Desde la Cumbre Escudo de las Américas y su Comando Sur, el Imperio intenta imponer un nuevo diseño de dominio y control político-militar sobre nuestra región ¿Podrá lograrlo? Por Horacio López
Dentro de todas las medidas que la administración Trump tomó este año para afianzar su dominación sobre América Latina, está la llamada “Cumbre Escudo de las Américas” realizada el 7 de marzo en el club de golf propiedad del presidente norteamericano, en Doral, Florida. Allí una docena de presidentes por el lado latinoamericano y los secretarios de Estado, Marco Rubio, de Defensa Pete Hegseth, de Comercio, Howard Lutnick, por el lado yanqui, firmaron el acta de nacimiento de dicha cumbre, acuerdo al que en agosto se sumaron los presidentes de Colombia y Perú, apenas asumidos, para constituir un bloque de catorce virreyes de Trump quienes asumirán, según declarara Pete Hegseth, un mayor reparto de responsabilidades en seguridad, lo que significa combatir el terrorismo enquistado, siempre según Hegseth, en redes asociadas en la región.
Traducido a términos populares, eso significa reprimir toda organización política o social izquierdista, progresista o que luche por los derechos humanos, el medio ambiente, o las reivindicaciones más sentidas de las mayorías populares. También significa erradicar la presencia de China en nuestras naciones y, para disimular esas verdaderas intenciones, agregan en el compromiso luchar contra los Cárteles de las drogas. Obviamente no fueron invitados a ese cónclave Luiz Inácio da Silva de Brasil y Claudia Sheinbaum de México ni tampoco Cuba, Venezuela, Nicaragua y Uruguay.
Los dos brazos de la pinza
Paralelamente y casi en simultáneo, en realidad tres días antes de que se reuniera la Cumbre Escudo de las Américas, se concretó en la sede del Comando Sur el encuentro que dio origen a la llamada Coalición de las Américas contra los Cárteles, conocida por su sigla en inglés como A3C, en el que participaron los ministros de Defensa y Seguridad de los países que integraban el “Escudo”, a los que se sumaron representantes de Bahamas, Belice, Guatemala y Jamaica que no habían firmado lo anterior.
De manera que Estados Unidos diseñó una pinza de dominación y control sobre Nuestra América con dos brazos: uno político, integrado por los presidentes de los países involucrados, y otro armado como Fuerza de Tarea Conjunta para combatir a las llamadas fuerzas terroristas y al narcotráfico.
No perdieron tiempo en implementar los objetivos planteados: Desde el frente político, el Secretario de Estado yanqui Marco Rubio realizó una gira por Colombia, Ecuador y Perú. Por su parte, desde el frente militar se realizó el primer operativo conjunto en el Catatumbo, región limítrofe entre Venezuela y Colombia.
El dominio y control político
En Colombia Rubio elogió a De la Espriella como un aliado decisivo, y logró, además de la ratificación del ingreso al Escudo (recordemos que la creación del mismo se realizó cuando Petro terminaba su mandato) y la instalación de una sede operativa en Medellín para la Coalición. Se concretó el llamado Plan Patriota siglo 21, que incluirá modernizaciones de material militar, despliegue de ciber defensa e inteligencia. Rubio planteó la posibilidad de una base militar conjunta entre ambos países y prometió un crédito de asistencia por mil millones de dólares.
En Ecuador Rubio llamó a ese país como el mejor aliado de Estados Unidos en la región, dejó 45 millones de dólares en cooperación y entregó a las fuerzas armadas ecuatorianas un buque y cinco lanchas interceptoras.
En Perú, el Secretario de Estado fue recibido con los brazos abiertos por parte de la flamante presidenta Fujimori, quien le entregó la Orden del Sol del Perú, y Rubio, como retribución anunció la concreción de cooperación en inteligencia, ciber seguridad y logística y conectividad satelital de Space X, la empresa de Elon Musk.
Al terminar dicha gira hizo publicar en diarios de los tres países visitados un artículo titulado: “Un hemisferio que cumple”, para dejar sentado públicamente que los tres gobiernos habían cumplido muy bien los deberes encargados por Trump y su camarilla. Dejó allí también asentada la preocupación de la Casa Blanca por la presencia de China en dicho hemisferio, señalando el megapuerto de Chancay, terminal de alta capacidad, inteligencia y automatización ubicado en la costa central de Perú, centro logístico del Pacífico Sur que conecta Sudamérica con el continente asiático. China participa con un sesenta por ciento en su operación.
El funcionario estadounidense hizo extensiva su preocupación por los Centros de Datos de Huawei, otra empresa china, que brinda servicios de inteligencia artificial y almacenamiento en doce lugares de la región: 4 Centros en México, 3 en Brasil, 2 en Chile, 2 en Perú y 1 en Argentina.
