Argentina dio el máximo esfuerzo en la final del mundial pero no alcanzó para ganarle a España, que fue superior futbolísticamente. Sin embargo, el resultado no empaña todo lo hecho por la Scaloneta a lo largo de esta copa, ni los momentos de felicidad que le regaló al pueblo; algo todavía más valioso en un contexto en el que, como dijo Lionel Messi, "la gente no llega a fin de mes y la vive peleando". Los hinchas aguardaban bajo la lluvia en Ezeiza la llegada de parte del plantel después de las masivas muestras de agradecimiento que se replicaron ayer por todo el país.
Al cierre de esta edición parte la Selección Argentina de Fútbol, sin diez de sus jugadores (incluyendo a Lionel Messi entre quienes no viajaban), se encontraba en pleno vuelo de regreso a nuestro país y era aguardada en Ezeiza por una gran cantidad de hinchas que desde temprano y a pesar del frío y la lluvia hacían el aguante con camisetas y banderas albicelestes. “Demostramos que ganar no es lo único que vale” afirmó ayer su entrenador, Lionel Scaloni, en declaraciones a la prensa luego de la derrtota por 1 a 0 contra el equipo español.
El mensaje cobra un significado enorme en medio de una Copa del Mundo donde el lucro capitalista se impuso como en ninguna otra de sus ediciones a lo largo de toda la historia. Con el agregado de que una de sus sedes fue un país como Estados Unidos, núcleo de un sistema que promueve la lógica alienante del “sálvese quien pueda” y asocia el concepto de éxito con el de individualismo, donde el arquetipo de persona exitosa es el de quien más tiene, más gana y más quiere seguir teniendo y ganando. Las “pausas de hidratación” con las que se interrumpía el juego no eran otro cosa que un espacio impuesto para vender. Las publicidades que acapararon la mayor parte de esos “minutos de hidratación” fueron las de marcas de cervezas y de plataformas digitales de apuestas deportivas, que ganaron muchísimos más millones que todos los jugadores sumados que formaron parte de las 48 selecciones participantes.
El circo capitalista del mundial quedó bien sintetizado en la jornada de ayer. Con Tom Cruise, símbolo de la propaganda yanqui de Hollywood, haciendo de maestro de ceremonias, un show en el entretiempo al estilo del Super Bowl del Fútbol Americano y con el genocida de Donald Trump siendo enfocado permanentemente en la transmisión oficial junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y premiando luego a los campeones y los subcampeones.
Un gesto de dignidad fue el del zaguero del seleccionado argentino Cristian “Cuti" Romero, quien al momento de recibir su medalla no le dio la mano a quien encabeza el régimen criminal de los Estados Unidos. Además de creerse el dueño del mundo, por unas semanas Trump se creyó además el dueño del fútbol e impuso condiciones a su antojo a lo largo de este mundial, discriminando y perjudicando a la selección de Irán y revirtiendo fallos de la FIFA, como el que favoreció al seleccionado de su país con la anulación de la suspensión por expulsión de uno de sus jugadores más importantes antes de un partido clave.
Al hablar de gestos de dignidad en el marco de un torneo realizado mientras el planeta se sacude a bombazos y con un genocidio, como el que sufre el pueblo palestino en Gaza, en pleno desarrollo, no podemos olvidarnos de las palabras del director técnico de Egipto, Hossam Hassan, que sostuvo que "si una persona en cualquier parte del mundo no siente empatía por el pueblo palestino, entonces ha perdido parte de su humanidad" y exhibió la bandera palestina en uno de los partidos que ganara su equipo.
Claramente, otro dignísimo y valiente acto fue el que protagonizaron los propios futbolistas de la Scaloneta al mostrar de cara a sus hinchas, luego de ganarle a la selección inglesa, el ya célebre pedazo de sábana blanca con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” pintada con aerosol negro.
La victoria histórica contra Inglaterra quedará por siempre en el recuerdo, tanto o más que las copas levantadas. Esa reivindicación, bandera en mano, de la Causa Malvinas incomodó al gobierno neocolonial de Javier Milei mucho mucho más que el propio accionar de la oposición en el Congreso o de la cúpula burocrática de la CGT a la hora de defender los intereses de las grandes mayorías contra el ajuste y el saqueo.
En los festejos de ayer, pese a haber perdido la final, se seguía cantando en las calles “el que no salta es un inglés” y, en reivindicación a nuestra soberanía sobre las Malvinas y al gesto inolvidable de la Scaloneta, aparecían ya muchas remeras con esa imagen de los futbolistas festejando con el trapo que logró eludir la prohibición de ingresar banderas de nuestras islas al estadio impuesta por la FIFA, Trump, el gobierno pirata y el gobierno cipayo de Milei. Otras de las consignas del pueblo futbolero por estas horas pasa por el pedido a Scaloni para que siga al frente del seleccionado nacional.
El técnico argentino anticipó en la conferencia de prensa tras la derrota en la final, que luego de que termine su contrato en diciembre evaluará si continuará o no al mando de la albiceleste. Scaloni fue elegido en su cargo por César Luis Menotti hace 8 años, cuando nadie apoataba por él. Luego de muchos años sin lograr títulos, la Selección Argentina ganó durante este ciclo dos veces la Copa América, una Finalísima contra el campeón de Europa y la Copa del Mundo.
Pero sobre todas las cosas, con fútbol y garra, conquistó para siempre el corazón de todo un pueblo, que como dijo el capitán de la Selección, Lionel Messi, al dedicarle la victoria contra Inglaterra en semifinales, “no llega a fin de mes y la pelea todos los días”