REPUDIO POPULAR A JUAN CARLOS BLUMBERG
Cosecharás tu siembra

El empresario de la mano dura y la tolerancia cero fue echado, junto a sus matones, por cientos de manifestantes que lo repudiaron minutos antes de iniciarse la marcha por justicia para los pibes asesinados en la disco de Once


A escupitajos, patadas, con furia, Juan Carlos Blumberg y los matones que lo cuidan fueron expulsados de la marcha por justicia para los pibes asesinados en República Cromagnon, el pasado lunes, a metros del santuario colmado de rostros jóvenes.
"Salta, salta, pequeña langosta/ Blumberg y Ibarra son la misma bosta", fue el grito que se extendió desde la Plaza Once hacía la calle Ecuador donde el empresario no aceptaba la voluntad mayoritaria de los familiares y amigos que habían organizado la marcha.
Como se sabe, a partir del crimen de Axel Blumberg se intensificó una gran operatoria desde diversas instancias del poder dirigidas al control, disciplinamiento y exterminio de la franja más desprotegida y joven de la sociedad. La Cruzada Blumberg logró sancionar leyes que criminalizan la pobreza y se encarnizó con los niños que aún no cumplieron 18 años en los medios y en los hechos. Por caso, recrudecieron las "muertes" de chicos en comisarías y el gatillo fácil en las barriadas. Un ejemplo, entre varios, es el crimen de cuatro jóvenes que fueron asfixiados en los calabozos de mala muerte de la 1ª de Quilmes, el 20 de octubre pasado. Los responsables, trece uniformados al mando del comisario Soria, aún permanecen impunes.
"Blumberg/ basura/ vos sos la dictadura", le gritaron más cerca y más fuerte ante el alerta de sus custodios. Aun así, se negaban a irse. Esa actitud desafiante irritó más a los familiares y amigos quienes sumaron cientos de voces al multitudinario: "Qué se vaya/ qué se vaya". Recién en ese momento Blumberg y compañía comenzaron a amagar una retirada.
"Andate Blumberg/ la puta que te parió", tronó en las gargantas del gentío sostenidamente durante varios minutos. Una lluvia de escupidas y alguna patada los convencieron de marcharse y guarecerse en el bar de un hotel. Luego, atravesando los techos, llegarían hasta un patrullero estacionado sobre Rivadavia en el cual fugaron.
"Fascista hijo de puta", fue el último insulto que despidió al empresario quien, por primera vez, cosechó los amargos frutos de su siembra.

O.C.

 

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