DERECHOS HUMANOS

ALBERTO CARVAJAL

Sigue reclamando juicio y castigo


Tres décadas pasaron desde que Alberto Carvajal fue asesinado en el penal de Chimbas, en San Juan, treinta años en los que la impunidad sigue apañando a quienes lo secuestraron y torturaron ferozmente hasta ultimarlo, pero también a aquellos que desde las sombras pergeñaron el modelo cuya aplicación imponía la masacre que convirtió en mártir a este joven comunista de apenas 32 años.
Alberto Carvajal era trabajador y estudiante de ingeniería, a temprana edad ingresó a la FJC, desde donde por sus cualidades militantes fue promovido a secretario de Organización del PC sanjuanino.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un camarada tranquilo y humilde, mesurado en sus actos y palabras, que merced a su claridad ideológica e iniciativa política realizó un significativo aporte a la organización del Partido en su provincia.
En San Juan, donde en esos días el Partido contaba con un importante componente obrero y campesino, la preocupación central en el desarrollo de su tarea fue estar siempre al lado de la clase y aportar a la organización de las direcciones intermedias en cada barrio y localidad, lo que rápidamente lo convirtió en un compañero respetado y querido. Alejado de toda ampulosidad, serio y analítico, Alberto priorizaba el diálogo y así construía solidarios lazos de responsabilidad y respeto a los compromisos y acuerdos militantes.
También cumplió tareas internacionalistas y tuvo un papel importante en la organización de las operaciones que permitieron que muchos luchadores chilenos pudieran cruzar la cordillera tras el golpe del genocida Pinochet. Actividades complejas que lo tuvieron siempre en la primera línea.
Lo detuvieron durante últimos días de julio de 1977. Los responsables materiales de su brutal crimen tienen nombre: Jorge Olivera, Juan Carlos Coronel, Carlos Luis Malatto, son algunos.
Pretendieron ocultar las circunstancias de su asesinato haciéndolo pasar por un suicidio, una burda versión que fue desestimada en el juicio que se llevó a cabo en la década del 80, merced a los datos aportados por sus familiares y el PC.
Su crimen, como el de tantos otros compañeros, sigue reclamando juicio y castigo, dos palabras que cobran mayor vigencia cada día, al igual que aquello que le dio sentido a su lucha, un mundo donde la vida digna deje de ser una demanda, para convertirse en una realidad cotidiana, lo que no es otra cosa que una sociedad socialista.

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