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Sáb, Jun
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Política
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Junio viene a puro tarifazo ¿Vale la pena celebrar un amesetamiento inflacionario? Sandra Petovello sigue secuestrando la comida del pueblo. Mientras Javier Milei hace jactancia de su propia crueldad, se instala la Carpa contra el Hambre frente al Congreso de la Nación.

Comienza junio con aumentos. La telefonía y la televisión por cable, la tarifa del subte y los precios de los alquileres, los servicios de energía eléctrica y gas en un contexto en el que durante la última semana de mayo se registraron nuevos incrementos en rubros clave de la canasta alimentaria como son los aceites, yerba mate y la carne bovina, cuyos precios fueron aumentados en promedio dentro de un rango que va del 3,1 al 4,1 por ciento conforme un informe de la consultora LCG.

Los combustibles también arrancan este mes con aumentos que representan en el caso de las naftas un 3,5 por ciento que se eleva hasta un veinte a raíz de la quita de subsidios, en tanto que para el gasoil la suba es del once por ciento. Por supuesto se trata de precios de la economía que tienen un doble impacto, ya que además del consumidor directo afectan a todo el esquema logístico que acaba en los precios de góndola.

Desde que Milei es Presidente, los precios de la nafta fueron aumentados un 133,4 por ciento, pero lamentablemente esta historia parece no acabar, ya que la semana pasada, desde la Cámara de Empresarios de Combustibles volvieron a anticipar que están acordando con el gobierno un nuevo aumento que llegaría para julio.

Por su parte, en los casos de las tarifas de energía eléctrica y de gas, el ejecutivo anuncio que avanza hacia lo que llama un “período de transición”, que acabará eliminando casi totalmente los subsidios para trasladar “progresivamente a los usuarios los costos reales”. Y para comenzar con su plan de transición, desde ayer se aplica una quita de subsidios en las tarifas que abonan los hogares de ingresos medios y bajos, lo que en no pocos casos representan aumentos de hasta el cuatrocientos por ciento.

Con este telón de fondo, durante los próximos días, la Presidencia Milei va a festejar un IPC de alrededor del cinco por ciento y lo hará en un contexto en el que, difícilmente, pueda eludir por mucho tiempo más el pasaje a precios de los costos fijos que para las empresas representan los incrementos de tarifas de gas, electricidad y combustibles.

Lo que está en cuestión es la solidez del esquema de control de una inflación que, vale recordarlo, el propio gobierno creó con la desregulación y la devaluación del 119 por ciento que en diciembre llevó a que el IPC escalara hasta el 25,5 por ciento ¿Puede considerarse un éxito que en cinco meses la inflación se coloque en un rango similar al de junio de 2023, que era horrible, sobre todo si se tiene en cuenta que se llega hasta aquí a costa de una formidable recesión económica? En el mejor de los casos Milei estaría emparchando el monstruo que él mismo creó. Pero incluso así, suponiendo que lograra amesetarla dentro de los márgenes del cinco por ciento, la inflación anual sería del ochenta por ciento en un escenario de creciente destrucción del empleo registrado, algo que por supuesto impacta drásticamente en el universo de trabajadores que se ven obligados a desarrollar sus actividades en la informalidad.

Mientras tanto, Javier Milei volvió de EE.UU. y El Salvador, y lo primero que hizo fue respaldar acaloradamente a la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, sobre quien durante los días que corren, se posan todas las miradas como con consecuencia de tres casos de corrupción que tienen epicentro en la cartera a su cargo.

El titular de la Unidad Gabinete de Asesores de Capital Humano, Fernando Rafael Szereszevsky, y el director General de Relaciones Institucionales del ministerio, Javier Gustavo García Re, están siendo investigados porque sobre ellos pesa una acusación de ser organizadores de una maniobra delictiva basada en contratos y pagos millonarios que se hicieron por medio de una sociedad vinculada al Mercado Central.

Por otro lado, también está en el ojo del huracán ya que Petovello firmó el convenio entre Capital Humano y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), que aunque formalmente estaba destinado a canalizar diferentes programas del área que se llevaban a cabo con recursos proveniente del Estado Nacional, acababa convirtiéndose en un mecanismo muy bien aceitado para desviar dinero hacia una caja negra. Hasta ahora, este caso derivó en dos denuncias penales, una de ella hecha por la propia Petovello, así como en la salida de quien era secretario de Niñez y Familia, Pablo de la Torre.

Y mientras tanto, la ministra y el gobierno al que pertenece, continúan secuestrando alrededor de siete mil toneladas de alimentos que fueron depositadas por el gobierno encabezado por Alberto Fernández en galpones de acopio ubicados en Villa Martelli y Tafí Viejo. El viernes pasado venció el plazo que el juez, Sebastián Casanello, le dio a la ministra Petovello para que comience con el proceso de distribución. Pero la orden judicial fue desobedecida, la comida sigue en los depósitos y el hambre crece.

