EDITORIAL

EL DÍA DESPUÉS

Ni los hermanos Grimm pudieron haberlo hecho mejor. En pleno festejo, apenas pasada la media noche, súbitamente se esfumó la inocencia casi infantil que rodeó la figura de los candidatos Pro durante toda la campaña, y con un rictus un poco más adusto, Mauricio trazó públicamente los ejes de lo que será su gestión como jefe de Gobierno, y aunque le pueda doler a alguno de sus inadvertidos votantes, la carroza tornó en calabaza y Mauricio volvió a ser Macri.
Y así, sin ruborizarse, Macri derramó sus verdades, las mismas que a instancias de sus colaboradores más cercanos, no se animó a mencionar durante la campaña. Los dichos del jefe de Gobierno electo preanuncian una singular dureza hacia los trabajadores coherente con pensamiento conservador-neoliberal, para lo que va a contar con la inestimable colaboración la vicejefa y de un gabinete que tendrá entre sus filas a inefable Horacio Rodríguez Larreta.
Pero no son éstos los únicos que se apresuraron a ensalzar al titular de la gestión porteña que comenzará en octubre. A los referentes de la derecha del PJ y los socios naturales del macrismo en el orden nacional, se sumó la voz de Domingo Cavallo, quien entre otras cosas, no dudó aconsejarle a Macri que se juegue a nivel nacional, y sin un atisbo de vergüenza, pontificó que su triunfo ha creado una esperanza de cambio. A buen entendedor pocas palabras: los argentinos sabemos muy bien hacia dónde se dirigen las esperanzas y los cambios deseados por el ex ministro de Economía de Menem y De la Rúa. Más lejos de las cámaras de TV, pero sin dudas, relevante, fue la otra segunda vuelta. En Tierra del Fuego e inesperadamente para algunos, se impuso Fabiana Ríos, una farmacéutica de origen socialista, que en el armado electoral que conformó desde el ARI sumó a sectores independientes y de izquierda, entre ellos, el Partido Comunista.
Así, en el marco de la carencia de alternativa, comienzan a consolidarse experiencias favorables que pueden converger en la construcción de una herramienta política unitaria y de carácter alternativo, de izquierda-centroizquierda.
Es en esta dirección en la que debemos evaluar -el día después del balotaje de los comicios porteños- la experiencia desarrollada en la Ciudad de Buenos Aires, que trabajó por la postulación de la fórmula integrada por Daniel Filmus y Carlos Heller. Hay que valorar el explícito apoyo que un importante grupo de partidos de izquierda y centroizquierda brindaron a esta fórmula en la contienda del 24 de junio.
Pero también hay hacer lo propio en torno del debate de proyectos al que se pudo arribar durante las semanas previas a la segunda vuelta. Sin dudas, se trató de un complejo debate mediante el que se logró llegar a expresiones unitarias de oposición al macrismo, que pueden enriquecer las búsquedas de construcción frentista. De este modo, mientras la derecha festeja a su manera, los comunistas junto a otros sectores de izquierda y centroizquierda enfrentamos una exigente y alentadora posibilidad de construcción frentista que se extiende a lo largo de todo el país.

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