EDITORIAL
NUESTRAS RIQUEZAS
Queda claro que es imposible generar riqueza sin trabajo,
y para hacerlo, los trabajadores somos la fuerza indispensable. Del mismo modo,
también fue mediante la lucha que protagonizamos los trabajadores como durante
los últimos años se logró poner en la superficie del debate algunos elementos
que habían sido borrados por más de una década de neoliberalismo impuesto a
partir de la brutal represión del genocidio perpetrado por la dictadura. Una
lucha que tuvo y sigue teniendo mártires como Carlos Fuentealba.
Así las cosas, este Día de los Trabajadores nos encuentra en un contexto en
el que el derecho al pleno empleo, las condiciones laborales y la discusión
salarial están en el tapete, pese al corse que le quieren imponer aquellos que
postulan que la riqueza generada durante los últimos años, que llevó a que nuestro
país presente un formidable superávit, continúe cayendo en las mismas (y pocas)
manos de siempre.
Pero todavía falta mucho camino por recorrer y, en tal sentido, el punto sigue
siendo qué hacer con esa riqueza. A la puja por el techo salarial, se le suma
así aquella vinculada con la posibilidad que se abre de que los trabajadores
podamos volver al sistema público de jubilaciones. Este es otro debate que fue
reabierto por la lucha librada por los mismos trabajadores, fundamentalmente
por la desarrollada por aquellos que ya están jubilados.
Hablar de redistribuir la riqueza y actuar en esa dirección implica orientar
a nuestro país en la misma sintonía de los nuevos vientos que recorren parte
de nuestro continente. Ese es uno de los principales componentes de los debates
y las medidas concretas que en estos días están adoptando los procesos abiertos
en Venezuela, Bolivia y Ecuador, países en los que, en distintos niveles de
desarrollo, se lleva a cabo una profunda y constante tarea para derrotar al
neoliberalismo, que involucra a pueblos y gobiernos. La estrategia de estos
estados de ejercer plenamente su soberanía sobre los hidrocarburos -tal como
acaba de ocurrir en la República Bolivariana con los yacimientos ubicados en
la Cuenca del Orinoco- genera recursos necesarios para atender las necesidades
populares, en su integralidad.
No se trata de una lucha fácil. Está claro que el imperio es cuestionado en
Nuestra América, lo que no quiere decir que deseche su voluntad de operar directa
o solapadamente en la región. Si para muestra basta con un botón, allí está
la liberación del terrorista Luis Posada Carriles, un producto genuino de la
gusanera de Miami, responsable de una contundente nómina de acciones del peor
terrorismo genocida perpetradas en América Latina. Por una decisión de EE.UU,
este asesino hoy está en libertad, listo para proseguir con su macabro accionar
contra los pueblos latinoamericanos.
En nuestro país, los defensores del neoliberalismo no están dispuestos a perder
terreno, y en estos días, agazapados detrás de propuestas seudoprogresistas,
pretenden construir un espacio desde donde imponer un escenario caracterizado
por una alternancia corrida hacia la derecha. No se trata de otra cosa que de
viejas maniobras con algunos remozados protagonistas de la restauración de ideologías
que conocemos bien.
Se hace preciso entonces advertir dónde está el enemigo y, sin cejar en la lucha
reivindicativa, aportar en la construcción de una herramienta que, desde la
diversidad, la articule con la política, que dé la pelea por la redistribución
de la riqueza y proponga a todo el sujeto social agredido por el neoliberalismo
como protagonista de los nuevos vientos que, más temprano que tarde, deberán
recorrer también a la Argentina.