El Ejército a las calles: el paso más retrógrado.

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El presidente formalizó sus intenciones de avanzar en la reforma del Sistema de Defensa Nacional para que las fuerzas armadas intervengan contra el enemigo interno en concepto de terrorismo y narcotráfico.

Tal como era de prever de acuerdo a opiniones expresadas desde que el macrismo está al frente del país, el presidente Mauricio Macri anunció hoy a la mañana, en medio de un tenebroso marco de uniformes y armamentos militares, un proyecto para habilitar la presencia de las fuerzas armadas en las calles del país.

De seguirse con esta política, la represión interna recrudecerá al ritmo del ajuste, previéndose fuertes movilizaciones en contra de la constante baja relativa de los salarios, la pérdida del empleo y la violencia institucional. Agrava el panorama, a juicio de notables analistas, el hecho de que se prevé una fuerte resistencia popular ante la expropiación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, la última gran caja del menguante Estado argentino.

El terrible anuncio presidencial se dio en presencia del ministro Oscar Aguad (que luego salió a especificar el rol a cumplir por las fuerzas armadas en concepto de narcotráfico y terrorismo) y el Estado Mayor Conjunto de las Fuezas Armadas, encabezado por el teniente general Bari del Valle Sosa desde enero del 2016. Fue en Campo de Mayo.

De esta manera, violentando un decreto del 2006 que impedía a las fuerzas armadas inmiscuirse en asuntos de seguridad interior y pasando por encima del Congreso Nacional, el jefe del Estado nacional argentino inició la reforma del Sistema de Defensa Nacional. Se fortalece nuevamente y con el oscuro precedente de la última dictadura, la tesis del “enemigo interno”, cara a los intereses expresos (y no tanto) de la concentración capitalista.

Convalidan las lecturas que ven en esta política afirmada hoy por el presidente una “colombianización” de la Argentina el hecho de que los últimos implementos adquiridos para las fuerzas armadas sólo son útiles para la represión interna. En tanto que en lo referente a defensa exterior, el país sigue desarmado mientras el Reino Unido renueva su equipo en Malvinas y nuestro país acepta realizar junto a la potencia imperialista algunas actividades en la Antártida que antes Argentina no reconocía como sujetas a derecho.

Macri vaticinó que los militares argentinos se abocarán a brindar “apoyo logístico en la zona de fronteras” y “eventos de carácter estratégico”. Asimismo, detalló que también realizarán misiones de “custodia y protección de los objetivos estratégicos”, no descartando en ese sentido grandiosos despliegues en las áreas australes en las que recrudece la represión a los pueblos originarios al ritmo en que se consolidan instalaciones estadounidenses.

Sin especificar cuáles son estas todavía, Macri cuestionó por “antiguas” las hipótesis de conflicto de nuestras fuerzas armadas. Esto fue profundizado por Aguad, quien especificó que se trata de sustentar una “Unidad de Despliegue Rápido” (unos 10 mil hombres) en zonas agitadas o zonas de fronteras para que, dijo el ministro, “no haya peligro de que puedan instalarse grupos vinculados al narcotráfico y también grupos terroristas”.

Opiniones

Cecilia González, una investigadora mexicana sobre narcotráfico en Nuestra América, fue tajante tras el anuncio de Macri: “la historia en América Latina demuestra que cada vez que las Fuerzas Armadas fueron utilizadas para combatir el narcotráfico lo único que ocurrió fue que aumentaron las violaciones a los derechos humanos”.

Ejemplificó lo dicho con los casos de México y Colombia, en donde la violencia relacionada al narcotráfico recrudeció tras la injerencia yanqui y el despliegue de las fuerzas armadas locales. “Es sumamente peligroso, sobre todo con los antecedentes que hay”, advirtió en referencia a la situación en la que el presidente colocó a la Argentina.

Por su parte, desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, el abogado Marcelo Boeykens expresó que el anuncio “rememora la vieja doctrina de Seguridad Nacional”. Al criterio de seguridad interior “lo vimos claramente en el caso de Santiago Maldonado”, agregó e ilustró: “se fue creando esa figura del enemigo interno a través de la construcción de la otredad negativa, de la que habla Daniel Feierstein”.

“Esto es muy peligroso”, imputó y recordó: “fue la actitud al llevar también la Gendarmería a las barriadas de Rosario, Santa Fe o Córdoba para enfrentar al narcotráfico”. “Debemos estar muy atentos e intentar frenar este nuevo giro para utilizar nuevamente al Ejército contra el propio pueblo argentino”, le sumó.

Con respecto a las aclaraciones del proyecto presidencial expresadas por el ministro Aguad, Boeykens adujo que ahora “cualquiera puede llegar a ser un terrorista”. Pidió también un “mea culpa de lo que fue la Ley Antiterrorista, que ha permitido esta retórica de enfrentar al terrorismo”.

Luego se quejó de la idea de “entregar la seguridad exterior a potencias como el Reino Unido, con quien se quiere poner conjuntamente bases en la Antártida” puntualizando que el anunció de hoy redunda en “la entrega de la soberanía en el marco no sólo de la OEA sino también de la Otan”. Aclaró en ese sentido: “ahora la seguridad exterior argentina con este tipo de acuerdo va a ser entregada al Tiar y a la Otan”.

“Ni siquiera estamos ante una derecha tradicional sino ante una derecha absolutamente entreguista, cipaya”, caracterizó el activista de derechos humanos y advirtió: “no creo que esto tampoco pueda llegar a caer bien dentro de los sectores más nacionalistas que hay dentro del Ejército”.

En ese sentido, observó: “desde los sectores populares hay que llamar a una firme oposición a que se siga entregando la soberanía nacional”. “No solamente es peligrosa la entrega de soberanía sobre el Atlántico Sur sino también sobre lo que es el Acuífero Guaraní y la reserva de la biósfera de la Amazonia”, analizó.

El prestigioso constitucionalista Eduardo Barcesat también emitió opinión agudamente crítica sobre el asunto. Expresó que estamos ante una “situación penosa” y confirmó que las fuerzas armadas “son las que han recibido más equipamiento para la represión interna”. Consideró posibles “escenarios tenebrosos” y aseveró que las nuevas funciones del Ejército “van a ser de represión”.

“Es un panorama que se suma al derrumbe institucional y va a ser un renglón más en los rubros que se están recabando de la adhesión de juicio político para el Presidente”, manifestó y, finalmente, repuso: “es una manera de atemorizar a la sociedad porque es una forma más de la excepcionalidad institucional por la que atraviesa el país”.