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¡A LOS PIBES NUNCA MÁS!
Después
de un fin de semana teñido por el horror, marchamos por las calles de
Buenos Aires, el lunes 3 de enero, para exigir justicia. Todos nos unimos en
la música callejera que dice: "A los pibes nunca más, a los
pibes nunca más, basta de gatillo fácil, de coima asesina y de
impunidad"
Fue otra vez la calle caliente, llena de pueblo
y de bronca, espontánea. Bronca que ganaba la calle que abandonaron los
cobardes de siempre, aquellos que refugiados detrás de un vallado de
policías no atinaban a dar respuestas por la masacre que ocasionaron,
la que otra vez tuvo por víctimas a los pibes.
El asfalto caliente recorrido nuevamente por columnas que se fueron formando
en cada barrio, en cada plaza, como en diciembre de 2001, con los nombres de
los pibes que asesinaron en el grito que exige justicia, que dice basta de matar.
Desde Once hasta Congreso y de allí a Plaza de Mayo, para sacar a la
calle toda la vida que la corrupción y la codicia criminal les arrancaron
a más de 180 chicos. Pero claro, los grandes medios se dedicaron a resaltar
lo terrible del repudio a Blumberg y los incidentes del final de la marcha,
provocados por policías de civil que bien saben cómo hacer estallar
esa bronca que no cabe en los cuerpos y se desborda, y esa rebeldía frente
a tanta muerte. Y nuevamente crearon el terreno para reprimir, golpear, lastimar
y detener a varios jóvenes que al cierre de esta edición de Nuestra
Propuesta seguían encarcelados por "desacato a la autoridad".
Poco hablaron los medios del masivo reclamo de justicia, del masivo repudio
a Ibarra y al silencio de Kirchner que regresa con un nuevo "gesto",
el de recibir a familiares de las víctimas. Así como hizo con
las de tantos a las que todavía no dio respuestas ni soluciones. Y quedaron
en eso, solo gestos.
Y el "Que se vayan todos, que no quede ni uno solo", volvió
a sonar en las calles de Buenos Aires. Que se vaya Ibarra con su séquito
de inspectores coimeros, que se vayan los policías que bien conocen los
boliches porteños, pero solo para sacar provecho para sí mismos
y voltear la mirada hacia otro lado. Que se vayan los inspectores de Sadaic
que bien saben también de las condiciones en que trabajan las bandas,
pero que solo mueven su dedo para contabilizar al público presente con
su cuentaganado y pasar a cobrar lo que supuestamente les corresponde. Que se
vayan los bomberos de la PFA,
que dieron su consentimiento al funcionamiento de un lugar que era una
trampa mortal.
Por estas razones, el edificio del Gobierno de la Ciudad, rodeado de policías,
fue la contraseña para el "yo sabía, que a los corruptos,
los cuida la policía". Durante todas las marchas se repite, una
y otra vez: "No los mató el incendio, los mató la corrupción".
En una esquina de la marcha, los ojos de los pibes y pibas que nos miran desde
las fotos de sus familiares, se cruzan con los ojos de otros jóvenes
asesinados que enarbolan sus compañeros motorizados. El homenaje espontáneo
a los motoqueros, víctimas del 19 y 20 de diciembre, es el homenaje también
a los pibes de Floresta, a las víctimas del gatillo fácil, a las
muchas víctimas del delito de ser jóvenes, a nuestros multiplicados
30.000. Ellos, nuestros queridos desaparecidos tenían bien claro que
la "seguridad" no se circunscribe a la reducción del índice
de delitos callejeros (en especial los cometidos contra la propiedad), sino
que es un concepto mucho más amplio, que incluye la garantía de
acceder y gozar cada uno de los derechos humanos (vida, salud, educación,
trabajo, etcétera).
En la marcha, las remeras con los nombres de las bandas forman el cordón
principal. Una generación toma la posta, para decir que no nos van a
vender el verso de que "todos somos responsables". Para decir que
no nos van a quebrar en el dolor individual que apuesta a la muerte de las rebeldías.
"Es para los pibes que nos miran desde el cielo", vociferaban con
lágrimas en los ojos un grupo de jóvenes de La Matanza dedicándoles
la marcha a sus amigos que quedaron atrapadados en el boliche, al mismo tiempo
que se hacían eco de un compromiso simbolizado en una consigna: "A
los pibes nunca más, a los pibes nunca más, basta de gatillo fácil,
de coima asesina y de impunidad". Para nosotros, la izquierda, los comunistas,
los movimientos, el pueblo todo, el compromiso de organizar la rebeldía,
de entrelazar los sueños de construir una sociedad, un mundo donde los
padres no tengan que seguir enterrando a sus hijos.
Mirta Israel