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SUPLEMENTO ESPECIAL: 189 AÑOS DEL NACIMIENTO DE CARLOS MARX
Por iniciativa de los equipos de Propaganda del PC
y la redacción de Nuestra Propuesta, el sábado 5 de mayo se realizó un encuentro
con el fin de celebrar el aniversario del nacimiento de Carlos Marx. En la reunión
se presentó el folleto recientemente editado de Rogelio Roldan sobre Marx, la
oportunidad dio para discutir acerca de la vigencia del pensamiento de Marx
en sus 189 años, sobre los debates teóricos actuales y lo pertinente de su obra
en la lucha de ideas de las fuerzas revolucionarias y progresistas contra el
imperialismo. Este suplemento es nuestro modesto homenaje.
EL PENSAMIENTO DE CARLOS MARX HOY
Argumentos sobre la vigencia y actualidad del pensamiento
marxista y una crítica a las vulgarizaciones cometidas por muchos de sus adeptos.
Rogelio Roldan
A 189 años del nacimiento de Carlos Marx, el 5 de mayo de 1818, se verifica
la actualidad y vigencia de su pensamiento. Tanto es así que muchos pensadores
de todo el mundo y parte de las fuerzas políticas de origen marxista seguimos
inspirándonos en ese manantial creativo para buscar nuevas soluciones a los
nuevos problemas que plantea la crisis del capitalismo, de tal magnitud, que
hoy pone en cuestión la vida en el planeta. A mi entender dichas soluciones
pasan por la viabilidad del marxismo para constituir una alternativa al capitalismo,
la cual, pienso, no es otra que el comunismo.
Recalco esta idea porque la inmensa labor intelectual y práctica de Marx arranca
de la crítica certera del capitalismo y elabora una teoría eficaz para su sustitución
revolucionaria por una "sociedad libre de productores libres". Así crea un enfoque
profundamente democrático, humanista y revolucionario para accionar en la lucha
de clases y transformar la realidad.
Por contraparte, los ideólogos del capitalismo senil, que no hace mucho tocaban
a rebato por el fin de la historia y la muerte del marxismo, siguen inundando
los medios monopólicos con toda clase de "demostraciones" y diatribas contra
el marxismo, el socialismo y el comunismo. El mamarracho montado con la muerte
de un cadáver político como Boris Yeltsin, por quien se lamentan sus colegas
George Bush y "Condolencia" Rice, y del que se despegan los teóricos del neoliberalismo,
es bien demostrativo al respecto y nos exime de mayores comentarios.
En opinión de quien esto escribe, el pensamiento marxista sufre deformaciones,
en un sentido vulgarizador, de parte de quienes, paradójicamente, dicen ser
sus "campeones". A mi ver, las principales vulgarizaciones se expresan en: a)
la interpretación economicista de la historia, b) el reduccionismo de establecer
las leyes históricas como ineluctables y c) la simple dependencia de la superestructura
respecto de la base económica. En realidad, uno de los grandes aportes de Marx,
desde sus trabajos más tempranos, es haber "puesto a la dialéctica sobre sus
pies". Engels es categórico: "según la concepción materialista de la historia,
el elemento determinante de ésta es en última instancia la producción y reproducción
de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto; por consiguiente,
si alguien lo tergiversa transformándolo en la afirmación de que el elemento
económico es el único determinante, lo transforma en una frase sin sentido,
abstracta y absurda". Es bueno anotar que toda la concepción filosófica y política
del Comandante Ernesto Che Guevara se basa en esta interpretación de Marx y
Engels.
El marxismo, en tanto teoría crítica para el cambio revolucionario, es antagónico
a toda idea y práctica positivista, que concibe a la sociedad como un producto
de la naturaleza y la somete a sus leyes evolutivas. En dicha concepción podemos
rastrear los orígenes del reformismo filosófico y político.
