Las camaritas tenebrosas de Martiniano

Sindicales y Territorio
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El intendente de Quilmes fue denunciado por la oposición en el Concejo Deliberante por estar al frente de un esquema de “persecución política”. Desde el PC, Pablo Pizzinini denunció que la cosa “viene pesada”.

Mientras la imagen del intendente, Martiniano Molina, se desploma en encuestas que le dan una imagen positiva inferior a treinta puntos porcentuales y una negativa superior a sesenta, el principal distrito de Cambiemos en el sur del conurbano bonaerense atraviesa una nueva crisis política.

Es por las denuncias de concejales opositores que acusan al ex handbolista de espiarlos como parte de un esquema de “persecución política”.

Tal cual se colige de lo denunciado por los ediles, se trata de un clima en el que se repiten los casos de desconocidos de civil que los fotografían insistentemente y sin permiso. O de la persecución en automóvil que sufriera el jefe del bloque de Unidad Ciudadana cuando denunciaba negociados en basurales del distrito.

María Eva Stoltzing, concejala  por el FpV dijo a medios televisivos: “hace días fuimos a la municipalidad a hablar por despidos y lo que pasó es que había personas de civil sacándonos fotos” y añadió que “varios compañeros que los habían visto en otras manifestaciones, contaron conocerlos y afirmaron que son de la Policía bonaerense”.

Lo manifestado se debiera sumar a otras consideraciones, como el hecho de que en Quilmes, desde que asumiera Cambiemos la Intendencia, los locales partidarios o de cualquier organización política deban pagar fastuosas cuentas impositivas en concepto de ABL, ámbito en el que se los consigna, increíblemente, como “negocios”.

 

Persecución y hostigamiento

 

En ese sentido habló Pablo Nono Pizzinini, integrante del secretariado local del PC, aseveró que el ejecutivo comunal “aduce que todo lo que no sea estacionamiento, casa o vivienda, es un negocio”, tras lo que aclaró que aunque esta “es una Ordenanza que siempre estuvo, ahora hay una decisión política de instrumentarla”.

Y, en ese sentido, observó: “cuando asumió Martiniano, automáticamente hubo un revalúo de todas las propiedades y este impuesto empezó a correr”.

Por otro lado, y tras recordar que “el intendente Molina es del riñón del PRO”, Pizzinini terció para convalidar las denuncias.

Al respecto, remarcó que “el PRO tiene una metodología de persecución y hostigamiento porque, además, cuenta con los medios para hacerlo”.

También recalcó que esto “tiene que ver con decisiones políticas” y resaltó la “fuerte presencia policial, de Gendarmería y de Prefectura” que se incrementó con la llegada de Cambiemos al ejecutivo de Quilmes.

“Hay una decisión política de agudizar y profundizar los instrumentos de represión” y señaló la estrepitosa caída de Molina en los sondeos: “en las últimas encuestas, por arrastre nacional, Martiniano no llega al 26 por ciento de imagen positiva mientras su imagen negativa llega al 65 por ciento”.

El dirigente también enmarcó las lógicas persecutorias esgrimidas desde el gobierno quilmeño en el seno de la crisis que Cambiemos vive allí, en el sur del Conurbano, donde un gobierno de derecha resulta una anomalía, más allá de que Cambiemos detente el control político de los distritos más importantes del país.

En ese sentido, hizo hincapié en que “también hay una crisis dentro del bloque de Cambiemos en Quilmes, con internas dentro de la UCR, que busca cada vez más lugar dentro del gobierno municipal” y recordó que “esta semana renunció al Ejecutivo el hermano del intendente, Tomás Molina”.

Así, Pizzinini fue claro cuando advirtió que “hay una crisis gubernamental” en Quilmes, que se da en el marco de lo que llamó “un reacomodamiento de los bloques de cara a la aprobación o no del Presupuesto Municipal”.

Y pese a que reconoció que en Quilmes “la persecución viene desde hace mucho tiempo”, alertó que en ese municipio la cosa “viene pesada”.