OTRA VEZ PRETENDEN CULPABILIZAR A LAS VÍCTIMAS
"En algo andaban"

Nuevamente los grandes medios juegan un papel nefasto en su derrotero por "naturalizar" las miserias y tragedias más terribles que sufre permanentemente nuestro pueblo. "Somos todos responsables", una frase que vuelve a resonar y que solo apunta a mantener la impunidad cómplice

Hay un discurso terrible sobrevolando la tragedia de Once. Una interpretación que vestida de prudencia, sentido común y corrección, sirve a la impunidad. Es un relato sutilmente funcional a los mecanismos de dominación social que caracterizaron al neoliberalismo en los últimos treinta años. Ese discurso se resume así: todos somos responsables de la tragedia. Todos quiere decir, por ejemplo, "los argentinos", "la sociedad", la irredimible "naturaleza humana". Y más aún, todos también quiere decir que las víctimas son responsables. Es una transcripción, de apariencia más civilizada, de aquella otra sentencia funesta que rezaba "en algo andaban".
Por ejemplo, el perspicaz Leonardo Moledo (Página/12, 2 de enero, pág.4 y 5) encontró en la tragedia una corporización del mensaje menemista. "Gente nacida o crecida bajo el menemismo, que absorbió los valores de la trivialidad y el anonimato ante los ídolos (...) espectadores de la fiesta mientras alrededor la sociedad se derrumbaba (...) Sólo necesitaban ser mirados por la aristocracia del dinero y la TV para ser tocados por la varita del éxito y el triunfo". Ahí encuentra Moledo el mensaje menemista: "tiren una bengala, no les importen las normas, sean mirados como sea y tal vez los llamemos a la fiesta". Y al final el veredicto: "La fiesta de Callejeros, como la fiesta menemista, terminó en el desastre".
¿Qué tal? ¿Y la "tierra liberada" de que gozan los empresarios, la ausencia y complicidad del estado implícita en la "desregulación" (traducido aquí como carencia de controles), la corrupción de los funcionarios que hacen la vista gorda y son corrompidos -a su vez- por los empresarios para realizar máximas ganancias, suculentas ganancias que se hacen explotando a grupos como Callejeros, que cobran como máximo cuatro mil pesos cuando tipos como Chabán recaudan 60 mil pesos en la misma noche solo por la venta de entradas? ¿Y esto, Moledo, tiene algo que ver?
En el mismo sentido, Alberto Amato (Clarín, 4 de enero) sostuvo: "¿No suena hipócrita exigir hoy más controles cuando ya hicimos gala de violarlos todos? Hubo en la tragedia de Cromañón una enorme responsabilidad cívica que es doloroso aceptar". ¿Todos violamos todos los controles? Ajá. Y no es hipócrita que alguien escriba eso desde un diario como Clarín, que fue cómplice de la dictadura y aliado a cambio de beneficios económicos de todos los gobiernos que en las últimas décadas devastaron al país y lo transformaron en un aquelarre. Más que una convocatoria a la sinceridad, lo de Amato es una invitación al cinismo.
De igual modo, un sinnúmero de educados y prudentes columnistas de TV se encargó de deslizar responsabilidades hacia las víctimas o hacia sus familiares. Pero la enorme mayoría de los boliches de la Ciudad funciona en las mismas condiciones que lo hacía República Cromañón. Según la Agencia Walsh, de las 238 discos que hay en la Capital Federal, sólo 36 cumplen las medidas de seguridad contra incendio. Cada fin de semana la noche porteña es invadida por 1.500.000 personas que concurren a los boliches, discos o lugares de la música. Es el segundo espectáculo luego del fútbol. El 86 por ciento no cumple con las medidas de seguridad obligatorias para casos de incendios, según un relevamiento de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires. Allí la vida vale muy poco, como vale muy poco la vida de un trabajador en todo el país. Todas esas vidas han sido evaluadas de antemano como simples costos que había que reducir para que sobresalga la apetecida ganancia. Y cuando esas vidas se vieron truncadas en una dimensión atroz, lo que pasó a importar fue el costo (¡Otra vez!) político y no la solidaridad. Por eso aparecieron las excusas y las planeadas renuncias de fusibles que buscan preservar la cabeza de Ibarra, tan importante en los planes de Kirchner. Por eso también la absoluta falta de sensibilidad oficial con los familiares de las víctimas.
Argentina es, en general, una sociedad insegura producto del reinado omnímodo de un modelo político, económico y social que beneficia a una élite privilegiada y condena al resto a la exclusión, el desprecio y el sufrimiento. Ese modelo sometió y somete cada día a los pibes de la Argentina a una existencia precaria, incierta, muchas veces cruel. Ese modelo los embrutece y los restringe y luego los acusa de vivir en la precariedad y el embrutecimiento. El mercado, ese tótem del modelo neoliberal, iba a regular con eficiencia la sociedad toda. Y ahora hay quienes intentan acusar por la tragedia a quienes, simplemente, pretendían vivir en ella.

Fabián Amico

 

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