EDITORIAL
LA DERECHA SE MUESTRA
En la casa de ejercicios espirituales El Cenáculo, al ritmo político febril
que impone en estos días la corriente hegemónica en la Conferencia Episcopal
Argentina, transcurre la asamblea de la máxima jerarquía eclesiástica del país.
El nombre de la sede de la reunión no parece casual. Los principales editorialistas
de los matutinos de tirada nacional se encargaron la semana pasada de hacer
notar el papel de la cúpula de la Iglesia en la conformación de la alianza porteña
Telerman-Olivera, para cerrar la cual el cardenal Bergoglio y la doctora Elisa
Carrió jugaron los papeles relevantes. Menos destaque dieron los medios al también
intenso trajinar de algún funcionario de alto nivel de la embajada de los EE.UU.
en su afán de dar vida a esa fórmula que modifica el cuadro político de la ciudad
capital, con vistas a establecer allí la cabecera de playa de un proyecto de
extensión nacional.
Desde una situación en la que con soltura intelectual podía hablarse hace sólo
semanas de la disputa entre una derecha y dos listas afines a la Casa Rosada,
se ha pasado a un escenario donde dos derechas: la de negocios del macrismo
y aquella a la que hacemos referencia más arriba, aspiran a llegar juntas a
copar el ballotage para definir la próxima jefatura de gobierno de Buenos Aires.
El ferviente activismo político del presidente del Episcopado, hombre de fuerte
relación y peso propio en el Vaticano, donde reina ahora el ultraconservador
Benedicto XVI, se despliega con el inconfesado propósito de reordenar a las
derechas, una tarea que, sea desde Washington o desde Roma, se propone fortalecer
las tendencias favorables a las fuerzas que dominan el capitalismo globalizado.
Tal vez su logro principal de estos días no haya sido la vertebración de un
pacto en la Reina del Plata, sino la instalación de Nicolás Sarkozy como el
candidato de una "nueva derecha", hoy por hoy consagrado favorito para ganar
la segunda vuelta nada menos que en Francia. Populista y liberal al mismo tiempo,
factótum de las represiones a las protestas populares y defensor de la mano
dura, Sarkozy aprovechó las falencias de una desteñida socialdemocracia y de
una izquierda que, despedazada en varios fragmentos, perdió sus históricos porcentajes.
Las consecuencias previsibles de ello son la prevalencia conservadora y otanista
en la Unión Europea (Francia y Alemania siguen siendo sus pilares) y la proliferación
de la ideología del anticomunismo, expresada en un conjunto de iniciativas de
ese tenor que tienen como epicentro al viejo continente, pero que también se
desenvuelven en nuestro país. Bush, Ratzinger, Merkel y Sarkozy parecen ser
las actuales referencias de la derecha argentina, que va desde la tozudez fascista,
a favor de la impunidad de los genocidas, del camarista de casación Bisordi,
hasta los intentos de relegitimar al delarruísmo que intentan tanto Olivera
(reivindica su relación con el ex presidente) como Lavagna (quien se verá rodeado
de duhaldistas y popes del gobierno que cayera como producto de los sucesos
del 2001 en su próxima presentación como presidenciable en el cine Gran Rex),
pasando por el fundamentalismo del camarista Federal de Bahía Blanca Néstor
Luis Montesanti, quien al querellar al compañero Alberto Rodríguez desempolvó
un discurso macartista y oscurantista que evoca y apela a las prácticas más
abyectas de los años del terrorismo de Estado. También por el anticomunismo
cerril de un opinólogo de cuarta de Clarín que pretende asimilar, con discurso
importado de Europa, al Che, a Fidel y a Chávez y a todos los que reivindican
la revolución con el stalinismo o, peor aun, con los horribles crímenes del
nazismo.
Tampoco se trata de reducir la importancia que tiene, para la derecha, reorientar
la política argentina, comenzando por la capital, en la dirección exacta que
piden los cenáculos mundiales y locales.
En este contexto es preciso polemizar con las ideas que parecen ignorar o subestimar
los movimientos de esas derechas, poniendo al reformismo o al progresismo como
enemigo principal. Es una mirada peligrosa, que denota una visión reducida a
lo electoral, pero que puede dejar pasar al elefante que nos puede pisotear
con sus pesadas extremidades. Se trata pues de actualizar bien la mirada política,
de observar atentamente los nuevos fenómenos en su compleja dialéctica y de
hacer todos los esfuerzos posibles para que no quede entre dos derechas la resolución
de las elecciones en la vidriera política del país. Hace bien la senadora Kirchner
al criticar duramente en México al Consenso de Washington y en diferenciarse
de Menem y De la Rúa, pero lo hace frente a un gobierno fraudulento como el
de Felipe Calderón que no debería ser reconocido. Al respecto cabe también señalar
que son justas las demandas y las luchas de los docentes santacruceños, como
las de los neuquinos y de otras provincias, y que no son ellos los responsables
de la situación creada allí, sino una política que se empeña en mantener unos
salarios tan bajos y con un formato tan cruel en su composición, al punto de
que el básico se reduce a 160 pesos.
La pelea salarial, pues, es justa y hay que apoyarla. Las luchas sociales no
perturban, sino que son un condimento imprescindible de la batalla contra una
derecha que se quiere instalar y saca pecho.