EDITORIAL
CLAVES DEL MOMENTO
Para comprender qué pasó en la Argentina durante los
últimos cuatro años, quizá sea prudente tratar de advertir cuáles son los escenarios
posibles que quedan abiertos tras ese momento. Pero también hay que tener en
cuenta las características que la gestión Kirchner le imprimió a ese período,
en el que navegó entre contradicciones
en lo inherente a su política internacional y la postulación de un llamado capitalismo
nacional inviable a la luz de la estructura económica neoliberal y el impacto
social que causó durante las últimas décadas en la Argentina. El 25 de mayo
de 2003 Kirchner invocó el retorno a la etapa de distribución del peronismo
histórico, pero pese a la bonanza económica basada en varios años de crecimiento
con las más altas tasas de América Latina, es evidente que la burguesía local
carece del esqueleto político para aguantar las exigencias de llevar adelante
ese proceso. Mucho menos uno que esté caracterizado por transformaciones profundas
que devenga en un proyecto de desarrollo nacional con equidad, soberanía y democracia.
Aunque no se puede menospreciar la caída de algunos índices, hay que decir que
avanzar hacia un país con equidad y protagonismo popular requiere poner la bonanza
económica que parece proyectarse aún en el horizonte al servicio de los intereses
del pueblo y no de un conjunto de grandes trasnacionales que se aprovechan de
la enorme renta petrolera y agraria para quedarse con la parte del león de la
economía nacional.
La actitud del gobierno nacional -junto a Brasil, Venezuela, Paraguay y Uruguay-
de condenar a EE.UU. por la liberación del terrorista Luis Posada Carriles,
no deja de presentarse como un signo positivo, aunque sigue pendiente el retiro
de las tropas instaladas en Haití y no prestarse a las políticas anticubanas.
A la hora de analizar cuál es la clave para leer adecuadamente el panorama que
debemos encarar en el momento que se viene, tenemos que advertir que va a estar
caracterizado en el orden local y regional por una fuerte contraofensiva de
una derecha que va por la reafirmación del neoliberalismo y la restauración
de la hegemonía cultural.
En estos cuatro años de kirchnerismo, con lucha y consecuencia, el campo popular
arrancó cambios favorables y ganó espacios, de ahí la reacción de los sectores
más concentrados de poder que desarrollan ahora una intensa actividad que les
permita retrotraer la situación.
No se trata de nombres sino de proyectos, eso queda claro, y es ahí donde, más
allá de sus distintas fisonomías, la derecha actúa con una inteligencia común.
De los ecos que todavía sonaban apenas pocos años atrás aludiendo a una sola
lucha de piquetes y cacerolas, el tandem de la derecha, la de los negocios y
aquella de la restauración, no se sonroja ahora al afirmar que entre sus premisas
está acabar con el piqueterismo o perforar la cultura de los sectores progresistas
opuesta a votar derecha. A buen entendedor pocas palabras, ellos saben lo que
quieren y van por más.
Así lo exhiben impúdicamente durante los días que corren, en la Venezuela bolivariana
cuando reaccionan ante la decisión soberana del gobierno de Hugo Chávez que
no le renovó la licencia a Rctv. Se trata de una reacción cuyos ecos se escuchan
en toda la región, que la derecha de nuestro país hace propio y que va mucho
más lejos del episodio que la provocó. Así las cosas, hoy se renueva la vigencia
de la necesidad de construir una alternativa política real en la Argentina que
sea capaz de reunir a todo el sujeto social agredido, aquel que durante los
últimos años brindó reiteradas muestras de su voluntad antimperialista. Pero
también se presenta el reto de cortar de raíz cualquier intento de la derecha
política por consolidar una posición que le permita ganar espacio en el momento
que se avecina.
Para ello hace falta una fuerza política amplia y profunda a la vez que se inserte
sin ambages en el proceso socialista de liberación nacional que protagonizan
Cuba y Venezuela principalmente en el continente.