En el proceso político argentino de hoy, es más que clara la necesidad y la
urgencia de construir una alternativa de poder popular, democrática, plural
e incluyente, como una herramienta eficaz para generar contrahegemonía al "sentido
común" burgués, y con ella alzar a la lucha contra la institucionalidad estatal
y las relaciones de propiedad capitalistas a las masas que componen el sujeto
popular. Vale decir, la necesidad de adoptar una estrategia de acumulación política
apta para actuar en momentos desfavorables.
No obstante eso, ciertas orgánicas de izquierda recurren al "papel de la clase
obrera industrial" para autoproclamarse "vanguardia", aislándose del sujeto
popular, incluso con planteos fragmentadores contra los sectores no proletarios,
semiproletarios y demás oprimidos por el imperialismo que componen a dicho sujeto.
En mi opinión, semejantes enfoques no superan el positivismo más simplista y
parte de una visión corporativa y fetichizada de la clase obrera. Visión que
identifica su forma de existencia actual con los obreros de Europa central de
la década del 20 y traslada mecánicamente aquella realidad a un escenario clasista
distinto. Así, desde un supuesto vanguardismo, contraponen a la clase obrera
con el resto del pueblo y juegan todo al "luchismo" sindicalista, al parlamentarismo
y a las elecciones en el Estado capitalista como vía principal, y no como táctica
acorde con el momento concreto. Enfoque este demasiado parecido al de la socialdemocracia,
claramente derrotado por la realidad política nuestroamericana de hoy.
El marxismo es y será actual, ahora, en los próximos 189 años y siempre, si
se lo aplica y desarrolla con todo rigor científico y de manera viva y creativa,
como guía para la acción, tal como Marx lo hacía. A este esfuerzo apostamos
los comunistas.
MARX Y LA COMUNA
DE PARÍS
El
autor de la nota analiza la aguda visión de Carlos Marx sobre el papel histórico
de la Comuna de París y su significación para la lucha de la clase obrera por
asumir todo el poder del Estado y producir las tranformaciones revolucionarias
necesarias. Además, en este artículo destaca su actitud solidaria para con los
obreros franceses ante la feroz represión de Thiers y los junkers prusianos.
ARIEL BIGNAMI
A fines de 1871 concluía, con la capitulación de París, la Guerra Franco-prusiana.
Guillermo I, rey de Prusia, fue coronado kaiser de Alemania en territorio francés,
en Versalles; así se completa la unificación de Alemania bajo la hegemonía de
Prusia. Las tropas alemanas mantuvieron ocupado gran parte de territorio francés.
La capitulación deshonrosa causó gran rechazo entre los trabajadores franceses,
que previeron el inicio de una política reaccionaria a ultranza con gobierno
de ultraderecha y, movidos por sentimientos y principios tanto independentistas
(patrióticos) como de clase, tomaron otro camino: el de la revolución. Sin duda
proletaria, socialista en su perspectiva. Para encabezarla encontraron a su
disposición el Comité Central de la Guardia Civil, representativo de 215 batallones
(trabajadores en uniforme, que habían obtenido el derecho a conservar sus armas
aun después de la capitulación). Para el gobierno de Thiers, que hubiera armas
en manos obreras era intolerable. El 18 de marzo se proclamó la Comuna y ondeó
la bandera roja sobre la Municipalidad de París. Los trabajadores habían tomado
el poder por primera vez en la historia.
Lissagaray, historiador de la Comuna vinculado con Marx, señala: "¿Qué es el
18 de marzo sino la respuesta, dada por instinto, de un pueblo que ha sido abofeteado?
¿Dónde hay rastros de sectas, de complot, de agitadores? ¿Qué otro pensamiento
que el de ¡Viva la República!"
El 26 de marzo fue electo el Consejo de la Comuna como más alto órgano de poder.
Marx, después de proclamada la república, había advertido a los trabajadores
franceses contra cualquier acción; temía (con razón) que la clase obrera francesa,
en caso de una insurrección, tendría en contra no solo a su propia burguesía,
sino a las tropas de los grandes terratenientes prusianos (junkers).
Sin embargo, al actuar los trabajadores franceses y tomar el poder, Marx se
puso sin vacilar del lado de los Comuneros. Cuando las masas se alzaron en lucha,
estuvo inmediatamente de su lado. Polemizando con quienes sostenían que solo
se debía apoyar a los combatientes de la Comuna si existían todas las condiciones
previas para la victoria, replicó: "La historia del mundo sería por cierto muy
fácil de hacer si se luchara solo a condición de que las posibilidades de victoria
sean infalibles". Marx se enteró de que el Consejo de la Comuna había emitido
decretos sobre la protección del trabajo, contra la desocupación y había entregado
a cooperativas obreras todas las fábricas abandonadas o cerradas por sus propietarios.
Había reemplazado al ejército permanente reaccionario por el armamento general
del pueblo, había abolido la vieja burocracia de funcionarios y jueces y muchas
otras medidas socioeconómicas que mejoraban las condiciones de vida de los trabajadores.
En especial aplaudió el hecho de que el Consejo de la Comuna asignara funciones
responsables a miles de trabajadores. Esto era un nuevo fenómeno sin precedentes.
Marx escribió entonces: "Con la lucha en París, el combate de la clase obrera
contra la clase capitalista y su Estado ha entrado en una nueva fase. Cualquiera
que sea el desenlace inmediato, se ha alcanzado un nuevo punto de partida de
importancia mundial".
En la Comuna participaban varias tendencias de la izquierda de esa época: blanquistas,
proudhonianos, bakuninistas, anarquistas, así como partidarios de Marx, que
eran minoría, pero ocuparon puestos de lucha destacados.
Cuando Thiers envió a París sus tropas, los Comuneros lucharon con enorme valor,
en las afueras de la ciudad y por fin en sus calles. A fines de mayo, los últimos
grupos de resistentes comuneros fueron derrotados por la superioridad numérica
de las tropas gubernamentales, que impusieron un terror contrarrevolucionario
sin precedentes. Al caer la Comuna de París, Marx fue el más firme defensor
de este hecho revolucionario. Dos días después de caer la Comuna, mientras el
terror blanco dominaba París entre los aclamaciones de la reacción mundial,
Marx presentaba al Consejo General de la Asociación Internacional de Trabajadores
un manifiesto sobre la guerra civil en Francia donde señalaba: "El verdadero
secreto de la Comuna es este: que fue en lo fundamental un gobierno de la clase
obrera, resultado de la lucha de los productores contra los apropiadores, la
forma política finalmente descubierta en la que podía realizarse la emancipación
del trabajo. París obrera, con su Comuna, será siempre considerada como el anuncio
glorioso de una nueva sociedad".
Y poco después, en una carta, Marx comentaba que, por su actividad en favor
de la Comuna de París, "tenía el honor de ser en ese momento el hombre más calumniado
y amenazado de Londres. Lo cual no me sienta mal después de aquel aburrido idilio
de dos décadas".
Varias décadas más tarde, Lenin recogía las enseñanzas de la Comuna para elaborar
la estrategia de los bolcheviques hacia la Revolución Rusa.
CRONOLOGÍA DE LAS OBRAS DE MARX
El conocimiento de las obras de Marx ha sido en el pasado bastante defectuoso
por motivos diversos. En primer lugar, porque algunas de sus obras más importantes
no han sido editadas hasta después de su muerte, de modo que el conocimiento
del itinerario intelectual seguido por Marx ha permanecido largo tiempo sin
ser conocido. En segundo lugar, la publicación de las obras póstumas de Marx
ha sido efectuada tomando como base textos manuscritos, muchas veces incompletos,
que en ocasiones han dado lugar a reconstrucciones poco fiables. Por último,
algunas obras de Engels han ocupado, antes de que se conocieran todas las obras
principales de Marx, un lugar bastante relevante y en ocasiones preeminente
en la formación de lo que habitualmente se conoce con el nombre de "marxismo".
