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Finalizados los juegos olímpicos de Tokio 2021 tras todos los problemas que viene atravesando el deporte argentino, es momento de repensar que papel que debe tener en nuestro país.

La actuación de la delegación Argentina en los juegos olímpicos de Tokio 2021, volvió a traer varios interrogantes acerca de la falta de apoyo y financiación al deporte de alto rendimiento. Las actuaciones argentinas no fueron de las mas destacadas en comparación a otros años ya que solo se obtuvieron tres medallas; Bronce en Voley y Rugby Seven, mientras que el Hockey Femenino se quedó con al de plata.
En los últimos años, muchos deportistas argentinos de alto rendimiento han tenido que afrontar sus competiciones con una nula ayuda estatal. Si nos enfocamos en lo deportivo hubo un gran rebaje de rendimientos por todo el esfuerzo individual para financiarse los viajes a los eventos como mundiales de cada deporte.
Además, los representantes del deporte nacional sufren la crisis que generó la pandemia pero su situación en particular se vio agravada, ya que desde 2018 con el gobierno de Mauricio Macri el presupuesto del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) se redujo considerablemente.
La creación del Enard en 2009 fue el piso para garantizar apoyo a los deportistas argentinos, lo que logró un mayor grado de competitividad en muchas otras disciplinas que, habitualmente, no los tenían como protagonistas.
La reforma tributaria de 2017, que llevó a cabo la Gestión Macri, derogó el inciso A del artículo 39 de la Ley 26.573 que le daba al Enard la posibilidad de ser un organismo autárquico.
Ese inciso también indicaba que su financiación llegaba gracias al aporte del uno por ciento de las facturas de telefonía celular. De esa manera, el presupuesto del deporte argentino pasó a ser un costo más para el Estado.
Al mismo tiempo, se degradó la Secretaría de Deportes a una simple agencia, lo que también produjo una rebaja en sus ingresos.
La situación se complicó aún más a partir de la pandemia de coronavirus, en 2020. Al escaso presupuesto, que empobreció a las federaciones de todas las disciplinas, se le sumaron las estrictas medidas sanitarias y un Ministerio que no priorizó colaborar con los deportistas, de hecho muchas veces llegó a entorpecer su trabajo.
Las detenciones a deportistas mientras realizaban su entrenamiento durante el Aspo, la demora en las respuestas al pedido de los atletas por mejores condiciones para el entrenamiento y la falta de apoyo económico a la delegación de atletismo rumbo al Sudamericano de Ecuador, son algunos ejemplos de ello.

Replantearse la función del deporte

Los resultados deportivos de la delegación argentina en Tokio, hizo aflorar nacionalismos negativos que llevan a haya quienes se lamenten por la escasa cosecha de medallas olímpicas y, desde esa postura, hablen de fracaso.
Aunque lo que quedó instalado a través de los medios hegemónicos, es que a los deportistas argentinos les fue mal porque no pudieron entrenar por la cuarentena que implementó el gobierno. La película es más larga y tiene otros protagonistas.
Esto no debilita la idea de que el deporte argentino puede y debería estar mejor. ¿Cuál es el objetivo de estar mejor? ¿Tener medallas por tener medallas? ¿Poder garantizar a toda la comunidad un lugar donde hacer actividades deportivas para el propio bien común? ¿Cómo se construye una subjetividad social que vea al deporte como un bien común y no solo como un elemento más para alimentar un vacío ego nacionalista?
De todos modos el resultado deportivo de los atletas de nuestro país en los Juegos Olímpicos 2020, llama a repensar hacia donde deben apuntar las políticas deportivas.
En esta línea y para profundizar la idea, es para destacar las declaraciones del Director Técnico de Las Leonas, tras haber ganado la medalla de plata. “Sacar un pibe de la calle y volcarlo al deporte vale oro, más que sacar una medalla en un Juego Olímpico”, resaltó el Carlos Chapa Retegui.
Los Juegos Olímpicos son un escenario ideal para reflejar los éxitos deportivos de cada país y, asimismo, históricamente son más que una competencia deportiva, ya que ahí se suelen jugar conflictos políticos, ideológicos y culturales de las principales formaciones estatales que marcan la agenda de internacional como China, Rusia, Cuba, EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Japón y, en su momento, la Unión Soviética, entre otros.
Estos países necesitan apuestas fuertes de políticas de incentivo al deporte, con diferentes estructuras y capacidades, para que su éxito sume mérito y prestancia a sus posiciones e intereses geopolíticos.
Argentina, en su condición de país periférico y lejos de influir en la política internacional a gran escala, por el momento, no tiene esas necesidades. Si tiene la necesidad de sacar a casi el cincuenta por ciento de su población de la pobreza y el deporte puede ser una herramienta que aporte a ese objetivo.
Para que realmente esto se haga efectivo, a grandes rasgos, es impredecible analizar la estructura del deporte argentino y en cómo pensar políticas de Estado para reforzarla. Los clubes de barrio son el primer contacto de la sociedad con el deporte en nuestro país, y estas entidades históricamente siempre se destacaron por estar abiertas a los sectores que el sistema empobrece. Esto actúa más allá de lo deportivo y en casi todas las localidades barriadas y pueblos de Argentina donde hay una asociación civil que posee actividades deportivas.
Estos clubes son los que hasta hoy en día siguen generando en la población una cierta subjetividad orientada al asociativismo, al bien y común y a la solidaridad. Grandes deportistas argentinos fueron fruto de los clubes de barrio.
Con un apoyo constante hacia ellos, el Estado puede aportar para que estas instituciones sigan sumando al deporte a pibes y fortalezca el semillero del deporte de élite.
Por su puesto, esto no puede ni va a venir de la mano de gobiernos que degraden a la Secretaría de Deportes. La quita de la condición autárquica del Enard, generó que este ente deba buscar financiación privada, algo que siguiendo la premisa del capitalismo de si no es rentable no sirve, provocó el declive deportivo que se reflejó en Tokio.
Esto sin dejar de mencionar la poca atención que se le dio al deporte en vísperas de un juego olímpico por parte del Ministerio de Deportes a cargo de Matías Lammens.
La incapacidad y poco interés que demostró el gobierno a la hora de ayudar a los deportistas, generó que Santiago Maratea, un influencer, haya recaudado dinero para que los atletas argentinos viajen al Sudamericano de Ecuador, después de que el Enard informara que no podía costear el traslado a Guayaquil.
A pesar de la actitud solidaria de Maratea, el mensaje que le queda a gran parte de la sociedad es la de un Estado ausente e ineficiente, y que las soluciones individuales o a través de terceros son las verdaderas soluciones.
Queda una ardua tarea para combatir esta subjetividad presente en la sociedad, sobre todo si las malas gestiones gubernamentales refuerzan estos discursos y desestiman el papel de las asociaciones sin fines de lucro y que por sobre todo, el deporte es simbólicamente y materialmente, un bien común.
Porque ganar una medalla se festeja orgullosamente en el momento del podio y el Himno, pero aportar a que pibes empobrecidos tengan un lugar para comenzar a construirse de una manera diferente a la que se los empujó, es algo que se podría festejar para siempre. Lamentablemente, Argentina hoy no compite en ninguna de las dos opciones.