En la cumbre de Davos, Javier Milei y Donald Trump exhibieron el rostro más crudo de la ofensiva reaccionaria a escala global. Tanto uno como otro utilizaron Davos para proyectar una imagen de fortaleza que, según el Secretario de Relaciones Internacionales del PC, Marcelo Rodríguez, choca con la realidad. “Ambos discursos buscaron mostrar gobernantes exitosos, pero lo que dejaron al descubierto fueron las profundas contradicciones del capitalismo contemporáneo, el retroceso de la hegemonía imperialista ante el avance del multilateralismo, datos falsos y la creciente agresividad de Estados Unidos frente a un mundo que ya no puede controlar como antes”, sostuvo.
“Lo que hace Milei es distorsionar la realidad mediante el uso de datos falsos sobre la situación argentina, con el objetivo de presentarse ante el mundo como un gobernante exitoso, cuando la sociedad conoce de primera mano las consecuencias concretas de las políticas que hoy está padeciendo”. Con esta definición tajante, Marcelo Rodríguez, sintetizó el sentido político de la participación del presidente argentino en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, escenario que este año volvió a reunir a la élite económica global en un clima atravesado por fuertes disputas geopolíticas y una creciente crisis de un orden internacional en descomposición.
El mandatario argentino volvió a utilizar el Foro como plataforma ideológica. En su exposición afirmó que “el capitalismo de libre comercio es el único sistema justo” y sostuvo que “el socialismo suena lindo, pero termina mal”, al tiempo que reiteró su cruzada contra la agenda “woke”, el populismo y lo que denominó “parásitos socialistas”. Como en la edición anterior, Milei insistió en presentar a su gobierno como un caso exitoso, destacando supuestas mejoras en pobreza, inflación y déficit fiscal. Mientras daba su discurso sobre un país de fantasía la Patagonia se prendía fuego con nuevos focos en Chubut, que no pueden terminar de contralarse a partir del recorte y la subejecución presupuestaria de partidas, áreas y programas nacionales destinados a prevenir y combatir incendios.
Para Rodríguez, el relato mileísta carece de sustento empírico. “Continúa utilizando datos falsos y mintiendo: llegó a afirmar que había bajado la pobreza del 57 al 27 por ciento”, señaló, y agregó que la baja de la inflación que exhibe el gobierno “no se manifiesta en la vida cotidiana, donde el aumento de los servicios, del transporte y de los alimentos continúa siendo un grave problema para la sociedad argentina”. Desde Davos, Milei volvió además a profundizar su alineamiento internacional con los Estados Unidos, reforzando sus ataques al socialismo y a Venezuela, a la que calificó como ejemplo de los “daños aberrantes” provocados por ese sistema. Para Rodríguez, esta postura no es meramente discursiva: “promueve todo tipo de desregulación y la no injerencia del Estado en ninguna política económica o social, orientación que en la Argentina tiene consecuencias concretas: aumento de la pobreza y la desocupación, industricidio y entrega absoluta de nuestra soberanía y de nuestros recursos naturales”.
El presidente argentino también destacó el rol del Ministerio de Desregulación conducido por Federico Sturzenegger —al que denominó “Ministerio de los Rendimientos Crecientes”— y el de Capital Humano, encabezado por Sandra Pettovello. En ese marco, reivindicó las más de trece mil reformas estructurales que dice haber impulsado hasta el momento en su gestión y defendió la trillada frase de la derecha de “enseñar a pescar” a los sectores populares en lugar de “regalarles pescado”. Para el dirigente comunista, detrás de esa retórica se esconde una política de ajuste profundo: “Lo que intenta es darle una pátina de seriedad y academicismo a una postura que, en la práctica, para la Argentina solo representa un ajuste feroz, represión para quienes intentan enfrentarlo —como ocurre cada miércoles con los jubilados— y el saqueo de nuestros bienes naturales”.
El espejo estadounidense
El discurso de Milei se produjo luego de la intervención de Donald Trump, quien regresó al Foro de Davos con un tono marcadamente confrontativo. El presidente estadounidense combinó anuncios geopolíticos de alto impacto con amenazas comerciales y declaraciones contradictorias, especialmente en torno a su pretensión de controlar —mediante la fuerza militar o el chantaje político-económico— Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa y pieza estratégica clave en la disputa por el Ártico. Al respecto, Trump afirmó haber alcanzado un “marco para un futuro acuerdo” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y aseguró que dicho entendimiento le otorga a Estados Unidos “todo” lo que necesita. Consultado sobre si ello incluía la propiedad de Groenlandia, respondió sin rodeos: “Es un acuerdo a largo plazo, infinito, durará para siempre”.
