EDITORIAL

LAS CRISIS Y LA CRISIS

Durante más de una hora la estación ferroviaria de Constitución fue terreno ganado por la bronca. La humillación cotidiana a la que se ven sometidos los usuarios de las empresas públicas entregadas al sector privado durante los años de exacerbación de la orgía neoliberal fue esta vez el detonante de una reacción espontánea que finalizó en una nueva represión policial. Otra vez los trabajadores fueron las víctimas, entre ellos los más pobres, aquellos a los que no se les ofrece otra opción que aguantar la arbitrariedad y la falta de escrúpulos de empresas que le arrancan a la sociedad una renta varias veces millonaria.
La crisis aflora nuevamente en la superficie como consecuencia de una significativa carencia gubernamental a la hora de enfrentar problemas estructurales, para cuya resolución es necesario que la gestión Kirchner desarticule rápidamente cada uno de los engranajes de la perversa maquinaria impuesta por el neoliberalismo.
Tal como se pudo advertir en los episodios generados en Santa Cruz, se trata de una situación que también habla de una crisis de representación política, que en estos días, pone en el ojo del huracán a una gestión gubernamental que debe comenzar a advertir que transita hacia una encrucijada de difícil resolución si no está dispuesta a hundir el cuchillo a hueso y avanzar, en el orden interno, hacia la adopción de medidas coherentes con algunas señales que brinda en lo inherente a su posicionamiento internacional en el plano regional.
En momentos en que la carestía amenaza con absorber cualquier aumento salarial arrancado por la lucha de los trabajadores, el planteo de la necesidad de que se redistribuya la riqueza es una premisa insoslayable que no están dispuestas a considerar ni la derecha de los negocios ni aquella que, escondida tras una mascarada pretendidamente progresista, intenta viabilizar la restauración de los valores tradicionales de la República.
Así, en el marco de una peligrosa recomposición de los sectores más reaccionarios de la sociedad, que buscan generar desde lo electoral un escenario político dominado por la alternancia de dos bloques de derecha, los esfuerzos de la izquierda y los sectores populares deben orientarse a superar la crisis de alternativa que los atraviesa. Para enfrentar el desafío que plantea la crisis de alternativa, se hace necesario contribuir a una construcción que priorice el carácter unitario y plural, lo diverso, pero profundo. Una herramienta que permita avanzar en una construcción política real que garantice la creación de poder popular e interpele el sentimiento antimperialista de vastos sectores de nuestra sociedad.

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