EDITORIAL
¿LA MESA ESTÁ SERVIDA?
En su empeño por construir una fuerza de derecha apta para dar pelea en esta
etapa, distintos actores políticos de ese sector pugnan por construir una hegemonía
que les permita traccionar a los demás detrás de su propia figura.
Aunque en apariencia se trata de ofertas variadas, en esencia son idénticas:
el factor común que las une puede sintetizarse en el mantenimiento de las pautas
neoliberales, un particular énfasis en el concepto seguridad homologable a represión,
la restauración de la cultura autoritaria y una sumisión absoluta a los mandatos
del imperio y a la imposición de su nueva ronda de negocios, cuyo índice más
claro es la reconversión de la producción agraria hacia la de biocombustibles.
Pero para garantizar el éxito de su programa, los sectores concentrados de poder
necesitan la complementación de los actores políticos de la derecha. Así, mientras
el otrora "ingeniero" Blumberg nos habla de seguridad, los Macri presentan las
virtudes que posee la nueva panacea de la modernidad y los negocios, y no están
ausentes en este menú Lavagna y López Murphy, cuando se trata de hablar sobre
la necesidad de recuperar los valores republicanos. Pero si alguien cree que
algo le está faltando a este plato indigesto, solo basta con voltear la mirada
hacia San Luis, donde en el encuentro de Potrero de los Funes, podrá encontrar
los ingredientes necesarios para imponer el miedo que hace falta para la implantación
de este proyecto. La fotografía de Sobisch, Menem, Rodríguez Saa y Puerta es
más elocuente que las palabras.
Para el postre, esta carta nos tienen reservado algo especial: el odio visceral
que les despiertan los procesos de cambio abiertos en Nuestra América, y en
especial, la Revolución Bolivariana y el presidente Hugo Chávez. Pero lo que
para un inadvertido podría aparecer como una manifestación de corte irracional
tiene un fundamento material contundente en el peligro que el proyecto boliviariano
significa para los intereses comerciales y financieros del imperio y sus gerentes
latinoamericanos. Es entonces cuando cobra mayor vigencia el mensaje que Fidel
entregó en 2003 desde las escalinatas de la Facultad de Derecho. Allí diferenció
enemigo de adversario e instó a que los pueblos seamos protagonistas de la formidable
batalla de ideas que caracteriza los albores del presente siglo.
Así las cosas, el fenómeno de la derecha vernácula no es exclusivo de nuestro
país, sino que articula con otros medularmente iguales que avanzan con distintos
grados de contundencia, pero con idéntica peligrosidad, en otras latitudes del
planeta, y también en nuestra región.
Queda claro entonces que los grupos concentrados de poder parecieron entender
antes que nadie el verdadero sentido estratégico del mensaje de Fidel, por lo
que cobra todavía mayor relevancia la agenda de tareas que debemos emprender
los sectores populares de la Argentina.
En ese índice deben tener un lugar privilegiado los esfuerzos por superar la
crisis que la izquierda padece desde hace años, una tarea que sin dudas impone
la necesidad de realizar esfuerzos significativos en el camino de la construcción
de una herramienta política de carácter amplio y profundo, desde la que, actuando
con flexibilidad, podamos reunir la masa crítica indispensable para librar la
batalla propuesta por Fidel. En un escenario aun abierto, la derecha empieza
a mostrar su juego; en tanto que a partir de sus limitaciones, las posiciones
de Tercera Vía se encuentran ante el dilema de definirse. En la resolución favorable
de las tareas pendientes se juega entonces, no solo el destino de la izquierda,
sino también la posibilidad cierta de construir el mejor camino para garantizar
un poder realmente popular.