Inácio Carvalho, miembro de la Mesa Ejecutiva del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), analizó en el triunfo de Lula en el ballotage: el giro de la campaña, el protagonismo de las juventudes, los desafíos del Congreso. Sobre la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil dijo: “no creo que una fuga como esta se construya en pocas horas”. (*)
La apuesta se había hecho tres semanas antes. “Hace exactamente tres semanas nos aventuramos a tener una certeza”, se recordó al abrir el diálogo con Inácio Carvalho en el programa Informe de Pájaros, en Radio con Aguante, y se celebró que en un mundo de tantas dudas la certeza sea ya “motivo de orgullo propio”.
Era 27 de octubre, el cumpleaños de Luiz Inácio Lula da Silva, que llegaba a los 81 años como presidente reelecto de Brasil. El ballotage había sido el 25.
“Te vamos a llamar el 27 porque vamos a ganar”, le habíamos dicho a Inácio Carvalho en la invitación. Ganaron. Y Carvalho, desde Brasil, llegó a la pantalla con la sonrisa de quien ve cumplida la profecía: “Nosotros en Brasil somos muy felices”.
Lo primero que hizo fue correr el foco de lo nacional. “No es una victoria solamente de Brasil”, insistió. Contó que recibió “muchísimos mensajes” de amigos de Colombia, Argentina, Chile, Uruguay y España, y le puso nombre a esa alegría compartida: es un freno a las pretensiones de Donald Trump de abarcar toda América Latina dentro de su plan de seguridad nacional.
“Brasil es lo que llamamos aquí una piedra en el zapato de Trump y me parece que es una victoria muy poderosa, un golpe muy fuerte a las políticas del escudo de las Américas y a toda la injerencia de Donald Trump”, agregó.
Cómo se dio vuelta una primera vuelta adversa
El dirigente del Partido Comunista do Brasil no le regaló todo el mérito al líder. Reconoció que Lula es “muy importante”, pero sostuvo que el propio Lula corrigió el rumbo entre una vuelta y otra. En la primera, dijo, hubo “una cierta acomodación”: se hablaba de lo hecho en los gobiernos anteriores, pero “la situación del pueblo en Brasil no es fácil” y “hablar solamente de lo que pasó no es suficiente”. Para el ballotage, la campaña pasó a proponer “una perspectiva de un futuro mucho mejor” y “nuevas ideas para Brasil”.
La reconstrucción que hace Carvalho tiene fecha y escena.

Domingo 4 de octubre: el resultado de la primera vuelta dejó a Lula en segundo lugar y “todos nos quedamos muy sorprendidos”.
Lunes 5: estudiantes de la Universidad Federal Fluminense, en Río de Janeiro, hicieron una manifestación “muy grande” que “explotó en todo Brasil”.
Siguió una semana entera de movilizaciones juveniles, “una combinación muy buena de lo que llamamos las calles y las redes”.
En las redes, el cambio fue de lenguaje. En la primera vuelta, explicó, la acción digital había sido “burocrática, formal”, ajena a “la lengua de las redes”. Entonces apareció el diputado André Janones, de Minas Gerais, que creó lo que Carvalho llama “el ejército de Lula”: un canal de WhatsApp que tenía unas 50.000 personas y que creció hasta 10,8 millones. Esos dos factores, sumados a un cambio en la conducción política de la campaña, son para él las tres claves de la remontada.
Hubo además un dato que agranda el triunfo. En la primera vuelta la abstención fue la más grande de la historia: 33 millones de personas no fueron a votar. La movilización en las calles y en las redes la redujo en casi 3 millones de votantes, y esos votos, según Carvalho, favorecieron a Lula. Lo más curioso, señaló, ocurrió en la Amazonia: allí donde Flávio Bolsonaro había tenido más votos, la abstención cayó y Lula creció.
Las juventudes, el trabajo y las mujeres
—Vimos a toda una juventud organizada y desplegada en las calles. ¿Cómo lograron captar la militancia de las juventudes? ¿Y cómo fueron las propuestas hacia las juventudes, el colectivo LGBTIQ+ y las feminidades, teniendo en cuenta que la diputada más votada es una mujer trans, Erika Hilton?
Primero, la juventud que salió a las calles no salió espontáneamente. Las entidades estudiantiles, en especial la Unión Nacional de los Estudiantes, y desde aquí envío un saludo muy caluroso a una chica que se llama Bianca Borges, que por cierto cumple años, lideraron las manifestaciones, junto con otras entidades.
La propuesta fundamental era que los jóvenes en Brasil estaban siendo capturados también por las fuerzas de derecha. Hay un riesgo, porque la estrategia de la derecha es un discurso antisistema, un discurso que se dirige a la juventud. Por eso fue central la acción de los jóvenes.
Y hay una cosa también fundamental que tiene que ver con la diputada Erika Hilton: la perspectiva de la semana de trabajo, lo que llamamos aquí la escala de “6 por 1” (seis días de trabajo por uno de descanso). Ella fue quien presentó un proyecto de enmienda constitucional sobre la jornada laboral. Hay muchos jóvenes afectados por una jornada muy pesada, muy dura. Entonces, la unión de los jóvenes estudiantes con muchos que también trabajan. Esa fue la juventud trabajadora, sí, muchísimos.
