DERECHOS HUMANOS

CHACO: LOS RASTROS DE LA REPRESIÓN

Merced a una investigación realizada por el PC local, en Quitilipi se exhumó una fosa común con restos óseos de al menos una decena de personas. Se presume que podría tratarse de detenidos-desaparecidos durante la dictadura. Interviene la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

La exhumación en una fosa común ubicada en el cementerio de Quitilipi de restos humanos que pertenecerían al menos a una decena de cadáveres corroboró una versión que silenciosamente recorrió esa ciudad chaqueña durante casi tres décadas y que hablaba de que en esa necrópolis personal de las Fuerzas Armadas había enterrado cuerpos de víctimas de la represión perpetrada por el terrorismo de Estado. Los restos que fueron desenterrados merced a una orden que el fiscal de Investigaciones Nº 3 de Sáenz Peña, Marcelo Soto, recibió de la jueza Federal de esa localidad, Zuñidla Niremberger, fue consecuencia de una paciente, pero incansable, investigación que llevó a cabo el Partido Comunista de Quitilipi, que recopiló los datos necesarios para realizar la denuncia que más tarde devino en el hallazgo.
Pese al avanzado estado de deterioro de los restos, cuando se los desenterró pudo advertirse que pertenecían a cuerpos que habían sido alineados, se encontraron restos de tela y algunas de las piezas óseas presentaban daños que pueden atribuirse a impactos de bala. Por su parte, la jueza Niremberger hizo lugar a una medida cautelar presentada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y suspendió todo trámite vinculado con la investigación hasta que lleguen al lugar peritos y antropólogos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al tiempo que la fiscalía actuante dispuso el resguardo de la prueba y la realización de ADN tendientes a establecer la identidad de los restos humanos, su antigüedad y si tienen relación con personas desaparecidas durante la dictadura, por lo que solicitó la colaboración al Gabinete Científico de la Corte Suprema de Justicia de la Nación para cruzar los datos que resulten del análisis con aquellos que figuran en el Banco de Datos de Desaparecidos.


INVESTIGACIÓN

La fosa común está ubicada en una zona que en 1978 se hallaba en la periferia del cementerio, allí donde según la versión oral que sobrevivió desde entonces, durante un atardecer de ese año, personal militar cavó una fosa que a la mañana siguiente apareció cubierta.
Ningún registro del episodio fue asentado en los libros de la necrópolis, pero pese a ello, el lugar permaneció tal como estaba entonces, a pesar que con los años fue rodeado por nuevas tumbas.
El abogado Rubén Billa, dirigente del PC y de Aprocha, fue un factor relevante en la tarea de recopilación de las evidencias que permitieron ir desanudando la trama de este capítulo de la siniestra historia de la represión y su minuciosa investigación permitió presentar el caso ante la Justicia.
El propio Billa, presente en la exhumación, relató que los huesos se encontraron envueltos en "una especie de tela negra y ajustados con un precinto, como una especie de improvisada mortaja fúnebre", tras lo que confirmó que al menos uno de los cadáveres exhibía signos de haber sido baleado en el tórax.
Asimismo, anunció que la Liga por los Derechos del Hombre intervendrá en este caso y que en el mismo cementerio habría otras dos fosas donde se presume que podrían encontrarse más cuerpos.
"Lo que encontramos confirmó una versión anónima que habíamos recogido, que indicaba que en 1978, una tardecita llegó al cementerio un camión del Ejército con soldados que se pusieron a cavar un pozo, que a la mañana siguiente apareció tapado con tierra, dejando la evidencia de que allí se había producido un enterramiento", indicó Billa.
Se trató de un dato que corrió de boca en boca, sobre todo entre aquellos que en ese momento trabajaban en la necrópolis, la mayoría ya falleció, pero esto no desanimó la investigación. "Eso nos permitió investigar con los compañeros del Partido, entrevistando a uno y a otro, tratando de hurgar en la Municipalidad para ver cómo estaba registrado ese lugar, e inmediatamente que tuvimos una presunción de que allí había gente enterrada, presentamos la denuncia en la Fiscalía".
De esta manera, a casi un año de la presentación de la denuncia, y algunas dilaciones, el jueves 18 de octubre se llevó a cabo la exhumación que confirmó la versión.


LO QUE EL MIEDO QUISO ACALLAR

A 29 años comenzó a desvelarse una verdad que el miedo quiso acallar, pero persistió en la memoria de los vecinos de Quitilipi hasta que empezó a ver la luz a raíz de la actitud inclaudicable del PC local.
Se trata de una historia que trae desde el pasado algunos nombres. En aquellos años, intervenía en esa zona el Area Militar 233 al mando del general Suconi, uno de los responsables de la Masacre de Margarita Belén, pero también surgen nombres como el del sargento Ayudante (r) Aman, que estaba a cargo del Ejecutivo comunal cuando se realizó el entierro clandestino.
También hay otros como el de Carlos Oriansky, dirigente de la Liga Agraria, que según se presume, podría ser uno de los enterrados en la fosa común, entre otros dirigentes de la misma organización como Molina y Brites.

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