EDITORIAL
EL RETO PARA EL DÍA DESPUÉS
Fue un grupo de ultraizquierda, hay un grupo guerrillero
dando vueltas a diez días de las elecciones. La especie, descabellada, pero
coherente al fin con los propósitos de la derecha, fue deslizada en los despachos
producidos durante el fin de semana pasado por la agencia informativa Newsletter,
una de las tantas usinas de propalación de pescado podrido en la que los servicios
emplean, al menos, a parte de la mano de obra desocupada. Con este argumento,
esta agencia pretende explicar el luctuoso episodio ocurrido el viernes 19 en
La Plata, donde tres policías bonaerenses fueron asesinados en circunstancias
cuyo análisis plantea más de un interrogante.
Lo cierto es que el episodio sacudió la modorra de una campaña electoral sin
demasiados matices y precipitó un acercamiento de los principales candidatos
de la derecha en torno de dos de los factores comunes que los unen. La exigencia
de mayor seguridad y el solapado o abierto cuestionamiento a la lucha por la
vigencia plena de los derechos humanos estallaron como una pústula en boca de
muchos de aquellos que postulan la necesidad de construcción de una derecha
civilizada que se presente como alternancia viable en un universo que, por el
momento, aparece hegemonizado por un proyecto de Tercera Vía que presenta algunos
aspectos que le producen desconfianza, y, más aún, irritación.
La derecha cuenta con una estrategia en la reconstrucción de sus lazos con la
sociedad civil, que fueron sumamente deteriorados por la catástrofe que le significó
la derrota cultural sufrida por el neoliberalismo y el golpe letal que le infligió
la persistente lucha popular por la verdad y la justicia, que terminó viabilizando
la derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y la consiguiente
reanudación de los juicios a los responsables del genocidio de la dictadura.
En esa agenda tiene un lugar central la demonización de los valores éticos que
en ningún momento abandonó la izquierda. Cuestionar la veracidad de los terribles
episodios que tuvieron lugar en nuestro país durante la dictadura es un paso
previo a legitimar la aplicación de políticas de mano dura que, desde una clara
pertenencia de clase, solo tienden a garantizar la tan anhelada restauración
de lo que ahora disfrazan bajo la poco plausible mascarada de valores republicanos.
Y hacer prevalecer la idea de que no existió un plan represivo minuciosamente
confeccionado, cuya aplicación en esa época sirvió de plafón para la implementación
del cruel neoliberalismo que los argentinos padecimos más tarde, es favorecer
las condiciones para que nuestra sociedad descrea de la necesidad de generar
un programa que sume a la Argentina a los nuevos procesos abiertos en la región.
Es ahí entonces donde reside el desafío planteado, un reto que debe comprometernos
aun más de cara al día siguiente de los comicios del 28 de octubre.
Se trata, ni más ni menos, de la confección de un plan estratégico que tenga
la capacidad de imponer una agenda que debe estar atravesada por un fuerte carácter
latinoamericanista, la exigencia de mecanismos que propicien la distribución
de la riqueza, la recuperación de los recursos estratégicos que le fueron arrebatados
al Estado en los años 90, el juicio y castigo a los responsables del genocidio
y la plena vigencia de los derechos humanos en la actualidad.
Pero que también tiene que plantearse la acumulación de la masa crítica suficiente
que permita avanzar hacia el diseño de una nueva institucionalidad, basada en
la profundización de la democracia y una profunda participación fundamentada
en mecanismos de poder popular.
A pocas horas de las elecciones nacionales, quienes militamos con fuerza la
campaña del Fral sabemos que la noche del 28 nos va a encontrar con la certeza
de haber cumplido cabalmente con la responsabilidad que nos impuso este momento.
Pero también con el optimismo que plantea la mañana siguiente, la que propone
continuar en el camino de la construcción de una alternativa política conformada
desde la flexibilidad, a partir de una generosa amplitud y la contundencia que
brinda la profundidad conceptual e ideológica.