LA PATRIA AMERICANA TE DESPIDE
Schafik Handal era el presidente del Farabundo Martí
para la Liberación Nacional de El Salvador y uno de los principales referentes
revolucionarios de nuestro continente
Cuando Schafik tomó el avión rumbo a Bolivia para la
asunción presidencial de Evo Morales tenía encima de su joven humanidad de 75
años de edad dos recomendaciones. La médica señalaba que no era un viaje apropiado
para un hombre con cuatro by-pass. Ya se sabe: los cuatro mil metros de altura,
la presión, el viaje.
La otra recomendación con sabor a compromiso ineludible era la del revolucionario
que Schafik como tal se hizo a sí mismo: no podía faltar en un momento donde
en nuestro continente se plasmaba parte de lo que él había buscado durante toda
su vida: la libertad de los pueblos, el fin de la explotación del hombre por
el hombre, una sociedad de nuevo tipo.
Todo eso podía vislumbrarse como esperanza y como lucha, como búsqueda y como
sueño en la Bolivia del Evo. En esa Bolivia donde los grandes revolucionarios
de América, como Schafik, no podían faltar. 
Schafik Handal, presidente sin cargo de los salvadoreños pobres, de los magníficos
luchadores que este país brindó. Desde Farabundo Martí, hasta Roque Dalton,
desde los miles de comunistas masacrados en la década del 30 del pasado siglo,
hasta los combatientes de todo el mundo, que en los 80 engalanaron de profundo
sentido internacionalista una lucha memorable contra el imperialismo norteamericano
y sus cómplices locales.
Para los comunistas argentinos es un verdadero orgullo la participación de nuestros
camaradas en esa etapa. El teniente Rodolfo, Marcelo Feito, es con su entrega
y su caída en una acción de combate el mejor testimonio de esa presencia.
Schafik, a quien un entrañable lazo unía con nuestro país, se va como uno de
esos imprescindibles, de los que hablaba Bertolt Brecht. Se va como el comandante
de un ejército popular, el Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que
aportó trascendentales elementos en el camino de la liberación nacional y social
del pueblo salvadoreño. Momentos que, cambios en la situación internacional
mediante, se modificaron a comienzos de los años 90. Y ahí apareció la otra
gran faceta de este comunista ejemplar: su capacidad de liderar un proceso de
conversión de la enorme fuerza militar del Fmln en una fuerza política revolucionaria
para la transformación profunda de El Salvador. Su capacidad de leer la situación
con precisión quirúrgica para que, a la vuelta de los tiempos, podamos entender
que el Fmln no entregó las armas, sino que ofreció la paz conquistada a su pueblo,
para seguir desde ahí la misma lucha, con las mismas convicciones y el mismo
objetivo por el que había elegido la opción militar: el socialismo.
Pablo Mercau
SCHAFIK, SU HISTORIA DE CONSECUENTE REVOLUCIONARIO
Nace el 14 de octubre de 1930, en una familia de inmigrantes
palestinos de Belén. Se incorpora a la lucha política en 1944, en la escuela
secundaria, en la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez y participa de
la huelga de brazos caídos, que lleva a la derrota de esa dictadura. Luego ingresa
en la Universidad de El Salvador, donde es un fuerte defensor de la Reforma
Universitaria. Participa muy activamente en la lucha que consagra la autonomía
universitaria y el gobierno tripartito, que está en la misma Constitución de
la República salvadoreña. Enfrenta todos los procesos dictatoriales, de persecución,
de cárcel, de tortura y de exilio. A Schafik se lo puede encontrar como desterrado
en Honduras, como refugiado en Guatemala y en Chile, donde vive una buena parte
de los procesos previos a la Unidad Popular.
En 1973 es elegido secretario general del Partido Comunista salvadoreño y desde
allí forma la Unión Nacional Opositora, compuesta de tres fuerzas: el Movimiento
Nacional Revolucionario, la Unión Democrática Nacionalista y el Partido Demócrata
Cristiano, en esa época el Partido Comunista estaba ilegalizado y no podía actuar
con su nombre, pero mientras tanto formaba distintos acuerdos para poder participar
en la lucha política. En ese período participan en cinco elecciones, entre ellas
dos presidenciales y ganan dos: la del 73 y la del 77. La derecha salvadoreña,
una de las más caracterizadas del continente y de las más peligrosas de América
Central, responde con una campaña brutal de persecución y represión. A partir
de que se acota la experiencia democrática, Schafik emprende el camino de la
lucha armada. "El desarrollo hasta las últimas consecuencias de la lucha democrática,
fue lo único que le pudo dar legitimidad a la lucha armada", decía Schafik Handal.
Ese sustento de masas fue, sin dudas, lo que la mantuvo durante doce años y
que hubiera llegado al triunfo de no haber cambiado la situación internacional.