por Fabian Amico
Como la economía crece a paso redoblado al igual que
la inversión y el empleo, a los gliptodontes de la ortodoxia no les queda otro
recurso que parlotear sobre la inflación mientras la oposición política lanza
gritos de dignidad ofendida por el "toqueteo" de los índices del Indec. Ciertamente,
el aumento de la inflación no solo incrementa la porción de la población que
cae en la pobreza e intensifica la lucha por la recuperación salarial, sino
que multiplica la indexación de los bonos de la deuda externa mediante el CER
(un coeficiente que sigue a la inflación interna). En ese contexto, el gobierno
optó por "dibujar" un índice bajo anticipando las contradicciones que una alta
inflación desataría en un año electoral. Y aún paga un alto costo político por
tamaña movida.
REMEDIOS Y ENFERMEDADES
Pero la denuncia de la enfermedad no puede ocultar los perniciosos efectos que
provocaría el remedio sugerido. Por ejemplo, la Organización Mundial de Comercio
(OMC), el organismo de las Naciones Unidas que "regula" el comercio internacional,
criticó el elevado nivel de la inflación argentina y las "distorsiones" de mercado
producidas por las regulaciones de precios. Si bien el organismo destacó que
fue una "heterodoxa combinación de medidas" lo que permitió a Argentina salir
de la profunda crisis económica, los economistas de la OMC recomendaron que
"un crecimiento sostenible exige medidas de política que eviten el sobrecalentamiento
económico o impidan que se arraiguen las distorsiones del mercado".
Y aquí viene el remedio: evitar que la economía crezca por encima de su capacidad
instalada "sobre-estimulando" la demanda y presionando sobre los precios. Para
ello, la solución de la OMC es "atraer la inversión para hacer frente a las
incipientes limitaciones de la oferta, y ello depende en parte de la mejora
de la confianza de los inversores". La misma receta emergió del reciente contrapunto
entre Miceli y las autoridades del FMI. Rodrigo Rato, titular del organismo,
elogió el crecimiento, pero propuso subir la tasa de interés para contener los
precios. También habló del aumento del gasto y puso sobre el tapete el problema
de las provincias. Sugirió finalmente la suba de tasas para, de este modo, encarecer
el crédito, restringir la demanda interna (frenando el crecimiento) y propiciar
una apreciación del tipo de cambio (una recuperación del peso frente al dólar)
como ocurría en los noventa.
Los economistas que defienden la posición oficial le respondieron a Rato y el
FMI hace tiempo. Eduardo Curia, por ejemplo, distingue dos enfoques frente a
la inflación. Uno de ellos, el representado por la ultraortodoxia (como el FMI),
es el enfoque "canónico", muy apegado a un criterio "supply-side" (empuje por
oferta), que coloca excesivo celo precisamente en el ajuste vía la suba de la
tasa de interés y de la apreciación cambiaria consecuente, y que -a lo sumo-
redunda en tasas de crecimiento del PBI muy moderadas.
Otro es el enfoque "alternativo", vigente en el gobierno actual, de tenor más
"demand-led" (guiado por la demanda interna) apuntado a obtener tasas de crecimiento
más altas, con una política monetaria acorde con ese objetivo. En esta opción
se crece más, pero la inflación resultante suele ser más alta, aunque -dicen
sus defensores- "se puede mover en un rango atendible".
En el enfoque "canónico" se suele partir del supuesto de pleno empleo de la
capacidad productiva. Ergo, si se estimula la demanda interna (aumento de jubilaciones
o cualquier alza de salarios o emisión de moneda para fines varios) ese estímulo
choca contra los límites de la capacidad de producir y se transmite como una
alza de precios. Por eso, ante todo hay que estimular el ahorro, supuestamente
necesario para financiar la inversión y el crecimiento. El ahorro, a su vez,
se realiza consolidando la confianza de los inversores y mejorando el "clima
de negocios". Así, antes de crecer hay que generar la capacidad de crecer. Y
la inflación se aplaca ralentando el crecimiento.
DOS ALTERNATIVAS
Según el enfoque "alternativo", en cambio, esos estímulos al ahorro producen
un efecto muy distinto al proclamado. El aumento del ahorro significa una reducción
del consumo y, por lo tanto, una contracción de la demanda. El achicamiento
resultante del mercado inhibe la voluntad inversora de los empresarios (¿quién
va a invertir frente a un mercado que se reduce?). Así, el enfoque "alternativo"
postula un cambio en la causalidad: primero hay que impulsar la demanda para
que este estímulo dé lugar a la inversión y el ahorro (el financiamiento) se
reproducirá en el proceso mismo: como el ahorro es una parte del producto total
generado, el aumento del producto (producido gracias al empuje de la demanda
y de la inversión) redundará en un alza del ahorro mismo. ¿Y la inflación? Se
cura con las alzas de productividad que resultan de sostener en el tiempo una
alta tasa de crecimiento.
Los enfoques de izquierda, socialistas, se inscriben objetivamente en el segundo
paradigma, pero no lo agotan. Ese enfoque alternativo puede estar orientado
por una perspectiva político-histórica capitalista, como las políticas del actual
gobierno demuestran.
Pero también constituirán la base de cualquier proyecto alternativo -hoy ausente-
que resulte del protagonismo social de los trabajadores.
Más allá de esto, y observando la perspectiva que prevalece hoy en América Latina
(una región con altas tasas de crecimiento en un mundo en crecimiento) no son
pocos aquellos que habiendo defendido el "Consenso de Washington", el credo
económico neoliberal de los 90, aconsejan cambiar el discurso y la política.
Como expresó el ex titular del Banco Central argentino, Mario Blejer, en una
mesa que discutía el papel futuro del FMI y sus recomendaciones políticas: "¡Basta
de amenazar con que se viene la crisis!", reclamó.
"Estamos ante un nuevo paradigma de crecimiento mundial a largo plazo, impulsado
por China e India, y tenemos que ver cómo el FMI ayuda a los países a administrar
su nueva riqueza". En otras palabras, con crisis aguda el Fondo podía imponer
recetas mediante el chantaje, pero ¿cuál será su poder en un mundo en crecimiento?