EDITORIAL

ESTE NO ES EL CAMINO

El miércoles pasado, 6 de junio de 2007, el Senado de la Nación aprobó por una aplastante mayoría (con la honorable excepción del voto en contra del senador del Partido Socialista Rubén Giustiniani) el proyecto de modificación del Código Penal elaborado por el Poder Ejecutivo y elevado a tratamiento con la firma del doctor Néstor Kirchner el 20 de diciembre pasado, que establece gravísimas modificaciones regresivas en un Código Penal que arrastra el impacto reaccionario de las propuestas Blumberg, aprobadas en su momento con la misma aplastante mayoría, y que pone en riesgo a los propios preceptos constitucionales. Resalta entre otras, la propuesta de crear la figura de "asociación ilícita terrorista" mediante la sanción de un nuevo artículo 213 ter que propone considerar como actos terroristas a los cometidos para "aterrorizar a la población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo" para lo cual se realice una "acción de propagación del odio étnico, religioso o político", "organizados en redes operativas internacionales" y "disponer de armas de guerra, explosivos, agentes químicos o bacteriológicos o cualquier otro medio idóneo para poner en peligro la vida o integridad de un número indeterminado de personas" lo que abre la posiblidad de que se intente sancionar como acto terrorista a cualquier acción popular que pretenda modificar alguna decisión gubernamental, supongamos que se proponga suspender el pago de la deuda externa como parte de una campaña del Foro Mundial Social, y que en el transcurso de las movilizaciones, la policía o los servicios de inteligencia "descubran" con su labor de "investigación" que alguien tiene una granada de gas o alguna pistola (tal como ya ha ocurrido en el movimiento popular chileno sobre la base de la misma legislación). Si a esta nueva figura le sumamos la ampliación de atribuciones para la Unidad de Investigación Financiera (UFI), a la que se le encomienda la investigación de acciones vinculadas con el "narcoterrorismo", para lo cual se modifican artículos de las leyes 21241 y 21246, se podrá advertir la gravedad de los cambios propuestos, al permitir que se califique a militantes populares con la figura de terroristas por parte de los servicios de inteligencia y las fuerzas represivas, que el mismo presidente Kirchner denunció en diciembre pasado como contaminadas por nostálgicos del Terrorismo de Estado y las mafias. Tal como se reconoce en el mensaje presidencial, la sanción de las modificaciones forma parte de una secuencia de acciones internacionales que se remontan a 1999, pero que claramente tienen un salto de calidad a partir de la llamada Guerra contra el Terrorismo que el gobierno de los EE.UU. desplegó a partir de setiembre de 2001 y que ha llevado a que la Argentina firme todos los convenios propuestos y se sume a todas las instancias supranacionales tales como el Grupo de Acción Financiera Internacional sobre Lavado de Dinero (Fatfgafi) que es el que amenaza con sanciones para imponer las modificaciones votadas. Pero nadie debe engañarse, no estamos hablando de control de operaciones financieras mafiosas sino de control social y persecución a militantes populares, estamos hablando de legitimar en el discurso de Estado la figura del narcoterrorismo bajo cuya insignia se libran las batallas contrainsurgentes del siglo 21. Ya se investiga entre nosotros a los colaboradores de las Farc de Colombia y no faltarán quienes vuelvan a "encontrar" rastros de Marulanda en las movilizaciones populares. El chantaje imperialista no es justificativo de la concesión que se propone. La arremetida de Blumberg y la derecha de Bergoglio, Macri y Bendini de estos días no se enfrentan con acciones como ésta, sino todo lo contrario, yendo a fondo contra los genocidas en los juicios y democratizando el sistema jurídico y penal argentino. En su momento el Ministerio de Justicia conformó un equipo encabezado por el reconocido jurista David Baigún para elaborar un proyecto de modificación del Código Penal que subsanará el desquicio del "continuismo judicial" que arrastramos desde la dictadura, potenciado por las reformas Blumberg producidas en un Código que no sólo es reaccionario, clasista y sexista, sino que ha perdido sentido de proporcionalidad entre delito y pena. Estas medidas apuntan seriamente a una democracia progresivamente restringida y funcional a un proyecto de país para nada soberano y con justicia social, sino injusto y subordinado a los poderes internacionales. El proyecto se elaboró, pero lejos de someterlo al debate social, el gobierno Kirchner optó por "congelarlo" y enviar la propuesta de modificación reaccionaria que ahora aprueba el Senado y que anuncia graves peligros para la democracia, peligros que deberán ser enfrentados con firmeza y amplitud de miras para impedir que se sancione la ley y si lo hacen, para comenzar ya la lucha por impedir que se aplique y lograr su pronta anulación para impedir que la lógica imperialista de la Guerra contra el Terrorismo se "naturalice" en la agenda cotidiana. La lucha contra estas maniobras de restricción democrática forman parte de la construcción de un proyecto alternativo de país con desarrollo equitativo inconcebible sin democracia participativa y protagónica.

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