No le será fácil a los Estados Unidos lograr desmontar toda la infraestructura comercial, industrial, económica, que China ha logrado emprender con beneficios mutuos con los países de Nuestra América. Pero presiona para ello extorsionando con sus conocidas armas.
El dominio militar
El primer operativo terrestre en Colombia de la Coalición de las Américas contra los Cárteles, en el corriente mes de septiembre, en realidad fue contra el Ejército de Liberación Nacional en el Catatumbo, al norte de Santander. Según el diario El Tiempo el Comando Sur dirigió la operación con inteligencia artificial.
En el Ecuador, en el mismo mes, el general Francis Donovan, comandante del Comando Sur, firmó acuerdos con las Jefaturas Militares para realizar operaciones especiales sobre el Pacífico. Sobre este mismo océano y sobre el mar Caribe, el Comando Sur ha retomado su presencia militar marítima y el ataque a lanchas rápidas que supuestamente trasladan droga, sin ningún tipo de prueba que amerite tal masacre. Es el reino de la impunidad.
Con la falsa prioridad de la lucha contra los Cárteles de la droga y la oposición a la injerencia china, el Escudo de las Américas permite que Estados Unidos penetre militarmente en nuestros países, garantizando con ello el dominio necesario para la apropiación de nuestros recursos naturales.
El Escudo extiende sus garras
El 22 de septiembre hubo una nueva reunión cumbre del Escudo, en la que se sumaron Guatemala, Belice, Jamaica y Bahamas. En dicha reunión se consumó la incorporación formal de Chile, Colombia y Perú, países estos dos últimos que físicamente no lo habían hecho por estar en medio de la transición presidencial en el primer encuentro. Hay otras naciones caribeñas que aún no han sido invitadas a incorporarse. Venezuela tampoco figura en la nómina, aunque en los hechos está colaborando ya militarmente con el ejército de EE.UU. en la lucha contra el cártel llamado “Tren de Aragua”.
Hay países que por razones obvias no han sido invitados a participar, como Brasil, México, Uruguay, Nicaragua, Cuba. Pero la Casa Blanca no ceja de acosarlos de diversas maneras. En esta etapa la invasión a Cuba sigue siendo una amenaza latente y cierta, apetecible bocado para el renegado cubano Marco Rubio. Brasil y México están sometidos a todo tipo de provocaciones y también amenazas concretas de injerencias de todo tipo, entre ellas militares y electorales.
Todas estas acciones políticas y militares del Escudo y la Coalición, son generosamente financiadas por el Tesoro estadounidense. Según informaciones periodísticas que han trascendido, Estados Unidos ha gastado en el último periodo de un año, sólo en acciones militares, más de 820 millones de dólares, a lo que hay que sumarle los paquetes de ayuda monetaria ofrecidos a Colombia y Ecuador en la última gira de Rubio.
La nueva colonización
Al igual que en el siglo pasado, la dominación imperialista hoy sobre América Latina tiene objetivos iguales a aquellos. Sólo que el nivel de avance científico y tecnológico, aplicado a lo militar, a la explotación de recursos naturales, a la industria y el comercio de bienes, ha adquirido un nivel superlativo al punto que con herramientas como la inteligencia artificial y otras herramientas altamente sofisticadas se logran hacer extraíbles y rentables producciones que en el pasado no lo eran.
Sumado a ello el declive generalizado de EE.UU. que lo lleva a perder supremacía en muchos rubros ante una potencia como China, o a tener que aceptar la existencia de un bloque como el conformado como BRICS, por sus siglas que definen a las naciones que inicialmente inauguraron ese acuerdo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que entre otras realidades ha instalado el uso de sus monedas propias en sus transacciones, haciendo indirectamente perder valor al dólar, lo que obliga a los yanquis a refugiarse en el mantenimiento bajo se hegemonía del continente americano, aplicando la doctrina “monroista” en una nueva escala.
La competencia con China es feroz en nuestro continente en temas como la inteligencia artificial, energía, tierras raras, minerales críticos, centros de datos, infraestructuras como centros logísticos para el intercambio comercial internacional. El problema es que las imposiciones imperialistas para erradicar la influencia china han llegado tarde, ya que el país asiático no sólo está instalado como socio de los países latinoamericanos en muchos emprendimientos en marcha o a emprenderse, sino que muchos ya están funcionando, haciendo que China sea principal socio de varias naciones americanas.
La aparición de una “ola reaccionaria” de gobiernos de extrema derecha, como analiza Álvaro García Linera, tiende a convertir a esos países “en protectorados coloniales”.
Esa tendencia favorece coyunturalmente al imperialismo yanqui y a las minorías entreguistas de nuestros países que se enriquecen a costa del bienestar de nuestros pueblos, pero la competencia señalada y las propias tradiciones de lucha de nuestros pueblos van mostrando que no les será fácil lograrlo, y que la reversión de ese proceso ya está en marcha.
(*) Horacio López es historiador, investigador y militante del Partido Comunista