También pesaron los temas que afectan directamente a los jóvenes LGBT y a las mujeres, que son muy afectados por las propuestas de la extrema derecha. Y hay algo fundamental: hubo casi una revuelta, una movilización muy grande, por el riesgo de que la derecha asumiera el poder en Brasil. Eso creó una situación de mucho temor en la población.
Se veían personas de distintos sectores, desde la izquierda hasta el centro, con miedo a una vuelta de lo que se vio en Brasil hace poco más de cuatro años con Jair Bolsonaro. La juventud de hoy no conoció a Bolsonaro en el poder, pero lo conoció a través de la campaña de Lula, que mostró a la población lo que es tener un Bolsonaro en la dirección del país. Y la juventud comprendió.
Un Lula que ya gobierna: los desafíos
A Carvalho se le planteó la pregunta que sobrevoló la campaña: si Lula iba a enfrentar un nuevo mandato con el Congreso y muchos gobiernos estatales en contra. Además, algo que había sorprendido el discurso del domingo: Lula no dejó pasar “ni un minuto” para hablar de lo digital, de inteligencia artificial, de regulación de las plataformas, de infraestructura.
No hay muchos antecedentes de un candidato que haya ganado y que se ponga a hablar como si estuviera en campaña todavía.
Carvalho coincidió y fue más lejos: la lectura que hace es que Lula entendió en la segunda vuelta que debe cambiar su gobierno.
—¿Cómo ve el nuevo mandato, con ese Congreso?
Creo que Lula, en el curso de la segunda vuelta, comprendió muy bien que tiene que hacer un cambio en su gobierno. No puede tener un gobierno muy parecido al actual. No es un mal gobierno, pero tiene que hacer cambios muy importantes. Por ejemplo, lo que decías de la inteligencia artificial, de la participación social, de una propuesta en el campo de la economía. Brasil tiene las tasas de interés más altas del mundo.
No es posible. Lula comprende la necesidad de hacer cambios en su próximo gobierno, y en la noche de la elección ya puso estas cuestiones. Tiene una dificultad: hay cosas que propuso en la campaña y que tiene que poner en acción, incluso la nueva jornada laboral, los avances sociales, los cambios para las empresas pequeñas. Hay muchas cosas que tiene que hacer.
—Pero usted dijo que hay un Congreso que no es amigo.
Es un Congreso adverso, sí, pero hay una cosa. Hace pocas horas participé de una reunión de la dirección del partido en la que nuestra líder en el Congreso, la diputada Jandira Feghali, nos informó que hay una articulación para la elección de los próximos presidentes de las cámaras y que ya se forma una alianza muy amplia, que excluye a la extrema derecha.
La elección del Congreso ocurrió en la primera vuelta y la derecha tuvo una votación muy grande, pero la conformación política de las fuerzas se concluye después de la elección del presidente de la República.
La correlación de fuerzas cambia: si es un Bolsonaro presidente, el centro se acomoda de una forma; con Lula, se acomoda de otra.
La fuga de Flávio Bolsonaro y las hipótesis de Inácio Carvalho
El otro tema del día fue la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil. Se lo planteó con cautela, para no hacer un análisis prematuro: un candidato que se va del país un día después de sacar 60 millones de votos deja huérfanos a sus votantes, y también a sus diputados y senadores.
Carvalho señaló dos elementos. El primero: el presidente del Partido Liberal, la fuerza de Flávio, reconoció la elección de Lula. El segundo: Flávio había dicho en un video en las redes que jamás había salido de Brasil, y pocas horas después salió. “Los electores y los parlamentarios que siguen a Flávio Bolsonaro están confusos”, dijo. Y sumó una pregunta política: “¿Cómo lidera su banda política desde Estados Unidos? Es inexplicable”.
Luego avanzó hacia una hipótesis propia, que conviene leer como tal. “Yo no creo que una fuga como esta se construya en pocas horas”, afirmó.
“Una persona con su familia que sale de Brasil de forma clandestina, no se sabe cómo”. Y agregó que circulan informaciones, que no precisó, de que el Departamento de Estado de Estados Unidos habría participado de la operación, “Marco Rubio para ser más preciso”.
Su razonamiento: la derrota “estaba puesta” como posibilidad también para ellos, y por eso la fuga se preparó antes. Y concluyó que muchos seguidores de Flávio pueden estar ahora “muy enojados” con él.
Una victoria “de la conciencia”
En el cierre, se recordó el dato de que nadie en Brasil había dado vuelta una elección después de perder la primera vuelta. Carvalho recogió ese hilo para ensayar su definición.
“La victoria de Lula está en alimentar el sueño de las personas, y también es una reacción de la población brasileña delante de una amenaza de la extrema derecha”, sostuvo. “Es una victoria de la conciencia. Las personas se volvieron conscientes de que necesitaban impedir la victoria de la extrema derecha, la victoria del retroceso”.
Para el dirigente comunista, el triunfo es histórico por dos razones. La primera: el adversario no era solo Flávio. “Era Flávio. Era Trump. Era Meta (Facebook, WhatsApp, Instagram), que tuvieron un papel muy deplorable. Y también el sistema financiero”.
Las fuerzas de Trump y de la extrema derecha, insistió, estaban determinadas a sacar a Lula del poder. La segunda: hacía mucho tiempo que no se veían en Brasil manifestaciones como las de estos días. “Esta victoria es también la victoria de la democracia en el mundo, de los pueblos”, resumió.
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