A fin de destacar el evidente desfase que se ha producido entre la redacción
y la divulgación de las obras principales de Marx, indicamos a continuación
la cronología correspondiente a la redacción, la publicación y la primera edición
castellana, así como la cronología comparada, si bien es preciso indicar que
algunas fechas no son del todo seguras.
SEGÚN LA FECHA DE SU REDACCIÓN
1842/43: Crítica de la filosofía del Estado de Hegel.
1843: Sobre la cuestión judía.
1843: Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.
1844: Manuscritos económico-filosóficos de 1844.
1845: La sagrada familia (con Engels).
1845/46: La ideología alemana (con Engels).
1845: Tesis sobre Feuerbach.
1846/47: Miseria de la filosofía.
1848: Manifiesto comunista (con Engels).
1849: Trabajo asalariado y capital.
1850: La lucha de clases en Francia.
1851: El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
1857: Introducción a la crítica de la economía política. 1857 y ss.: Fundamentos
de la crítica de la economía política.
1859: Contribución a la crítica de la economía política. 1861/63: Historia de
las teorías económicas (o Teorías sobre la plusvalía).
1865: Salario, precio y ganancia.
1865: El capital, vol. I.
1867 y ss.: El capital, vol. II.
1867 y ss.: El capital, vol. III.
1871: La guerra civil en Francia.
1875: Crítica del programa de Gotha.
1881/82: Glosas marginales al Manual de economía política de Adolph Wagner.
ABRAZO
Rogelio Roldán y Ariel Bignami en la redacción de Nuestra
Propuesta, durante la presentación del trabajo de Roldán, Karl Heinrich Marx,
apuntes biográficos En la oportunidad, Bignami recibió su nuevo carné partidario
entregado en el marco de la campaña Antonio Alac.
TESIS SOBRE
FEUERBACH
Cuando
Marx elaboraba de manera más acabada su concepción materialista dialéctica de
la naturaleza y la sociedad escribió una serie de apuntes que luego, al decir
de Engels, "entregamos a la crítica roedora de los ratones". La síntesis final
de éstos es un manuscrito recuperado en 1932 y publicado con el nombre de La
Ideología Alemana para el estudio de su método de análisis. De este libro reproducimos
las Tesis sobre Feuerbach.
1- La falla fundamental de todo el materialismo precedente (incluyendo el de
Feuerbach) reside en que sólo capta la cosa (Gegenstand), la realidad, lo sensible,
bajo la forma del objeto (Objekt) o de la contemplación (Anschauung), no como
actividad humana sensorial, como práctica; no de un modo subjetivo. De ahí que
el lado activo fuese desarrollado de un modo abstracto, en contraposición al
materialismo, por el idealismo, el cual, naturalmente, no conoce la actividad
real, sensorial, en cuanto tal. Feuerbach aspira a objetos sensibles, realmente
distintos de los objetos conceptuales, pero no concibe la actividad humana misma
como una actividad objetiva (gegenstiindliche). Por eso, en La esencia del cristianismo
sólo se considera como auténticamente humano el comportamiento teórico y, en
cambio, la práctica sólo se capta y se plasma bajo su sucia forma judía de manifestarse.
De ahí que Feuerbach no comprenda la importancia de la actividad "revolucionaria",
de la actividad "crítico-práctica".
2- El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva,
no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde
el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad
de su pensamiento. La disputa en torno de la realidad o irrealidad del pensamiento
-aislado de la práctica- es un problema puramente escolástico.
3- La teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la educación
olvida que las circunstancias las hacen cambiar los hombres y que el educador
necesita, a su vez, ser educado. Tiene, pues, que distinguir en la sociedad
dos partes, una de las cuales se halla colocada por encima de ella.
La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana
o cambio de los hombres mismos sólo puede concebirse y entenderse racionalmente
como práctica revolucionaria.
