Porque el hambre no espera

Política
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El Senado sancionará la prórroga de la Emergencia Alimentaria que viene a paliar las consecuencias de las políticas de un gobierno que desprecia la niñez.

Según está previsto en la agenda parlamentaria, todo parece indicar que hoy el Senado de la Nación convertirá en ley el proyecto, que cuenta con media sanción de Diputados, que prorroga la emergencia alimentaria en Argentina hasta 2022.

La semana pasada la cámara baja había tratado sobre tablas y aprobado con 222 votos a favor, una abstención y ningún voto en contra el proyecto presentado por la oposición. Todo parece indicar que en Senadores se aprobaría con unanimidad.

A la espera de que la emergencia alimentaria transite por los canales institucionales -sanción del poder legislativo, promulgación y reglamentación por parte del Ejecutivo- que fuerce al Estado a disponer de los recursos necesarios para paliar la delicada situación social generada por la política económica del gobierno nacional, el Centro de Economía Política de Argentina (Cepa) difundió un informe en el que detalla que el noventa por ciento de los niños y adolescentes no tiene cubiertas sus necesidades de alimentación por el ingreso mensual de AUH.

La afirmación se desprende de una constatación tan irrefutable como ¿invisible? para los funcionarios del gobierno: “si se analiza el poder de compra de la AUH en términos de la Canasta Básica Alimentaria por adulto equivalente, surge que no alcanza para cubrir los requerimientos mínimos de los niños, niñas y adolescentes a partir de los dos años”.

Desde el minuto cero, uno de los sectores más perjudicados por las políticas neoliberales ejecutadas por el macrismo es la niñez. Según datos del Indec, la mitad de los niños son pobres y once de cada cien son indigentes.

En otras palabras,  hoy el 49,6 por ciento de los menores de catorce años están en situación de pobreza -viven en hogares que no pueden cubrir sus necesidades básicas-, y el 11,3 permanece en la indigencia, es decir, no tienen para comer.

La grave crisis económico-social que pesa sobre un sector tan vulnerable como la niñez, no es un daño colateral de medidas “equivocadas” o “erróneas” de los funcionarios del gabinete económico. Por el contrario, es producto de políticas concretas, implementadas a sabiendas de las consecuencias que generan.

Un claro ejemplo de ello puede seguirse en las subejecuciones presupuestarias que el gobierno llevó a cabo en diversas áreas que afectan la niñez.

Este es el caso del Programa de Atención a la Madre y el Niño: entre 2015 y 2018 su financiamiento se redujo en términos reales un ochenta por ciento. O las acciones para la promoción y protección integral de los Derechos de niños, niñas y adolescentes, la cual se redujo en un doce por ciento. También el programa de Políticas Federales para la Promoción de los Derechos de niños y adolescentes se achicó, en este caso, un doce por ciento.

Estos datos se desprenden de otro informe, presentado hace unas semanas por el Cepa, en este caso sobre los impactos del ajuste económico en las políticas de niñez y adolescencia. En el mismo, también se deja en claro que la promesa de campaña, allá en 2015, que había formulado el propio Macri para la construcción de tres mil jardines de infantes en todo el país, no solo no se cumplió sino que, como ya es una práctica habitual en la administración de gobierno, se subejecutó el presupuesto del programa destinado a la construcción y mejora de jardines de infantes. Según indicó un informe del Centro Marina Vilte, entre 2017 y 2018 se subejecutó en un 67 por ciento el presupuesto en esta área. Como si fuera poco, el presupuesto 2019 para este programa se redujo un 58 por ciento.

Estos ejemplos resultan ilustrativos de la situación general de la niñez. En el mismo sentido, se podrían demostrar las consecuencias terribles de la política económica en los jubilados, trabajadores informales e incluso entre los trabajadores registrados. En ese sentido, el ajuste del gobierno fue muy democrático ya que alcanzó a casi todos los sectores, menos a los ganadores de siempre que ¡oh casualidad! son también los amigos del Presidente.