Aunque desde el estrado aseguró que no utilizaría la fuerza para apropiarse de este territorio, dejó una advertencia explícita a Europa: “Tienen dos opciones. O aceptan, y estaremos agradecidos. O se niegan, y lo recordaremos”.
Para el Secretario de RRII del PCA, el discurso de Trump también estuvo atravesado por una fuerte operación de construcción simbólica. “Buscó mostrar los supuestos éxitos de su gestión, pero ese relato no se corresponde con la realidad”, afirmó, y remarcó que las políticas del republicano “están favoreciendo fundamentalmente a los sectores de alta tecnología, financieros y militares, mientras la sociedad estadounidense atraviesa serios problemas económicos y sociales”.
Rodríguez subrayó además el carácter autoritario del actual gobierno estadounidense. “La cacería permanente contra migrantes e inmigrantes, los asesinatos y la represión extremadamente violenta muestran con claridad el rumbo que ha tomado Estados Unidos”, sostuvo. Más allá de los gestos grandilocuentes de Trump, el análisis del dirigente comunista apuntó a un fenómeno estructural: el debilitamiento de la hegemonía estadounidense en un mundo cada vez más multipolar. “La estrategia de Washington ya no responde a la de un imperio en expansión, sino a la de un imperio a la defensiva, que observa cómo su influencia se debilita en distintas regiones del mundo”, explicó. En ese marco, las pretensiones sobre Groenlandia, Canadá y el Ártico adquieren una dimensión estratégica central. “Uno de esos espacios clave es el Ártico, así como la intención de instalar una base militar de submarinos nucleares en Tierra del Fuego, concesión que Milei le está otorgando a los Estados Unidos”, advirtió Rodríguez.
El Foro de Davos 2026 dejó en evidencia estas tensiones. Mientras Trump profundizaba su retórica expansionista, el primer ministro canadiense Mark Carney recibió una ovación al afirmar que “el antiguo orden mundial basado en normas ya no existe”, y al llamar a las potencias intermedias a actuar de manera conjunta para no quedar subordinadas a los grandes poderes. En la misma línea crítica, el presidente francés Emmanuel Macron alertó sobre el avance hacia “un mundo sin reglas, donde la ley internacional es pisoteada”.
Milei y Trump: una alianza política e ideológica
El alineamiento entre ambos presidentes quedó explícito en Davos. Milei firmó su adhesión a la denominada Junta por la Paz, una iniciativa impulsada por Trump como organismo paralelo a la ONU. Para Rodríguez, se trata de una señal alarmante: “Es un nuevo intento de paralelizar instituciones internacionales, utilizado por Trump para impulsar mecanismos alternativos que no persiguen otro objetivo que facilitar sus negocios inmobiliarios en la Franja de Gaza”.
La iniciativa, que exige aportes millonarios a sus integrantes, “expone con claridad los vínculos entre política exterior, negocios privados y capital financiero”, señaló el dirigente comunista, y agregó que este alineamiento profundiza la pérdida de autonomía argentina en el escenario internacional. En síntesis, tanto Milei como Trump utilizaron Davos para proyectar una imagen de fortaleza que, según Rodríguez, choca con la realidad. “Ambos discursos buscaron mostrar gobernantes exitosos, pero lo que dejaron al descubierto fueron las profundas contradicciones del capitalismo contemporáneo, el retroceso de la hegemonía imperialista ante el avance del multilateralismo, datos falsos y la creciente agresividad de Estados Unidos frente a un mundo que ya no puede controlar como antes”, sostuvo.
Para América Latina, concluyó, la lección es clara: “No podemos olvidar el crimen internacional contra Venezuela que incluyó el secuestro del presidente Nicolás Maduro ni la histórica vocación de dominación del imperialismo yanqui ahora potenciada. Davos volvió a mostrar que, detrás del discurso de la libertad y el mercado, lo que se juega es poder, control territorial y subordinación”.