El cierre de la planta de Fate, que dejó a casi mil trabajadores sin empleo, reavivó el debate sobre la unidad obrero-estudiantil como respuesta al brutal ajuste y al proceso acelerado de desindustrialización que se vive en el país como producto de las políticas implementadas por el gobierno de Javier Milei. El Movimiento Universitario de Izquierda estuvo presente en la fábrica cerrada de esta firma de la industria del neumático para llevarles su solidaridad a los compañeros despedidos.
El cierre de la planta de Fate, ubicada en el partido bonaerense de Pilar, volvió a colocar en el centro de la escena la necesidad de reconstruir la unidad obrero-estudiantil como anclaje concreto frente al ajuste y el industricidio que está llevando a cabo el gobierno de Javier Milei. Cerca de mil trabajadores se encontraron con las puertas cerradas y la notificación de que sus puestos ya no existían, en un contexto de creciente desempleo y caída del poder adquisitivo.
Al cierre de esta edición los trabajadores despedidos de Fate fueron reprimidos por la Policía de la Ciudad, frente a la Secretaría de Trabajo de la Nación. La represión tuvo lugar mientras se manifestaban en el carril autorizado para hacerlo, sin cortar el paso del Metrobús en la avenida Leandro N. Alem, y al mismo tiempo en que la conducción del gremio del neumático mantenía una reunión por este conflicto con representantes del gobierno de Javier Milei. Sin llegar a un acuerdo, se mantiene la conciliación obligatoria hasta el 11 de marzo y la empresa ratifica su postura de no reactivar la producción.
Días atrás, hasta la planta de Pilar se acercaron militantes del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI) y de la Federación Juvenil Comunista de San Martín para llevar su solidaridad a los trabajadores. Entre ellos estuvo Leonel Galateo, consejero del MUI en la UNSAM, quien sostuvo que “no se puede hablar de proyecto de país sin anclarse en la defensa de cada puesto de trabajo y de cada espacio de producción nacional”.
Galateo señaló que “la empresa presiona para pagar indemnizaciones más bajas y desmovilizar el conflicto, mientras sostiene que no retomará la producción”. También advirtió que la competencia con neumáticos importados —que ingresan a precios hasta seis veces menores— no contempla las mismas condiciones laborales ni estándares de seguridad que los que regían en la planta local. “Detrás del discurso de la competitividad hay una política deliberada de vaciamiento de la industria”, afirmó.
El estudiante de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín vinculó el conflicto con el escenario universitario actual. Denunció que la reforma del sistema académico —comparada con el modelo europeo del Plan Bolonia— implica recortes en horas de cursada y un “avance hacia la mercantilización del conocimiento”, con mayor peso de posgrados arancelados. También cuestionó la política de financiamiento acordada entre el gobierno nacional y el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), al considerar que “profundiza el ajuste sobre el sistema científico y educativo”.
La presencia de agrupaciones estudiantiles del conurbano en la puerta de Fate fue leída como un gesto político que retoma una tradición histórica: la articulación entre estudiantes universitarios y clase trabajadora en los períodos más críticos de la lucha social argentina.
En estos momentos, la referencia histórica al Cordobazo cobra una renovada vigencia como símbolo de una alianza capaz de fortalecer la resistencia y modificar la correlación de fuerzas. Desde la Reforma Universitaria de 1918 hasta las grandes jornadas obreras del siglo XX, la unidad obrero-estudiantil ha sido un factor determinante en la disputa por el rumbo del país. Y las condiciones objetivas de la coyuntura abonan el terreno para que esa unidad estratégica vuelva a emerger con fuerza.