DERECHOS HUMANOS

LOS CRIMENES DE LA TRIPLE A

EN LA LUCHA POR LA JUSTICIA


El testimonio de Sergio Schilmann habla con elocuencia del accionar de la banda asesina y sobre la actitud que tuvo el Partido Comunista en los años de plomo.


En el marco de la labor que viene desarrollando el Partido Comunista como querellante, en representación de cada uno de sus militantes víctimas del accionar de la Triple A y de la dictadura, el abogado Martín Livolti, apoderado del PC santafesino, se entrevistó con Sergio Schilmann.
En la oportunidad se trataron aspectos vinculados a la causa que por apremios y torturas, se inició en agosto de 1979 contra la banda de Guzmán Alfaro, continuador del criminal y torturador Feced en la UR II de la policía de Santa Fe.
Vale recordar que por entonces Schilmann era miembro del secretariado del Sector Universitario de Rosario, donde, entre otras, desarrollaba la tarea de Relaciones Políticas "aunque la mayor parte del tiempo lo utilizaba en el trabajo del Centro de Estudiantes de Económicas". Recuerda que "eran días de clandestinidad, militancia restringida aún en labores gremiales como los apuntes y los torneos de fútbol, como en las tareas de solidaridad y en los organismos de derechos humanos".
Schilmann relató que "la tarde del día que me chupan de la puerta de mi casa, había participado en una reunión con abogados del Partido y miembros de direcciones intermedias de la Fede donde tratamos todas las medidas concernientes a la prevención, respuestas y recursos frente a la represión. A la salida me reuní en un bar con un compañero para retransmitirle lo tratado en esa reunión, pero me olvidé en el bolsillo trasero del pantalón la servilleta del bar donde nos reunimos, con algunas anotaciones sobre lo conversado que, aunque no incriminaban a nadie más que a mí mismo (incluso lo escrito estaba en una especie de clave) fue la "excusa" para dos horas de torturas esa misma noche y al día siguiente".
El militante de PC no sabía que tenía captura recomendada, algo de lo que se enteró más tarde gracias a un secretario de otro juzgado, amigo del recordado Rodolfo Shcoler. La noche del 22 de agosto de 1979, cuando retornaba a su casa junto a mi familia, lo estaban esperando en las cercanías. "Apenas se abrió la puerta de casa aparecieron como ocho ó diez tipos, me subieron entre dos a un coche, me esposaron, me encapucharon con mi pullover y empezaron los golpes y amenazas. Temí lo peor y aunque después pude darme cuenta que todo fue muy breve, en ese momento me pareció que todo duraba una eternidad". "Apenas llegamos al Servicio de Inteligencia (lo supe una vez afuera) y luego de unas cuantas trompadas, comenzaron con la picana directamente. La sensación de pánico se juntaba con alguna "reserva" que ni yo mismo pude explicarme. Lo entendí después cuando en una oportunidad, en una reunión junto a muchos camaradas que habíamos sido víctimas de la represión, le escuché decir al compañero Zamorano: 'Vieron que uno siempre se imaginó que si caía preso o secuestrado, iba a reaccionar de tal o cual manera, diría tal o cual cosa, idealizamos alguna que otra forma heroica de resistir o enfrentar a estos hijos de puta... Bueno al final no hacemos ni decimos nada de todo eso, pero la formación que nos ha dado nuestro partido, nuestra experiencia en la militancia, de alguna manera nos da fuerzas, de alguna manera u otra en casi la totalidad de los casos los comunistas no nos entregamos".

LIBERACION

Shilmann continúa recordando que "la acción del Partido comenzó en el mismo momento en que me 'secuestran'. Estaba mi viejo presente y aunque quiso perseguir al auto en el que me llevaron y fracasar en ese intento, no se quedó quieto. Fue rápidamente a la casa de uno de mis compañeros que venía siempre por casa y mientras el flaco se encargó de 'limpiar' mi habitación, el viejo (que tenía mucha historia de cárceles y detenciones) se contactó inmediatamente con la dirección del Partido. En plena sesión de tortura sentí la voz de uno de ellos que gritando y puteando, decía: 'Quemalo a este hijo de puta que se hace el pelotudo pero acaba de llamar el presidente del Partido Comunista'…Es decir, a la hora, hora y media el Partido se estaba moviendo y el apoderado de ese momento Alberto Jaime, estaba llamando por teléfono a todos lados reclamando por mi libertad e integridad".
Y prosigue, "desde el día siguiente, los abogados del Partido se dedicaron a presionar en los tribunales federales y mi viejo junto con ellos. Estaba por llegar o ya había llegado al país, la CIDH de la OEA, el caso se denunció en los medios y coincidió, 22 de agosto, con un acto relámpago del Partido frente al edificio del II Cuerpo por la aparición de Tito Mesiez que nos lo arrebataron un año antes".

QUERELLA

Hoy el Partido Comunista se va constituyendo como parte querellante en representación de cada uno de sus militantes víctimas del accionar de la Triple A y de la dictadura. "Lo considero como una política propia y permanente de un Partido que, como todas las fuerzas del campo popular, debe aportar al esclarecimiento, juicio y castigo de cada uno y hasta el último de los casos de terrorismo de Estado. Enarbolando los casos de nuestros compañeros, no es que sólo nos importan 'nuestros', sino que ese será nuestro aporte, ya que son aquellos en los que tenemos mejores condiciones e ingerencia para cumplir con ese cometido".
Y finalizó Schilmann recalcando que "está en nuestra historia la fundación de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, mucho antes que la APDH, la fundación misma de esta última y la participación en todos los organismos de derechos humanos que fueron creándose en cada instancia", es algo que "forma parte insoslayable de nuestra cultura y de esa historia desde Juan Ingallinella hasta el Negrito Avellaneda".

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