EDITORIAL
CONSTRUCCIONES Y CAMINOS
La derrota cultural que sufrió el neoliberalismo en
la región disoció al poder real de la sociedad civil y el Estado, esto propició
la reconstrucción del movimiento popular que en estos días protagoniza distintos
procesos en Venezuela, Bolivia y Ecuador. En nuestro país abonó la crisis de
representación de las herramientas políticas utilizadas por ese poder real y
hasta llegó a horadar la propia institucionalidad.
De esta manera, en el marco de una crisis política nacional en la que los comicios
cordobeses aparecen como un claro índice y que no presenta perspectivas de resolución
inmediata tras las elecciones de octubre, las contradicciones de la gestión
Kirchner son un claro ejemplo de las limitaciones propias de cualquier expresión
de Tercera Vía, pero también abren las puertas a la posibilidad de avanzar en
la construcción, desde la política, de un proyecto de alternativa. Se trata
de un camino en cuya confección necesariamente tendrán que estar presentes los
partidos políticos, de una tarea en la que, con un espíritu amplio, deben comprometerse
todos aquellos sectores de centroizquierda e izquierda y que debe estar sustentado
también en la construcción de poder popular. Queda cada vez más claro que, aunque
pueda presentarse aparentemente contradictorio, el camino elegido por la derecha
en pos de su fortalecimiento identitario es sumamente coherente.
Así, al sustento que le brindan postulados éticos y aun morales que no resulta
aventurado calificar como cercanos al medioevo, se suma un discurso diseñado
a partir de categorías propias de un pueril positivismo que no tiene el menor
pudor a la hora de echar mano a elementos propios del glosario del progresismo
y la izquierda, cuando de lo que se trata es de interpelar a sociedades en las
que todavía no cicatrizaron las heridas abiertas por más de una década de la
expresión más brutal del neoliberalismo.
Aunque con distintas particularidades, y como no podía ser de otra manera, se
trata de un diseño global, en el que cobran protagonismo personajes como un
Pontífice que propicia las misas en latín y alerta sobre el peligro que para
la humanidad trae la ciencia o Nicolas Sarkozy que gana elecciones a fuerza
de meterle palos a los trabajadores.
Todo resulta funcional a la constante recreación de la ronda global de negocios,
que tal como están las cosas, ya no atenta solo contra la posibilidad de los
pueblos de tener una vida digna, sino que con su voracidad depredadora pone
en peligro el futuro mismo de la humanidad y el planeta.
La restauración que postula la nueva derecha, no se propone, al menos desde
lo formal, la recreación de formas tradicionales, pero intenta avanzar hacia
la recomposición de los lazos del poder real con la sociedad civil y el Estado.
En nuestro país, esto se advierte como el sonido del agua en los oídos de un
sediento entre la jerarquía católica que advierte que tiene mucho para ganar
en el marco de la profunda crisis de representación que padecen los partidos
tradicionales. Así, la restauración cultural de los otrora considerados valores
sagrados de los argentinos aparece como un elemento necesario para la consolidación
de la nueva derecha que comienza a delinear estructuras y liderazgos.
Pero lejos de estar muerto, como en una fábula, el monstruo solo se agazapó
y es entonces tarea de los pueblos, evitar que vuelva a atacar. Un capítulo
trascendente es aquel que transitamos en este año electoral, en el que el Partido
Comunista protagoniza experiencias muy varias en distintos puntos del país,
que desde su heterogeneidad buscan aportar a la construcción de una fuerza alternativa
nacional.