Es que tal como lo explica un informe que recientemente dio a conocer la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (Asap), la Presidencia Milei ejecutó durante los primeros tres meses de este año, alrededor de 542.600 millones de pesos en políticas alimentarias, lo que teniendo en cuenta la inflación registrada desde el mismo período de 2023, en términos reales, representa una reducción del catorce por ciento respecto al segmento enero-abril de ese año.

Otro dato interesante que deja el trabajo de la Asap es el inherente a la calidad de los alimentos comprados. Durante el primer trimestre de 2023, el por entonces Ministerio de Desarrollo Social, incluyó en la adquisición un componente fuerte de hortalizas, frutas, verduras y leche en polvo, en tanto que Petovello priorizó las de aceite.

Y algo más, en el caso de la actual gestión, las compras se hicieron por medio de una licitación realizada a través de la OEI que tuvieron un costo de 3.651.940.179, en tanto que las por las del mismo período del año anterior se pagó 649.801.332,8, lo que significa que la Presidencia Milei gastó un 462 por ciento más por menos comida y de peor calidad nutricional.

Así las cosas, los Milei cierran filas en torno a Petovello y todo parece indicar que la estrategia que el gobierno va a implementar por vía judicial y por medio de sus propaladoras massmediáticas, consiste en responsabilizar de todo a De la Torre y su equipo al que ya se le dio una salida que nada tuvo de honorable, como tampoco la tuvo la que sufrió poco antes Nicolás Posse, a quien catapultaron de la Jefatura de Gabinete junto a quien era interventor de la Agencia Federal de Inteligencia, Silvestre Sívori.

Pero lo cierto es que mientras ruedan cabezas, hay reacomodamientos internos y se anticipan venganzas dentro del palacio, afuera la realidad es otra: el gobierno que en apenas cinco meses duplicó la cantidad de personas arrojadas a la indigencia, sigue sin distribuir las casi siete mil toneladas de alimentos que secuestró el mismo día que se instaló en La Rosada. Y es en ese mundo, el de una terrible realidad, donde mañana martes el MTL junto a otros movimientos sociales va a instalar frente al Congreso Nacional la Carpa contra el Hambre, para que dentro de los muros del Palacio Legislativo, quien quiera oír, oiga, quien quiera ver, vea y quien quiera actuar, actúe en consecuencia.


Modernización


Cada vez que desde sus propaladoras massmediáticas la clase capitalista habla de “modernización”, lo que está haciendo es anticipar problemas para los trabajadores. “Todo el mundo sabe lo que significa Federico Sturzenegger. Ha colaborado mucho con este Gobierno y viene colaborando desde hace un montón de tiempo con las ideas de la libertad y con el desarrollar cuestiones que hacen a un Estado más moderno y con menos regulaciones”, dijo la semana pasada el vocero Manuel Adorni cuando fue consultado sobre el destino que en el Gabinete le espera a quien hasta ahora es asesor económico del Gobierno.

Y aunque todavía no juró, quien se señala como uno de los principales mentores del DNU 70/2023 y el Proyecto de Ley Bases 2, se apresuró a debutar anticipando por medio de su cuenta en la red social X, mensajes en los que brinda detalles sobre un mecanismo que diseñó “por pedido del presidente Javier Milei y la ministra Sandra Pettovello”, para “modernizar” la asistencia que el gobierno debería brindar en situaciones de emergencia que, aclara, actualmente se hace de manera “ineficiente y cara”.

¿Cuál es la solución de Sturzenegger? Se trata de un sistema por el que “no se compran los bienes, sino que compra una ‘opción de compra’ de esos bienes”, algo que “en jerga financiera es un call”, por el que “el Gobierno compra un seguro de entrega inmediata en la emergencia. El sector privado usa toda su logística y capacidad de almacenamiento para proveer este stock que rota” y entonces “los productos estarán siempre disponibles sin que el Estado tenga que tener inventarios o tener un solo depósito”.

Esta propuesta tiene implícitas dos cosas. Una que el gobierno no piensa reponer los alimentos que actualmente acopia -si es que finalmente los distribuye- para volver a poner en marcha la rueda de entrega a comedores y merenderos populares, en un contexto en el que más de la mitad de la población está bajo el índice de la pobreza y casi el veinte por ciento sobrevive en condiciones de indigencia.

La otra, es que lo que se prepara otro colosal negocio para el sector financiero que es el que, mediante ese mecanismo, cobraría cada mes por administrar esta compra de futuros.

Queda claro, una vez más, que el capitalismo es una ideología y un sistema económico que fue construido por y para beneficiar a una clase, la clase capitalista, que es la que saca provecho incluso de las herramientas que el Estado Liberal Burgués, puede diseñar para asistir a los trabajadores que expulsa del sistema productivo. Y esto es así porque desde su concepción en cualquiera de sus variantes, para este sistema cualquier beneficio material para la clase no capitalista resulta secundario y sólo se justifica si aporta a dar sustentabilidad y legitimar a los mecanismos que le permiten su propia maximización de tasa de rentabilidad.

