El precio de una foto

Política
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¿Se viene la nueva doctrina de relaciones internacionales de Argentina? ¿Quién es el terrorista?

Además de la foto de familia con la que se coronan este tipo de encuentros, las bilaterales tienen intrínsecamente la búsqueda de la fotografía y su connotación.

Por eso es que, según pudo saberse, la Cancillería buscó hasta último momento el encuentro entre la premier británica Theresa May y Mauricio Macri, y aunque Jorge Faurie la confirmó, el Foreign Office dice lo contrario.

La posición británica es comprensible. En septiembre de 2016, Londres tuvo que salir a desmentir que su primera ministra dialogara sobre el tema Malvinas con el presidente de Argentina, en el contexto de la Asamblea General de la ONU que se había reunido poco antes.

Es que Macri aprovechó la foto tomada en un encuentro casual, que tuvo lugar en un pasillo de la sede de la ONU, para que su massmedia de gobierno promocionara una reunión bilateral y un temario que nunca existió.

Pero con quien sí tiene garantizada la foto es con su viejo amigote de juergas. Ese es el precio -muy barato- que Donald Trump debe pagar por los servicios que le presta el Gobierno Cambiemos.

Es que la lluvia de inversiones que -según Cambiemos- favorecería la nueva etapa de relaciones carnales con Washington, sólo se limitó a la venta de algunos limones y la importación de mucha manufactura y materia prima que contribuyó a destruir la industria nacional.

Pero, por vocación y sumisión, el staff gobernante cumplió y pasó a ocupar un papel determinante en la destrucción de espacios multilaterales como el Mercosur, la Unasur y la Celac, pero también en la campaña de hostigamiento a Venezuela.

Y esto no es todo. El precio de la foto con Trump, incluye asimismo una nueva vuelta de rosca en el avance de la doctrina que se intenta imponer a nuestra región desde el Pentágono.

El peligro que significaría Venezuela, la Triple Frontera, la construcción de un enemigo interior y la psicosis sobre el avance de un “terrorismo islámico”, son elementos con los que desde una sucesión desarticulada pero efectiva, martilla la massmedia de gobierno.

Lo que parece ridículo deja de serlo cuando, en nombre del combate a ese enemigo indefinido pero peligroso, se avanza en el establecimiento de un estado policial que reprime, asesina a Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, y encarcela a dos jóvenes porque una denuncia anónima los identifica con Hezbolla.

Y es que -y esto es paradójico- en este camino se identifica a Hezbolla con el terrorismo, cuando es un partido político de El Líbano, país con el que Argentina tiene relaciones diplomáticas.

Mientras tanto, se recibe con honores al príncipe saudí Mohamed bin Salman, denunciado por la CIA como responsable del asesinato del periodista,  Jamal Khashoggi, perpetrado dentro del consulado saudí en Estambul, donde además de haber sido ultimado, lo habrían descuartizado y disuelto su cadáver en ácido.

 

¿Inmunidad? No, impunidad

 

Por eso Human Rights Watch invocó la jurisdicción universal para que Argentina lo capture y juzgue, pero también por posibles crímenes de guerra perpetrados por la coalición que lidera Arabia Saudita en Yemen, así como por torturas de oficiales de ese reino contra mujeres.

“Goza de inmunidad de jurisdicción”, dijo al respecto el canciller, Jorge Faurie, para cerrar el intento que tuvo poco recorrido cuando -el jueves- el juez Ariel Lijo, enviara exhortos a Turquía y Yemen para indagar si existen investigaciones abiertas contra Bin Salman. En este caso, inmunidad se parece mucho a impunidad.

Vale recordar que Arabia Saudí es junto a Israel el principal socio estadounidense del Medio Oriente, lo que explica el énfasis que puso Trump al desestimar, públicamente, el informe de la propia CIA que incrimina a Bin Salman.

Pero este reino absolutista donde es legal la tortura y la decapitación, también está señalado como la principal fuente de financiamiento de Estado Islámico, organización terrorista que invadió parte de Irak y Siria donde está siendo derrotada por una coalición liderada por Rusia y por otras fuerzas, entre ellas, milicias que dependen de Hezbolla.

De ahí que vale preguntarse quiénes son los terroristas y, en el mejor de los casos, en qué asunto está queriendo meter a Argentina el Gobierno Cambiemos.

Pero lo cierto es que, detrás de la foto entre Macri y Trump, se oculta un combo peligrosísimo que, si prospera, va a convertir en invivible a la región que Unasur designó, pocos años atrás, como Zona de Paz.

Es que desde esa mirada, la agenda incluye la delegación de la defensa exterior Argentina hacia EE.UU, lo que nos pone en la trinchera contra los enemigos reales o imaginarios de Washington.

Pero esto no es todo, ya que también impone la transformación de las fuerzas policiales en ejércitos de ocupación bajo la dirección del Comando Sur estadounidense.

Todo esto implica la consolidación de un cambio radical en la doctrina de relaciones internacionales de Argentina, la reinstauración de una remozada -pero esencialmente igual a la de la segunda mitad del siglo 20- doctrina de seguridad interior. En este caso, basada en la lucha contra los fantasmas del narco y un terrorismo internacional de identidad incierta, de modo que sea un sayo que le quepa a cualquiera que cuestione el statu quo.

Y que, asimismo, se objetiva contra los flujos migratorios y los migrantes, lo que lleva poner en la mira a la pobreza y los pobres, algo terrible en la región más desigual del planeta.

Esto es la médula de la agenda que EE.UU. diseñó para nuestra región y, sobre esto, Trump y Macri esperan avanzar en la bilateral de hoy.

Por eso usted ya sabe qué responder, cuando alguien pregunte para qué el Gobierno Cambiemos gastó 1.720 millones en elementos de “defensa y seguridad” para blindar la ciudad y dotar de equipamiento antidisturbios a las fuerzas policiales, ese es el precio de la foto.