CONTAMINACION AMBIENTAL EN BUENOS AIRES

UNA BOMBA A PUNTO DE ESTALLAR


Diversos informes y opiniones demuestran el preocupante panorama de la población de la zona más poblada del país: la Ciudad y el Conurbano en alerta

La combinación de distintos factores, característicos de las últimas décadas, pone al descubierto realidades terribles. El progresivo abandono de los diferentes estamentos del estado, tanto en sus áreas nacionales, provinciales como municipales; de las obligaciones emanadas del cumplimiento de derechos básicos para el pueblo; así como el proceso privatizador y destructor de cualquier posibilidad de desarrollo vinculado a los intereses populares, significó en materia ambiental un resultado catastófico. Aguas servidas que se juntan con las supuestamente potables; un aire irrespirable en varias zonas de la Ciudad de Buenos Aires y del Conurbano; alimentos (que cuando llegan) están sospechados de transmitir cualquier cosa menos nutrientes o vitaminas, son solo algunos de los ejemplos que se pueden considerar a la hora de comenzar a establecer el mapa del medio ambiente en la principal región poblada de nuestro país.

AGUA QUE NO HAS DE BEBER

Ocho municipios del Coburbano estan entre los principales afectados por la extrema pobreza y los altos niveles de contaminación superficial y subterránea del agua en esa zona. La población de riesgo, probablemente afectada, incluye a más de tres millones de personas.
Un reciente informe de la Auditoría General de la Nación (AGN), sitúa a la Cuenca del Riachuelo y del río Matanza, al borde de la emergencia sanitaria. En este trabajo, que describe y analiza la condición ambiental de la cuenca en la década que va de 1995 al 2005, existen fuertes críticas al papel ejercido por el Comité Ejecutor, creado en 1993. Este organismo está formado por los gobiernos nacional, mediante la Secretaría de Recursos Naturales; el bonaerense y el porteño.
La cuenca Matanza-Riachuelo abarca una superficie de 2240 kilómetros cuadrados que incluye a Capital Federal, ocho partidos del Conurbano (Almirante Brown, Avellaneda, Esteban Echeverría, Ezeiza, Merlo, La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora) y cinco del resto de la provincia (Las Heras, Marcos Paz, Presidente Perón, San Vicente, Cañuelas). Aquí se ubica un sector numeroso de la población más agredida del país: existen trece villas de emergencia en la parte baja del río y las ausencias en materia de servicios básicos como agua potable y cloacas convierten a estos millones de habirantes en un grupo de grave riesgo.
Los vertidos cloacales y los desechos industriales son dos de los principales factores que generan la concentración de altos niveles de contaminación en aguas superficiales, suelos y aguas subterráneas, asegura el informe de la AGN.
"La problemática de la contaminación del agua en la Ciudad de Buenos Aires, tiene varias aristas. En primer lugar tenemos que hacer la diferencia entre lo que es agua potable y agua segura", sostiene Elena Herbstein, del Foro Social de Salud y Medio Ambiente (Zona Oeste).
En la mayoría de las villas de la Ciudad, lo que hay, dice Herbstein es "un acceso muy limitado al agua potable, en algún barrio tenés una o dos canillas para un montón de familias: lo que no hay es agua segura, porque la gente tiene que ir a buscarla en baldes, pone mangueras que están en malas condiciones, atraviesan el piso con aguas que están contaminadas con fluidos cloacales, eso pasa en los barrios más pobres". Lo que demuestra el dificultoso acceso y las condiciones deplorables de la vida. Herbstein, por otra parte, denuncia que en la Ciudad hay 121 mil menores de catorce años por debajo de la línea de la pobreza. Ese dato plantea una situación de emergencia que demuestra que"no hace falta que salga en los diarios, para que Telerman declare la emergencia sanitaria".
Para el Dr. Néstor Lucatelli, miembro del Foro de Salud y Medio Ambiente de Avellaneda hay un marco general determinado por factores políticos y económicos: "Muchos de los postulados de la Conferencia de la OMS en Alma Ata 1978, de Salud para Todos en el año 2000, quedaron truncos en su cumplimiento por las políticas neoliberales aplicadas por el Consenso de Washington".
Por eso, sostiene Lucatelli, "es importante desarrollar la atención primaria de la salud y tomar conciencia de la atención primaria ambiental, que se encarga de diagnosticar y tratar las patologías originadas por residuos peligrosos, pero fundamentalmente colabora a remover la contaminacion del medio ambiente protegiendo la salud de los niños, embarazadas, adultos y todas las poblaciones vulnerables, utilizando distintas herramientas que incluyen la vía legal aplicando severas penas contra aquellos que contaminen o funcionarios corruptos que permitan contaminar".
Por otra parte, Lucatelli describe líneas de acción para enfrentar este problema y lo hace desde una visión integral del asunto: "hay que actuar sobre la población sana o presumiblemente sana, con políticas de protección, prevención y promoción de la salud, a través de fuentes de trabajo, salarios dignos, vivienda, urbanismo, saneamiento y alimentación saludable".