Porque el capitalismo sólo incluye en su escala de valores a una minoría que es la propietaria del capital. El caso de los alimentos secuestrados por Capital Humano, vuelve a poner sobre el tapete uno de los niveles más abyectos que adquiere la dinámica de crisis que atraviesa el capitalismo, que afecta a todos los aspectos del Estado Liberal Burgués. Pero también pone en superficie lo falaz de las miradas y recetas que, con particular irracionalidad, propone un gobierno que insiste con la idea de que el sistema económico se va a autorregular para superar una situación de crisis que no atribuye al mercado, sino a conductas inadecuadas de actores económicos, principalmente, al universo del trabajo y al Estado.

Asimismo, la actual crisis interpela a quienes siguen buscando en los recovecos de la historia la existencia de un “capitalismo bueno” y que, por lo tanto, atribuyen las responsabilidades del caso sólo a la extrema financierización que fagocita a la economía real, por lo que la solución pasaría por poder tirar de las barbas de banqueros y financistas que se habrían deschavetado aprovechando la mirada gorda de gobiernos que desregulan mercados, al tiempo que liberalizan la timba del crédito y las finanzas.

Pero ambas posturas exhiben un pecado capital, ya que coinciden en que no tienen una mirada que ubique a la crisis como epifenómeno de la propia dinámica del capitalismo.

Porque la situación alarmante que pasa la clase trabajadora en Argentina, sólo se puede explicar si se revisan los propios fundamentos del capital, ya que es hija de las contradicciones inherentes al proceso de acumulación capitalista. Por eso, aquí y en cualquier parte, el capitalismo es sinónimo de crisis de tipo periódica y de larga duración. Y, por eso, para poder advertirlo y avanzar hacia una toma de consciencia crítica, se vuelve preciso desnaturalizar orden social burgués.

¿Qué quiere decir todo esto? Que no alcanza con sentirse a la izquierda del sistema, sino que es necesario colocarse por afuera de las relaciones que establece el capital, es decir, el sistema capitalista. Esto no es otra cosa que pensarnos desde la posibilidad de construir mecanismos que sean capaces de reorganizar -bajo formas no capitalistas- la producción, la generación de riqueza y la distribución de bienes, así como la vida social, de forma de que se cubran las necesidades de todos los trabajadores. Y, sobre todo, reorganizar la lucha de clases.

Y esto es urgente porque por las características del momento que atraviesa la propia crisis capitalista, la cosa no va de un descalabro al que vaya a sucederle otro momento en el que con facilidad se consiga una estabilización, construida a partir de nuevos pactos sociales y actores políticos que desde la burguesía sean capaces de reestructurar a las diferentes facciones del capital para construir una nueva hegemonía social.

Esto queda en evidencia cuando se revisa la profunda crisis de representación política, en la que está inmerso el sistema que pretende mediar entre la sociedad y el Estado Liberal Burgués, pero también en la impunidad con que lo más concentrado de la clase capitalista que actúa en el país acelera un proceso de apropiación de la riqueza y reformula la relación entre los universos del capital y del trabajo, algo que pretende normativizar por medio de herramientas como el DNU 70/2023 y el Proyecto de Ley Bases 2.

Pero asimismo se pone en negro sobre blanco con un proceso de naturalización de la barbarie, de la que la Presidencia Milei es la más clara consecuencia, por el que se pretende culminar la principal obra del capitalismo: reducir al ser humano a una simple mercancía.

“De alguna manera (las personas con hambre) van a decidir algo para no morirse”, se jactó Milei ante el auditorio que sereunió para asistir a la conferencia que brindó la semana pasada en el Instituto Hoover de la Universidad de Stanford, en California. Y lo hizo surfeando sobre la ola de impunidad que le brinda buena parte de la sociedad que, incluso desde los segmentos más agredidos por su gobierno, sigue dejando abierta la carta de crédito que le otorgó en diciembre de 2023.

Milei aprovecha su cuarto de hora quizás, tal como pasó con quienes lo antecedieron, sin advertir que dentro de la estructura del Estado Liberal Burgués, los gobernantes son cuadros intermedios al servicio del capital.

Pero eso no es lo más importante, ya que aunque en nuestro país y como pocas veces antes el capitalismo pueda exhibir su fortaleza y carácter criminógeno, también lo hace con sus contradicciones y dificultades a la hora de legitimarse en un escenario de creciente expansión del capital financiero, que encuentra cada vez menos anclaje material para respaldar sus formidables beneficios. Mientras que, en simultáneo, con salarios a la baja, el capital productivo se va quedando sin mercado a quién venderle.

Metido en ese berenjenal de contradicciones crecientes, el capital corre hacia delante y va a seguir haciéndolo con la crueldad que se expresa en esto de hambrear  abiertamente a los trabajadores. Pero eso también tiene sus límites y, entonces, tarea pendiente resulta construir las herramientasque ayuden a encontrarlos.