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INDISPENSABLES
Tenemos, en la izquierda, un hábito cultural de considerar
que los de más edad somos necesariamente la personificación
de la fidelidad a los principios, de la trayectoria militante, y por ello
los indispensables. Como en todo, los jóvenes salen perdiendo en esta
medición. Sin embargo, para cualquier idea o esperanza de futuro, son
los jóvenes los verdaderos indispensables. Y en la Argentina, nuestro
desdichado país, son los blancos predilectos de la discriminación,
de la marginación, del desprecio, del crimen estatal o privado. Una
vez más lo ilustra ahora, trágicamente, la muerte no sé
si inútil, pero claramente innecesaria, de tantos chicos que tuvieron
la reprensible aspiración a gozar, a amarse, a reírse, a saltar
y cantar, en un local que por la codicia de la clase propietaria y promotora
del negocio del espectáculo, y por la desidia, la estupidez y acaso
la corrupción de los gobernantes, fue una trampa mortal.
Uno de esos jóvenes irreemplazables fue mi nieto menor, Julián
Rozengardt. Deportista, rockero, guevarista, amigo, pleno de futuro y de alegría.
Hijo de mi hija Silvia, su mamá, que ha quedado náufraga y amputada
de uno de sus mayores afectos.
Lo único que te puedo decir, Julián, es que quisiera poder cambiar
de lugar con vos. Lo demás, por cierto e importante que sea y lo es,
es retórico frente a la realidad de lo irreparable. Perdonanos a todos,
Julián, y ustedes, los demás chicos que ya no viven o que han
quedado marcados para siempre, por no haber podido, pese a todas las luchas,
hacer de este país un lugar habitable para los muchachos como vos.
Ariel Bignami