El Secretario de Estado yanqui y articulador de la derecha regional fue recibido con honores por el presidente Daniel Noboa en Ecuador en el marco de una gira realizada esta semana que también lo llevó a Colombia para reafirmar su apoyo a Abelardo de la Espriella y a Perú, donde hizo lo propio con Keiko Fujimori. A todo esto, el Comando Sur continúa hundiendo lanchas pesqueras en el Pacífico y el Caribe, bajo la afirmación nunca comprobada de estar “combatiendo al narcotráfico”.
El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, estuvo en Ecuador, Colombia y Perú para entrevistarse con los presidentes ultraderechistas de esos países, Daniel Noboa, Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori con el propósito de revisar los avances en la hoja de ruta señalada por el imperialismo yanqui. De esta manera, repasaron lo acordado en la realización de la Cumbre Escudo de las Américas y la Cumbre contra el Terrorismo Político y la Extrema Izquierda, con las que Estados Unidos fortalece el restablecimiento de la Doctrina de Seguridad Nacional en nuestro continente y profundiza la Doctrina Monroe, rebautizada como “Donroe” por Donald Trump.
Como para que Javier Milei ni ningún otro lacayo le vaya a hacer alguna escena de celos, Rubio declaró a poco de pisar suelo ecuatoriano, en su primera escala de esta gira que concluyó ayer jueves en Lima, que “no tenemos mejor aliado en la región”. El canciller del régimen de Trump elogió en su paso por Quito la “política de seguridad” desarrollada por Noboa y en ese sentido anunció que EE.UU. va a suministrarle más recursos materiales y asistencia “en materia de combate al crimen”. En esa dirección anticipó que Washington va a entregar a Ecuador un buque de la Guardia Costera, al que durante los próximos meses “se sumarán cinco embarcaciones interceptoras”.
Hace una semana el Comando Sur de Estados Unidos interceptó y hundió una embarcación pequeña que navegaba en aguas del Pacífico Oriental en lo que fue la segunda operación de este tipo coordinada con el gobierno de Ecuador, mientras que este miércoles repitió el mismo accionar en aguas del Caribe. En ambos casos el Pentágono afirmó como de costumbre, sin presentar prueba alguna, que se trataba de embarcaciones que formaban parte de “una red de narcotráfico”.
Desde el Partido Comunista del Ecuador (PCE) se alertó que “aumentan los bombardeos a embarcaciones cerca de las costas ecuatorianas”, mientras que desde el gobierno de Noboa “dieron carta blanca a la incursión y sobrevuelo de naves norteamericanas sobre nuestro territorio”. Al respecto, el PCE hizo hincapié en la preocupante situación que este escenario plantea, al tiempo que denunció “los falsos positivos y diversos bombardeos yanquis en la provincia de Manabí”.
En tal contexto, recalcó que la visita de Marco Rubio a la región persigue el objetivo “de afianzar la política criminal e imperialista de Washington en nuestras naciones” y puntualizó que esto “se inscribe en un período de amenaza latente contra los pueblos del mundo”, que está atravesado “por el saqueo de nuestros recursos, la militarización de nuestros territorios y la subordinación de nuestros gobiernos a la agenda de Washington”.
También subrayó que se trata de “un emisario de un eje genocida que hoy se ensaña contra Venezuela y sostiene una agresión permanente contra el pueblo de Cuba”, que arribó a Ecuador “bajo el pretexto de la ‘lucha contra el narcotráfico’”, pero que lo que pretende en realidad no es otra cosa que “imponer una agenda militarista sobre la región y profundizar la guerra de cárteles y la injerencia en todo el continente”.
Por lo tanto, sin dudarlo, el PCE expresó su “indignación contra el gobierno cipayo de Daniel Noboa y su política entreguista”, porque su administración “ha pactado el reparto de nuestros recursos como minería, espacio aéreo y territorio para la instalación de bases y centros de operaciones militares extranjeras”. De manera que, aseguró el Partido Comunista del Ecuador, el gobierno “ha sido cómplice de la violación de nuestra soberanía, de los ataques contra embarcaciones pesqueras y de la persecución a las comunidades indígenas, cuyas tierras ancestrales el Estado busca arrebatar”.
En su paseo como gendarme por el continente que Washington considera su “patio trasero”, al llegar a Colombia Rubio anticipó la posibilidad de abrir nuevas bases militares estadounidenses en este país y aseguró que el eje principal de la relación bilateral de amistad pasa por “la seguridad”. Mientras que, como prueba de amor, De la Espriella le retribuyó: “no hay un latino en el mundo que no se sienta representado por usted”. En el encuentro sostenido por ambas partes en la ciudad de Barranquilla, según se informó oficialmente desde el Palacio de Nariño, se rubricaron dos “acuerdos de entendimiento” en materia de Energía Nuclear y de Minerales y Tierras Raras.
El Partido Comunista Colombiano (PCC) también se pronunció al respecto de esta supervisión imperial. “La visita del secretario de Estado Rubio es una afrenta a la dignidad del país si se consideran las expresiones de soberbia, intervencionismo, imposición de aranceles, regreso a la fracasada guerra antidrogas y abusos, que pasan por encima de la soberanía y del carácter independiente de la República de Colombia”. Por lo que, en relación al presidente que “ganó” unas elecciones envueltas en denuncias por fraude, sostuvo que “el ilegítimo pretende validar la destrucción de la Constitución, de las libertades públicas, la fragmentación del país, la persecución política, el sometimiento, el armamentismo y la incorporación a la alianza militar Escudo de las Américas, destinada al respaldo incondicional de la política del garrote contra los pueblos hermanos de Nuestra América”.
Como no podía ser de otra forma, el PCC en el Pacto Histórico fue enfático al subrayar que “no es bienvenida la presencia del señor Marco Rubio”. Y concluyó su comunicado advirtiendo que “el pueblo colombiano no olvida y no acepta el vasallaje que la nueva oligarquía del poder le quiere imponer, violentando las instituciones republicanas”, ya que se trata de “un pueblo rebelde, antiimperialista y decidido a construir en plena autodeterminación su destino”.
En un mismo sentido se pronunciaron distintas organizaciones de izquierda del Perú, manifestando en las calles de Lima el repudio a la presencia de Rubio y al gobierno de Keiko, poniendo el acento además en que el actual Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Espá, que trabajó durante quince años en la Embajada de Estados Unidos en su país, es “un topo miserable del imperialismo”. Por su parte, encantada con la llegada de Rubio, la presidenta peruana calificó el encuentro con su patrón del norte como “un paso clave para actuar con mayor firmeza y rapidez ante la criminalidad” y confirmó la adhesión de su gobierno al Escudo de las Américas.
El cinismo de la derecha regional no es nada nuevo, pero en este contexto adverso, donde se multiplican los gobiernos al servicio de los intereses de los Estados Unidos, se vuelve aún más repudiable y así lo hacen saber los pueblos. El discurso del “combate contra el terrorismo y el narcotráfico” alentado por el Secretario de Estado yanqui, un histórico representante de la gusanera terrorista de origen cubano de Miami, quien además no casualmente se ha ganado el apodo de “Narco” Rubio, ya es el colmo de ese cinismo.
Esa consigna tan inverosímil en boca de Keiko; hija, “primera dama” y continuadora política de Alberto Fujimori, quien fuera condenado por crímenes de Terrorismo de Estado y negociados de su gobierno con el narcotráfico, no es menos indignante. Así suena también cuando es pronunciada por De la Espriella y Noboa, quienes precisamente llegaron a sus cargos presidenciales envueltos en múltiples denuncias por vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico.