EDITORIAL
¿QUÉ SE DIRIME EL 24 DE JUNIO?
Las derechas políticas, concebidas hoy por hoy como la expresión electoral descarnada
y directa de las clases dominantes, están ganando posiciones electorales en
el país. Existen y avanzan. Parece obvio, pero resulta que es necesario decirlo.
Mauricio Macri se impuso en la primera vuelta de las elecciones de la Ciudad
de Buenos Aires y Jorge Sapag, un hombre de Sobisch, ganó en Neuquén. Utilizan
tintes populistas, pero a los comunistas y otras fuerzas de izquierda y progresistas
no nos caben dudas de la representación que ejercen a nombre de los monopolios
más concentrados.
Por su parte las izquierdas, que estuvieron disputando espacios con las corrientes
reformistas durante los últimos años, están ante el desafío impostergable de
cambiar el piñón fijo y atender a los nuevos fenómenos para analizar las particularidades
de la situación concreta.
En la Ciudad de Buenos Aires se presenta ahora una batalla de singulares características.
Por un lado, el peligro de un gobierno de derechas se ha incrementado, y podríamos
decir que acecha en la puerta de nuestras casas, para quitarnos lo que tenemos
y dificultarnos la lucha hacia lo mucho que nos queda por conquistar. Por supuesto
que con represión mediante, en compañía del Sr. Blumberg y de la "mano de obra
desocupada".
Por el otro, se habilita una tendencia a la unidad del progresismo -esté con
el gobierno o fuera de él- con los sectores más avanzados y de izquierda, tanto
ante las particularidades del duro enemigo a enfrentar, como por el positivo
papel jugado por la coalición que impulsó la fórmula Filmus-Heller. Aquí cabe
destacar la buena perfomance del espacio Diálogo por Buenos Aires, por el discurso
renovado y alternativo del binomio que lo encabezó y porque ha resultado ser
ni más ni menos que la segunda fuerza electoral del distrito.
Vale remarcar, entonces, el acierto de haber dado a luz esta expresión política.
Ello permite que hoy contemos con una herramienta de transición valiosa para
las fuerzas plurales alternativas, en la circunstancia concreta que vive la
Ciudad.
Las izquierdas no pueden seguir omitiendo en sus análisis esta cambiante realidad.
En términos ideológicos, no es de marxistas ni de revolucionarios el mirar para
otro lado. Mucho menos es dialéctico no analizar el conjunto de las contradicciones
con el repetido y simplista slogan del "son lo mismo". Y en términos políticos,
resulta extraño el afán abstencionista o votoblanquista, en el fondo neutral,
cuando es evidente que tales tácticas benefician al macrismo, ya que al reducirse
el total de votos válidos se incrementa proporcionalmente su porcentual, además
de la lógica resta de votos a sus únicos y reales oponentes.
Ciertas izquierdas tampoco pueden dejar de reflexionar acerca de su pertinaz
dogmatismo sectario -que las divide cada vez en más grupos estériles- como un
factor adverso, en calidad y cantidad, a la construcción de una alternativa
política cierta y apegada a la realidad.
El escenario actual confirma que las alternativas no se gestan en las salas
de reunión, sino en el complejo mundo de las contradicciones, sobre las cuales
hay que actuar para transformar la realidad y no sólo para contemplarla.
Este tipo de actitud transformadora reclama hoy, por otra parte, no bajar los
brazos, con el argumento de la batalla perdida. "La lucha que se pierde es la
que se abandona" y, por lo tanto, es un deber seguir peleando, o salir a pelear,
para evitar que Buenos Aires se transforme en una gran cabecera de playa de
las derechas más explícitas. Y en esa brega, cualquiera sea el resultado el
24 de junio, se trata de agrupar a las fuerzas más dispuestas a confluir después
de esa fecha en un proyecto progresista y avanzado, donde las izquierdas, desde
la acción y el debate, ocupen un lugar de peso y tengan capacidad de incidencia
y de modificación de las correlaciones de fuerza. Es decir, se trata trabajar
para erguir una alternativa política que verdaderamente actúe con el criterio
de atraer a la unidad con la izquierda a los trabajadores y sectores populares
que se ubican en posiciones de centroizquierda, de centro, o incluso de derecha,
como muchos sectores de bajos recursos y de capas medias que terminaron votando
al Pro o a Telerman el 3 de junio.
Los comunistas sostenemos nuestra independencia del kirchnerismo, y mantenemos
las diferencias y el sentido crítico con que analizamos muchas de las políticas
oficiales, especialmente las relativas a la distribución de la riqueza, pero
no somos obtusos al analizar que la dicotomía que está en juego en el balotage
del 24 de junio no es entre el socialismo o el capitalismo ni entre la revolución
o la contrarrevolución, cosas que por otra parte no se van a dirimir en una
elección como esta, sino para enfrentar la perspectiva de una Ciudad de derechas,
de los monopolios, neoliberal, más excluyente y elitista.
Y en ese terreno trabajaremos de frente, como lo venimos haciendo desde nuestro
16º Congreso, en la construcción de una alternativa política democrática, popular,
antimonopolista y antimperialista.
Corresponde, en fin, en estas tres singulares semanas, desarrollar todo el esfuerzo
para apuntalar la fórmula que integran Daniel Filmus y Carlos Heller, sin retacear
voluntad, palmo a palmo, disputando la conciencia y el corazón de todos y todas
quienes habitan esta ciudad. La firmeza y la flexibilidad de la línea política
de los comunistas no sólo lo permite. Lo demanda.