EDITORIAL

LA CARRERA PRESIDENCIAL

Con oficialización de la candidatura presidencial de Cristina Fernández, comienza la recta final de la carrera que culminará el 28 de octubre. Agazapada en la grilla de partida, la derecha todavía no define postulantes, aunque sus distintos actores coinciden en continuar con el estado de desigualdad social reinante, lo que no quiere decir otra cosa que, para ellos, se debe seguir garantizando la máxima ganancia capitalista. Pero no es esto en lo único en lo se ponen de acuerdo y así lo vienen demostrando con la ofensiva que, con la logística de la embajada de EE.UU., vienen desarrollando desde el establishment y las principales cadenas de información. La estrategia es clara: se trata de horadar la política internacional de nuestro país, en particular, la relación establecida con Venezuela, pero también de impedir que se avance sobre la impunidad que sembrara el terrorismo de Estado, diseñar una política de mano dura, atenerse a las exigencias del Vaticano y favorecer el formidable negocio de este principio de siglo: los biocombustibles.
Entre tanto, la senadora Fernández de Kirchner expresa sus primeros enfoques políticos de campaña anunciando un pacto social, pero no alude a la tremenda desigualdad e injusticia.
Es en este contexto en el que cobra más vigencia la necesidad de avanzar en propuestas de carácter unitario y frentista como aquellas desarrolladas en distintas provincias que tienen a los comunistas entre sus protagonistas.
Si bien se trata de experiencias que poseen sus propios tiempos, componentes y características, presentan puntos de contacto con el valioso antecedente del Encuentro Nacional por la Soberanía Popular, a la vez que tienen la potencialidad de converger en una fuerza capaz de plantear la construcción de alternativa política en el orden nacional. En tal sentido es altamente valorable el reciente acuerdo alcanzado entre el Partido Humanista y el Partido Comunista, un espacio que tiene la vocación de sumar a otros sectores políticos y sociales, así como a dirigentes y personalidades.
Estas construcciones poseen una programática en la que la distribución de la riqueza es un eje común. Y es este uno de los grandes debates que necesariamente habrá que imponer en la agenda electoral.
Se trata de un punto que contacta con la problemática que afrontan hoy los trabajadores. Las discusiones paritarias que reclaman aumentos salariales y mejoras en las condiciones laborales pusieron en el centro de la escena a los trabajadores ocupados, sin embargo, el núcleo de trabajadores desocupados o con salarios en negro sigue marcando los rasgos principales de una desigual e injusta distribución de la torta, un segmento más que relevante, al que hay que sumar a quienes viven bajo de la línea de pobreza e indigencia.
Solo la articulación de estos sectores sumada a la conformación de un gran movimiento social que busque la propuesta política de carácter alternativo podrá poner en negro sobre blanco los propósitos de la derecha, señalar las limitaciones de los postulados de Tercera Vía y avanzar en la construcción de la propuesta que requiere nuestro pueblo.

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