4- Feuerbach parte del hecho de la autoenajenación religiosa, del desdoblamiento
del mundo en un mundo religioso y otro terrenal. Su labor consiste en reducir
el mundo religioso a su fundamento terrenal. Pero el hecho de que el fundamento
terrenal se separe de sí mismo para plasmarse como un reino independiente que
flota en las nubes es algo que sólo puede explicarse por el propio desgarramiento
y la contradicción de este fundamento terrenal consigo mismo. Por tanto, es
necesario tanto comprenderlo en su propia contradicción como revolucionarlo
prácticamente. Así, pues, por ejemplo, después de descubrir la familia terrenal
como el secreto de la familia sagrada, hay que destruir teórica y prácticamente
la primera.
5- Feuerbach no se da por satisfecho con el pensamiento abstracto y recurre
a la contemplación (Anschauung), pero no concibe lo sensorial como actividad
sensorial humana práctica.
6- Feuerbach resuelve la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia
humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad,
el conjunto de las relaciones sociales.
Feuerbach, quien no entra en la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto,
obligado: 1- A prescindir del proceso histórico, plasmando el sentimiento religioso
de por sí y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.
2- La esencia sólo puede concebirse, por tanto, de un de un modo "genérico",
como una generalidad interna, muda, que une de un modo natural a los muchos
individuos.
7- Feuerbach no ve, por tanto, que el "sentimiento religioso" es, a su vez,
un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece a una
determinada forma de sociedad.
8- Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen
a la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana
y en la comprensión de esta práctica.
9- Lo más a que puede llegar el materialismo contemplativo, es decir, el que
no concibe lo sensorial como una actividad práctica, es a contemplar a los diversos
individuos sueltos y a la sociedad civil.
10- El punto de vista del materialismo antiguo es la sociedad civil; el del
materialismo moderno, la sociedad humana o la humanidad social.
11- Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos;
de lo que se trata es de transformarlo.
FRAGMENTO DE LA INTRODUCCIÓN A LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA
POLÍTICA
Reproducimos la parte sustancial del prólogo a la Introducción
a la Crítica de la Economía Política. Este es un trabajo de suma importancia
para adentrarse en el pensamiento marxista, esencial para comprenderlo en profundidad,
contextualizándolo en la época y en la idea central de Marx de criticar y derrotar
al sistema capitalista.
....El
primer trabajo que emprendí para resolver las dudas que me asaltaban fue una
revisión crítica de la: Filosofía del derecho, de Hegel, trabajo cuya introducción
apareció en 1844 en los Anales Franco-Alemanes (Deutsch-Franzosísche Jahrbücher),
que se publicaban en París. Mis investigaciones me llevaron a la conclusión
de que tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado, no pueden comprenderse
por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino
que, por el contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de vida,
cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el ejemplo de los ingleses y franceses
del siglo 18, bajo el nombre de "sociedad civil", y que la anatomía de la sociedad
civil hay que buscarla en la economía política. En Bruselas, adonde me trasladé
en virtud de una orden de destierro dictada por el señor Guizot, proseguí mis
estudios de economía política iniciados en París. El resultado general a que
llegué y que, una vez alcanzado, sirvió de hilo conductor en mis estudios, puede
formularse brevemente de la siguiente manera. En la producción social de su
vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes
de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada
fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas
relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base
real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que
corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción
de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual
en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por
el contrario, es su ser social el que determina su conciencia. Al llegar a una
determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad
entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo que
no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad
dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo
de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas.
Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se
conmociona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida
sobre ella. Cuando se estudian esas conmociones hay que distinguir siempre entre
los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción
y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales y
las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en una
palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este
conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a
un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas
de conmoción por su conciencia. Por el contrario, hay que explicarse esta conciencia
por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre
las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación
social desaparece antes que se desarrollen todas las fuerzas productivas que
caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción
antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en
el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre
únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará
siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya existen, o, por lo menos,
se están gestando, las condiciones materiales para su realización, A grandes
rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación
económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal
y el moderno burgués. Las relaciones burguesas de producción son la última forma
antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de
un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones
sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan
en el seno de la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones
materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se
cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana. Federico Engels,
con el que yo mantenía un constante intercambio escrito de ideas desde la publicación
de su genial bosquejo sobre la crítica de las categorías económicas (en los
Anales Franco-Alemanes), había llegado por distinto camino (véase su libro La
situación de la clase obrera en Inglaterra) al mismo resultado que yo. Y cuando,
en la primavera de 1845, se estableció, también en Bruselas, acordamos elaborar
en común nuestros puntos de vista para contrastarlos con los conceptos ideológicos
de la filosofía alemana; en realidad, saldar cuentas con nuestra conciencia
filosófica anterior. El propósito fue realizado bajo la forma de una crítica
de la filosofía poshegeliana. El manuscrito -dos gruesos volúmenes en octavo-
estaba ya hacía mucho tiempo en manos del editor en Westfalia, cuando los enteramos
de que nuevas circunstancias imprevistas impedían su publicación.
En vista de ello, entregamos muy de buen grado el manuscrito a la crítica roedora
de los ratones, pues nuestro objeto principal, esclarecer nuestras propias ideas,
estaba ya conseguido. Entre los trabajos dispersos en que por aquel entonces
expusimos al público nuestras ideas, bajo unos u otros aspectos, sólo citaré
el Manifiesto del Partido Comunista, que redacté en colaboración con Engels,
y un Discurso sobre el librecambio, que publiqué. Los puntos decisivos de nuestra
concepción fueron expuestos por vez primera científicamente, aunque sólo en
forma polémica, en la obra Miseria de la Filosofía, publicada por mí en 1847
y dirigida contra Proudhon. La publicación de un estudio escrito en alemán sobre
el Trabajo asalariado, en el que recogía las conferencias explicadas por mí
acerca de este tema en la Asociación Obrera Alemana de Bruselas, fue interrumpida
por la revolución de febrero, que trajo como consecuencia mi alejamiento forzoso
de Bélgica. 
La publicación de la Nueva Gaceta del Rin (Neue Rheinische Zeitung) (1848-1849),
y los acontecimientos posteriores, interrumpieron mis estudios económicos, que
no pude reanudar hasta 1850, en Londres. La numerosa documentación sobre la
historia de la economía política acumulada en el British Museum, la posición
tan favorable que brinda Londres para la observación de la sociedad burguesa
y, finalmente, la nueva fase de desarrollo en que parecía entrar ésta con el
descubrimiento del oro en California y en Australia, me impulsaron a volver
a empezar desde el principio, abriéndome paso, de un modo Crítico, a través
de los nuevos materiales. Estos estudios me llevaban, a veces, por sí mismos,
a campos aparentemente alejados y en los que tenía que detenerme más o menos
tiempo. Pero lo que sobre todo reducía el tiempo de que disponía era la necesidad
imperiosa de trabajar para vivir. Mi colaboración desde hace ya ocho años en
el primer periódico anglo-americano, el New York Tribune(1), me obligaba a desperdigar
extraordinariamente mis estudios (ya que sólo en casos excepcionales me dedico
a escribir para la prensa). Los artículos sobre los acontecimientos económicos
más salientes de Inglaterra y el continente formaban una parte tan importante
de mis colaboraciones, que me vi obligado a familiarizarme con una serie de
detalles de carácter práctico situados fuera de la órbita de la ciencia propiamente
dicha de la economía política.
Este esbozo sobre la trayectoria de mis estudios en el campo de la economía
política tiende simplemente a demostrar que mis ideas, cualquiera que sea el
juicio que merezcan y por mucho que choquen con los prejuicios interesados de
las clases dominantes, son el fruto de largos años de concienzuda investigación.
Pero en la puerta de la ciencia, como en la puerta del infierno, debiera estamparse
esta consigna: Qui si conven lasciare ogni sospetto; ogni vilta convien che
sia morta.
Carlos Marx
Londres, enero de 1859.
(1) New York Daily Tribune, diario democrático que se publicó en Nueva York
entre 1841 y 1924. Marx colaboró en él desde 1851 hasta 1862.