EL PAPEL DEL ESTADO

En 1993 el gobierno de Carlos Menem, en un paso más de su política de entrega de las riquezas acumuladas por generaciones de argentinos, privatizó Obras Sanitarias. Capitales privados se hicieron cargo de la operación del agua y del enorme beneficio económico resultante. Las súperganancias obtenidas por Aguas Argentinas desde entonces fueron a engrosar las casas matrices de las empresas multinacionales controlantes de los paquetes accionarios. Prácticas abusivas, coimas a funcionarios (recordar la denuncia, por ejemplo, del viaje al Mundial de Francia 1998 del intendente de Ituzaingó Alberto Descalzo y su secretario de Obras Públicas Carlos Torres, con una invitación de la empresa, cuando se discutía la realización de obras que todavía no se hicieron), y el desprecio absoluto por la vida, fueron signos característicos de la empresa. Aguas Argentinas pudo aumentar las tarifas, aun en épocas de supuesta estabilidad, con la excusa, nuevamente, de hacer obras de mejoramiento de las redes de agua potable y de cloacas. Pero nada de eso pasó.
Claro, en algún momento la realidad iba a emerger a la superficie, y lo hizo en forma de aguas servidas. La explicación es simple: el abandono de las napas feáticas como abastecedoras en los hogares de agua potable y, fundamentalmente, la falta de cloacas, generó que los vertidos de deshechos depositados en los llamados pozos negros surgieran como manantiales.
En cuanto al tema del Riachuelo (incluidos los 1000 días que iba a tardar María Julia Alsogaray para limpiarlo), el gobierno nacional, en la década del noventa, pidió un préstamo de 250 millones de dólares al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del que se ejecutaron 7.762.790 dólares que, junto a otros 45 aportados por el estado, se gastaron en tareas de consultoría y remoción de cascos hundidos, pero no en obras de saneamiento.
El trabajo de la AGN critica la gestión del Comité Ejecutor Matanza Riachuelo, que nunca fue constituido como autoridad de cuenca ya que no se le delegaron funciones de ningún tipo: "no habilita, no sanciona, no certifica", señala. Además, no se le otorgó poder de policía para evitar la contaminación.
Así las cosas, a casi veinte años de haber comenzado la etapa final de la entrega del patrimonio nacional y de haber convertido los recursos naturales esenciales (¿hace falta aclarar que el agua es uno de ellos?) en botín de las empresas trasnacionales y sus socios locales, el panorama es desolador. Las supuesta "reestatización" de Aguas Argentinas, con la cesión a los amigos de turno, entre ellos los sindicalistas que avalaron la privatización; y las recientes noticias generadas a partir de la denuncia de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, del alerta sanitario en la zona sur de la capital argentina, ponen este tema nuevamente a la orden del día.
La gran incógnita a develar es saber si el mismo estado, con prácticas similares a las de la década pasada y defendiendo los mismos intereses, podrá revertir este situación. Podría ser temerario decir que no. Pero suena inverosímil decir que sí. Queda claro que las verdaderas soluciones vendrán de una organización diferente de la sociedad, desde la base hasta sus representaciones. De otra manera, con cambios de discursos y gestos diferentes, se seguirá privilegiando el pago de la deuda externa, como se hizo con el Fondo en enero pasado, en lugar de atender las prioridades que tienen que ver con lo básico. Habrá que entender que a la muerte se le paga de una vez y al contado. En cambio, a la vida, se la posterga en indefinidas cuotas


EL PROYECTO DE MARCOS WOLMAN

A instancias del Foro de Salud y Medio Ambiente de la Ciudad, el entonces legislador porteño Marcos Wolman presentó en diciembre pasado un proyecto de ley en la Legislatura porteña para declarar la emergencia nutricional y sanitaria en la Ciudad. Hubo, además, tres interpelaciones al secretario de Salud Alfredo Stern y hasta recursos de amparo ante la Justicia, para que esa dependencia informe sobre este tema. Desde el Foro sostienen que "obviamente, no tienen elaborado un perfil epidemiológico".
Wolman, autor del proyecto, considera que "hemos puesto allí los elementos que muestran la existencia de una verdadera situación de emergencia, creemos que esto que está ocurriendo ahora, con la contaminación, no hace más que ratificar que esta Ciudad tiene una distancia muy grande en la distribución de la riqueza, con ganancias de unos pocos y en la pobreza de la mayoría. Esto hace que se presente una ciudad con un norte, donde viven los más ricos, y un sur vieven los sectores más empobrecidos, los que más sufren las situación del modelo neoliberal en la Argentina. Esto no es tomado como una prioridad por los gobiernos nacional y de la Ciudad".
"Estamos sufriendo una contaminación en la Ciudad que está trayendo enfermedades que parecían que ya no eran parte de esta etapa que estamos viviendo en el mundo. Creemos que eso forma parte de este proyecto que hemos presentado y que hay que seguir luchando por su concreción", sostiene Marcos Wolman.

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